¡Feliz día A los padres! Entrevista Al diseñador Martín Churba; su marido, Mauro Bernardini, y su hijo Alexis.
Las familias no nacen: se hacen
Una de las herramientas más poderosas de la cultura y la comunidad lgbti es el poder de armar lazos como redes múltiples y expandidas, que hacen estallar la familia nuclear. Gran parte de esta cosmovisión amorosa está presente en la historia del diseñador Martín Churba, su marido, el arquitecto y artista Mauro Bernardini, y su hijo Alexis, de nueve años. Una historia en la que no tuvo nada que ver la biología, ni el visto bueno de la ley, ni ningún vientre, cuya dueña después de cumplir su misión se supone que debe desaparecer del mapa. Aquí hablan de formas de la paternidad que nada tienen que ver con la propiedad de lxs hijxs, sino con la posibilidad de que estxs también puedan elegir a sus padres.
Imagen: Sebastián Freire

“Me encanta que Alexis juegue con juguetes. Me frustra un poco que la sociedad considere que eso es para chicos más chicos. Él tira todo en el piso y ése es su territorio. ¿Sabés qué? Antes de catalizar el vínculo, él hacía algo psicomágico. Venía a esta casa, iba al cuarto que todavía no sabía que iba a ser de él y decía ‘Hola, buen día. Me pongo la mochila, me voy al colegio’. Después bajaba, se sacaba la mochila y decía ‘Llegué del colegio. Vuelvo a casa. Estudio. Me lavo los dientes’. Iba y venía. Iba y venía. Yo le decía a Mauro: ‘Está haciendo la rutina que tal vez va a tener acá’”. 

   Es sábado a la tarde en la casa del diseñador Martín Churba y su esposo, el arquitecto y artista Mauro Bernardini. Al almuerzo al sol y la charla en el jardín le siguió la llegada de la madre de Martín con juguetes para su nieto y la visita, budín en mano, de un matrimonio amigo. Desde hace diecinueve años, los anfitriones son novios. Desde hace ocho, esposos. Desde hace seis, padres y sadres. Ni pluri, ni mono, ni homo: a Alexis, que hoy tiene 9, las parentalidades le llegaron sin sustitución y por decisión de todos. No hay que citar vientres. No hay mediación alguna de la biología: para él, hubo dos hogares de guarda y mientras tanto una madre cada vez más dispuesta a serlo. Hubo y habrá un padre que falleció y dos que aparecieron un poco más tarde. Hay cuatro perros y un par de anteojos. Un combate útil. Un tratado sobre el amor. 

“Creo que si alguien se entera cómo es ser padre así, cambiaría por lo menos la ambición del modelo de familia”, dice a sus 48 el responsable de la marca Tramando, mientras regula las conductas de Manso, el salchicha marrón. Mauro le pide que no mezcle tanto las cosas y cuente la historia. Pero Churba va, viene, vuelve y siente. Sentido. Todo tiene y todo es porque todo se sintió. 

Mauro Bernardini: Nosotros llegamos a esta casa en 2011 y estábamos juntos desde el 2000. Nos enamoramos de este lugar, que tiene un cuarto con una luz muy linda a la mañana. Acá nos casamos, en este mismo jardín, y dijimos: “En este cuarto, con esta luz, va a vivir nuestro hijo”. Nos casamos con la idea de adoptar… 

Martín Churba: Estábamos en la plaza la noche de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. Yo sentí una emoción muy fuerte. ¿Viste cuando tu corazón y tu emoción vibran al son de tu patria? Algo que no me había pasado nunca. Un poco me pasó cuando ganó Néstor [Kirchner], que escuché su discurso y lloraba. Pero cuando esa vez nos quedamos hasta las cinco de la mañana ahí, cuando surgió esa posibilidad de que el Estado cambiara nuestra vida, sentí un poder inédito, inusitado. Tenemos fotos. Era como si nos estuvieran diciendo que sí a la vida que nos proponíamos, una cosa así. 

¿Sentías que había aspectos de tu vida que no eran posibles?

M.C.: No sólo no eran posibles sino que estaban prohibidos. Hasta esa ley vos eras juzgado por tu conducta. Imaginate la capacidad del Estado, el cambio. Ahí uno toma conciencia de cómo los poderes pueden hacer que la gente se sienta en paz.

