El falso argumento de una economía “saneada”

Ante el evidente fracaso en términos de resultados macroeconómicos, el gobierno eligió un giro discursivo de cara a las elecciones, buscando instalar la idea de que en estos cuatro años se “saneó la macroeconomía” y se “sentaron bases para crecer con fundamentos más sólidos en los próximos años”. Un breve repaso de la situación económica y los principales indicadores demuestra que esta afirmación es falsa.

Para empezar, es evidente que una economía que tuvo que recurrir al préstamo más importante de la historia del FMI y recalibrar el programa y las políticas cambiarias/monetarias numerosas veces en corto tiempo no luce muy saneada, sino todo lo contrario. Más allá de esto, es claro que la economía que se viene deberá enfrentar grandes desafíos para retomar la senda del crecimiento. Y esto se debe, principalmente, a la política económica implementada por la actual gestión.

El veloz y enorme incremento de la deuda externa es un punto clave de la crisis actual y, sobre todo, de los condicionamientos a futuro. Todos los indicadores que miden de alguna manera la vulnerabilidad de la economía ponen en evidencian la reducción del margen de acción hacia adelante. En tres años la deuda externa se duplicó y las obligaciones en moneda extranjera representan el 76 por ciento del total de la deuda. El elevado peso de los vencimientos de capital e intereses de los próximos años es uno de los grandes desafíos que deberá afrontar la próxima administración. Así, la deuda externa vuelve a ser el principal limitante al crecimiento. Una historia conocida para la Argentina.

Por otra parte, el gobierno alega que dejará una macroeconomía más ordenada desde el punto de vista fiscal. Otra afirmación incorrecta. Casi la totalidad del ajuste en las partidas del gasto primario está siendo compensado por el aumento de los intereses, ya que luego de la devaluación, la participación de los mismos se duplicó (rondaría el 4 por ciento del PBI en 2019), quitando espacio al resto de los gastos. De hecho, el déficit fiscal de este año, sumando intereses, cerrará en un nivel muy similar al de 2015, aunque con un grave cambio de composición: mayor erogación en el pago de deuda y menor en gastos corrientes (obra pública e infraestructura, ciencia y tecnología, subsidios, gasto social, entre otros). 

El gobierno también señala, mostrando los resultados positivos del balance comercial, que se avanzó en la mejora de las cuentas externas. Sin embargo, el superávit comercial no responde a cambios estructurales positivos, sino al desplome de las importaciones, cuyo valor cayó un 29 por ciento durante los primeros cuatro meses de 2019, como consecuencia de la fuerte recesión que atraviesa la economía.

En contrapartida, la capacidad exportadora no muestra mejoría: el promedio de exportaciones de los tres años de gestión tanto en cantidades como en valores apenas superó el valor de exportaciones de 2015 (pasó de 56.784 millones de dólares en 2015 a un promedio de 59.384 millones en 2016-2018). Incluso con una devaluación cercana al 100 por ciento en el último año, las exportaciones caen un 1,2 por ciento, y eso que incorporan la fuerte recuperación de las ventas al exterior de granos luego de la sequía de la campaña 2017/2018.

En tanto, el déficit de cuenta corriente cerraría el 2019 en torno al 2,5 por ciento del PBI (debido mayormente al peso de los intereses), no muy lejos del 2,7 por ciento de 2015. Por ende, tampoco hay “saneamiento” alguno en cuanto a la posición externa. 

En materia de precios, sin lugar a dudas, no hay “bases más sólidas”, sino un fuerte retroceso. Es difícil sostener que se entrega una macroeconomía con mejores fundamentals, como afirma el gobierno, cuando la inflación alcanza los máximos niveles en tres décadas promediando 4 por ciento mensual en los últimos doce meses.

En síntesis, es falso que el Gobierno legará una macroeconomía más saneada. Esto sin considerar los elevadísimos costos que ocasionan la disminución de la producción junto al aumento del desempleo observados en estos tres años. En efecto, esta pérdida de capacidades productivas, junto con la imprudente política de endeudamiento externo que llevó adelante la actual gestión,  imponen restricciones no menores al crecimiento y desarrollo futuro.

* Directora de Radar Consultora.

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