Manos que acarician

Un fantasma recorre el mundo: "manos de mujeres que acarician"

Él lo sabía. Desde el principio lo supo. Y hasta el final.

Mi padre contaba que de chiquito-bebé era muy llorón, ¿berrinches?

Una noche con llanto imparable en el dormitorio de los padres, su abuela golpeó la puerta y dijo: "¿Hasta cuándo van a dejar llorando a ese bebé?"

Uno de sus primeros recuerdos infantiles eran las manos arrugadas de esa abuela acariciando sus manos de niño. Luego, en muchas noches de miedo o desconsuelo, esas manos de abuelita o de las "tías solteronas", que eran varias, trajeron calma y confianza a los sobresaltos o momentos de inquietud.

 

Él lo sabía. Valoró y defendió en cada etapa de su vida y en todas las geografías que recorrió su alma, la posición femenina de Cobijo, Refugio, Cuidado, fueguito de hogar y también "manos guerreras", ¿por qué no? Como en el juego de las escondidas, esa mano que hace la "pica" sobre el árbol y el último o la última "Salva a todos".

Por eso recuerdo sus manos en mi hombro o mi brazo, calentitas. O las caricias que con mi mamá se daban y recibían en una reunión, un concierto, una marcha o en casa.

Cuando en las Rondas de las Madres en la Plaza, codo a codo, esas manos se dieron fuerza, levantaron banderas y esperanzas.

Él era feminista de primera hora. Se enamoró de las manos de mi madre tocando el piano. Y de las manos de las campesinas de Guatemala palmeando tortillas, o de las manos de mi nieta jugando al dominó con él....

 

Llegó a los 93 años. Y se murió. Con sus sueños y convicciones intactos. Creo que sintió que el mundo se volvió demasiado obsceno. "Crisis de Civilización" decía él. Pero también trabajaba y cantaba por la Esperanza con mucha Fe. Hasta sus últimos días. ¡Porque veía y alentaba esas manos de mujeres que defienden la vida! Hoy, entre sus cartas y papeles (preciosa pesada herencia), leo los relatos que él recogía en Congresos como el de mujeres de Corea que en Oriente son llevadas de China a Japón, engañadas por trabajo y sometidas a trata y prostitución. Recogía denuncias, luchaba por sus derechos, fotografiaba y predicaba sobre tantas solidarias anónimas íntimas mujeres que se siguen juntando en todos los rincones del planeta en construcción del Buen Vivir.

 

Él ya veía la marea verde. De adolescente fue formado en fogones de campamentos de jóvenes ¡hablando sobre una sexualidad sin mal! Y me lo contaba a mí. De niña, me invitaba (a leer -o me enseñaba) con libros y relatos sobre el Origen de la Vida o como pasaría yo de "niña a señorita"... Era la temprana ESI que él vivió y nos trasmitió. Inquieto, curioso, incisivo, todo lo preguntó y lo quiso saber.

Lo recuerdo remontando con sus manos barriletes por la Paz en el Monumento a la Bandera, o bailando una ronda biodancera, tomado de manos de mujeres a sus 90 años, en mi titulación. ¿Hasta cuándo vamos a dejar llorando este mundo?

 

Por eso, ahorita que se cumplen 3 años de su partida ( física), recuerdo las caricias de sus manos en los últimos días y sus palabras de aliento siempre para no bajar los brazos nunca.

En estos tiempos de tanto batallar, seguimos su lucha. Se van definiendo (no sólo por elecciones, sobre todo por muchas más acciones) los destinos del Pueblo, de la Patria Grande y del Otro Mundo Posible Urgente Necesario por el que mi papá trabajó. Está naciendo en el entremanos de tantas mujeres una trama con hebras de Libertad Memoria Justicia.

 

Él lo sabía. Respiraba Amor Paz Esperanza. ¡Y nos dejó su Aliento!

*El 6 de junio se cumplieron tres años de la muerte de Federico Pagura, obispo metodista y referente de la lucha por los derechos humanos.

 

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