En ese momento aún no conocían a Alexis…

M.B.: No. Nos casamos acá y llovió mucho. Vino toda la familia. Nosotros tenemos una familia que siempre estuvo muy cerca nuestro. Eso también nos dio siempre mucha seguridad…

¿No tuvieron problemas con sus padres, por ejemplo, a la hora de salir del closet?

M. B.: Bueno, no. Éramos más chicos. Yo me animé a hablar de mi sexualidad con mi mamá cuando lo conocí a Martín, a mis 28 años. Me sentí enamorado por primera vez y ahí hablé con ella, que empezó a acercarse a cocinarnos… como que no sabía cómo acercarse. 

¿Se fueron a vivir juntos no bien se conocieron?

M.B.: Apenas nos conocimos sí. Siempre tuvimos una convivencia muy fácil, eso ayudó un montón. Y las familias cerca también ayudan. La contención familiar. 

¿Cómo funciona eso? Porque lo marcás mucho… 

M.B.: Los lazos, los encuentros. En los momentos en los que tuvimos crisis o situaciones en las que no estás bien, la familia está presente y te acompaña. Mi familia es mi mamá y mis dos hermanos. Mi papá murió cuando yo tenía 11. Y en la familia de Martín son treinta, muchos. Es una familia muy linda y muy grande. En un momento, en 2012, Yanina y Pablo, los vecinos de esta casa, nos invitan a comer un asado. Nos dicen “Vegan que vienen unos amigos y viene Juan Carr (de Red Solidaria), que quiere encontrarse con Martín”. Esa semana Martín y yo nos habíamos peleado por alguna boludez. Y yo le había dicho a Martín “¿Para qué nos casamos? Somos dos pajeros, ninguno puede hacer nada”…

¿Por qué veías eso? 

M.B.: Porque no habíamos activado para hacer el trámite de adopción…

MC: Habíamos ido a averiguar. Nos dijeron que nos teníamos que inscribir en el Ruaga (Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines Adoptivos) y no presentamos nunca la carpeta…

M.B.: Claro, no activamos nunca esa historia. Y Martín, que tiene una cabeza un poco más abierta (yo soy un poco más terrenal) me dice “Mirá Mau: yo siento que un día se va a abrir esa puerta y va a entrar un nene caminando y ése va a ser nuestro hijo”. 

¿Eso fue algo que sentiste, Martín?

M.C.: Yo tenía una intuición…

M.B.: Y bueno, esto fue en 2012. A la semana o a los diez días de esa conversación, vamos a comer el asado a lo de nuestros vecinos y entre las quince, veinte personas que estaban, estaba Alexis…

M.C.: Cuando a mí antes me habían dicho el nombre del nene que iba a venir, me dicen “Va a venir Alexis”. Yo le quería poner Alexis a mi hijo, que es un nombre raro. Me cuentan que era un nene que no tenía padres. Y yo dije “Es él”. 

Tus vecinos te dicen eso, “Va a venir un nene que no tiene padres y que se llama Alexis”…

M.C.: Sí, pero…

¿Es más complejo?

M.C.: Ni siquiera más complejo. Tiene mucha anécdota. A mí en octubre, noviembre de 2012 me empezaron a pasar cosas en relación a la paternidad. Por ejemplo, un bebé en el local de Tramando. La madre llega y se va a ver ropa a una feria de descuentos que yo hago arriba. Se llena de mujeres. Yo me agarré a ese bebé que estaba con la abuela. Me enamoro de ese bebé, siento que él se enamora de mí y ciento cincuenta mujeres pasan al lado mío y me dicen “¡Qué bien que te queda! ¿Vas a encargar? ¿Sos papá? ¿Es tuyo?” Imaginate, cien comentarios que hablan de tu paternar. Eso más otras situaciones que fueron igual de potentes, simultáneas y concatenadas. La charla TED de Marta Dillon, “Paternar y mantener la nueva familia”, que la vimos juntos y por la cual nos dimos cuenta que no era lo que estábamos buscando… 

¿Ustedes qué buscaban?

M.C.: Nosotros estábamos buscando tener un hijo. Tener. Y a partir de ese TED nos damos cuenta de que no queríamos tener, queríamos paternar. ¿Y quién lo tiene? Quien pueda, como sea. Esas enunciaciones son tan poderosas que yo creo que cuando visualizamos lo que queríamos y lo dijimos, en ese asado en el que conocimos a Sandy y a Alexis, a mí me “baja el suceso”. El día que iba a conocer a mi hijo estuve sintiendo que era “el día que vas a conocer a tu hijo”. No era cualquier día. Meditaba en el living, escuchaba los sonidos del barrio y pensaba “¿Ése será el auto en el que está viniendo mi hijo?”. Fue muy curioso todo. Cuando lo conocí a Alexis lo sentí. Y cuando vi que Mauro y él era como que se habían enamorado y al toque se habían ido a jugar juntos dije “Sí”. Esa noche, cuando nos vamos a dormir, yo lo abrazo a Mauro y le digo “Estoy muy feliz porque siento que es ÉL”. Y Mauro me dice: “No, mi amor, no es él”. Yo me separo y le digo “¿Por qué?”. “Porque hablé con Sandy y me explicó que Alexis ya tiene un destino. Hay una familia que lo va a adoptar”. Y a mí me pasó algo fisiológico, me quedé sin voz por dos días. Sentí una puntada en la garganta. Era la angustia. Ya me había pasado lo mismo cuando quisimos comprar esta casa para formar una familia y en un momento parecía que ya estaba reservada. Cuando fue lo de Alexis esa misma puntada fue tan fuerte que me lastimó la garganta. Le decía a mis amigos, sin voz: “Me decepcioné. Sentí que era mi hijo”. Empecé a preguntar por Alexis durante un mes y medio. Le preguntaba a Yamila y a Pablo, nuestros vecinos. Hasta que me olvidé. Y un día, el 25 de mayo de 2013, muere el padre de una amiga y voy al sepelio. No era un hombre común el que murió. Vinieron todos los rabinos de Buenos Aires a velarlo. Era un señor bastante rico y poderoso en el mundo judío. Yo me puse al lado de mi amiga, que se llama Valery y vive en París y me pasó algo reloco. 

¿En el velorio?

M.C.: Sí. Le dije mientras enterraban a su padre: “Tu papá me acaba de hacer un regalo”. Sentí una epifanía. Su hija, que es como muy madrina nuestra, vino a casa después del sepelio y nos preguntó: “¿Y ustedes quieren ser padres?”. Era como si nosotros nos hubiéramos olvidado ya porque había sido un dolor también haber estado tan cerca de un sueño de cristal, un juego de naipes. “No, después de lo de Alexis no hicimos más nada”. Y ella nos pregunta quién es Alexis. Se lo contamos y nos damos cuenta de que nunca lo habíamos contado. 

Sebastián Freire

Claro, porque sólo esa vez habían visto a Alexis…

M.C.: Sí, esa sola vez, que fue suficiente. En ese momento a Sandy no la conocíamos y cuando la vemos en la casa de acá al lado, ella había enviudado hacía cinco meses de un tipo como nosotros, de cuarenta y tantos. Su esposo había ido a jugar al squash y la llamaron para avisarle que se había muerto en la cancha. Y de eso también hay una anécdota. Cinco meses antes de ese asado, Pablo, nuestro vecino, había salido de su casa una medianoche porque lo llamaron para avisarle que Juan se había muerto. Nosotros dos nos miramos y dijimos “Algo pasó”. Estábamos acá, mirando Tinelli y escuchamos el portón de al lado. Yo le digo “¡Qué raro, a esta hora!”. A la mañana siguiente me pasa a buscar una chica que trabajaba conmigo a la que justo llaman y le empiezan a contar esto mismo, que se había muerto Juan. Ella me dice “Se murió el socio de tu vecino Pablo”. “Con razón anoche salió tarde”, le digo. Imaginate entonces que yo, cinco, casi seis meses después de la muerte de su marido conozco a Sandy y me entero bien de la historia. Ahí me doy cuenta de que todos estábamos conectados. 

“Estos son los malos y éstos son los héroes” dice Alexis. “Menos mal que tenemos los héroes ahora” responde su abuela, dispuesta a jugar. “No hay nada que me guste más que juntar a todos en las mesas triangulares éstas que diseña Mauricio” dice la madre de Martín, y se tira al piso. Es la hora del café y Churba no para: 

“Sandy y Juan tuvieron dos hijas gemelas que hoy tienen 21. Ella es psicopedagoga y visitaba mucho un hogar, a la vuelta de su casa, para el que donaba algunas horas de su trabajo. Muy San Isidro, muy La Horqueta todo… Sandy dice que nunca había conocido a una persona gay…

¿Nunca había visto un puto en su vida?

M.C.: Dice que no. Ahora se sienta al lado mío y me da un pico. Imaginate lo que es para una persona que enviuda que te regalen la relación de dos gays que son, somos muy intensos. Le cambiamos los colores de su vida en relación a los temas de los que hablamos, lo que compartimos, lo que le damos a Alexis. Fue como ganar o ganar. Todos ganamos.

¿Pero cómo llegaron finalmente a paternar con Alexis?

M.C.: Bueno, mi amiga Valery después de despedir a su padre nos mira y nos dice “Es él entonces. Es Alexis. Búsquenlo”. 

¿Qué era buscarlo en este caso?

M.C.: Una llamada telefónica, porque el día del famoso asado, al terminar, Mauro y yo le habíamos pedido a nuestra vecina Yamila el teléfono de Sandy y le habíamos mandado un mensaje en el que le decíamos: “Sandy: quedamos muy impactados de conocerlos a Alexis y a vos. De verdad. Queremos ofrecerte ayuda para cuando él esté en el hogar o lo que sea que necesites. Un beso”. No nos contentó. 

Hasta ese momento, Sandy funcionaba como hogar de tránsito y familia de apoyo, no como madre adoptiva. Esto es: quienes se inscriben para poder retirar niños durante el fin de semana e interrumpir así la serie monótona de los días en los hogares, marcados por un “de lunes a lunes” sin distinción. Esa similitud casi total de las jornadas resulta muy perturbadora para los niños; pone a prueba la paciencia, los deseos y como define Martín Churba, “la avidez de mundo”: “Que los días no te traigan nada, ningún cambio, es muy doloroso”. Sandy era entonces la ‘familia de apoyo’, figura de la ley de adopción que busca posibilitar que los chicos en situación de adoptabilidad atraviesen la experiencia de habitar una familia, aunque sea dos veces por semana. 

“Ella, a los 9 meses de vida de Alexis, lo empezó a buscar los viernes y lo devolvía los lunes. Ahí Sandy y Juan son cautivados por Alexis. Pero como cuando vos firmás el acuerdo de familia de apoyo firmás un pacto de no adopción para evitar el tráfico de personas (vos no podés elegir a quién adoptar, decide el Estado) entonces a los dos años de vida separan a Alexis y lo mandan a otro hogar en Florencio Varela. A Juan, Alexis había llegado a decirle “Papá” la semana previa a su muerte. Y si vos le preguntás hoy por sus papás, él te habla también de Juan. Juan era Juan Hayd, que junto a Juan Carr y a Pablo Pavik, nuestro vecino, crearon Red Solidaria”. 

No obstante Sandy nunca les había respondido… era un riesgo salir a buscar a Alexis…

M.C.: Sí. Pero la llamamos al día siguiente. Y nos atiende. Le preguntamos qué pasó con Alexis: “Nada” dice “está todo igual”. “¿No lo adoptó esa familia?” “No” y se pone a llorar. “No sé qué hacer. No sé si lo voy a poder adoptar yo porque siento mucha responsabilidad”. La invitamos a casa. Vino y lloraba todo el tiempo. Alexis ya le decía mamá. A partir de ese día, desde hace 6 años, estamos juntos. Nosotros le dijimos “Vamos a salvar a Alexis con vos. Vamos a hacer que él sea tu hijo”. Empezamos “undercover”. La llevamos a ver a un abogado especialista y la guarda permanente salió en septiembre de 2013. En poco tiempo, pero con psicólogos en la casa de Sandy durante muchos días. Fue como absorber todo y decir “Vamos a parirlo”. Y lo parimos los tres. Hasta ese momento Alexis seguía en el hogar, llorando cada lunes por tener que quedarse. Tenía 3 años. El día en el que el juez le da a Sandy la guarda permanente, ese fue el día D. Entraron todos a la audiencia menos Mauro y yo, porque no éramos nadie ante la ley. Sale una secretaria y llama a la “Familia de…”.  Nos estaban llamando a nosotros también y el juez me dice “Vos sos el diseñador. Mi mujer te admira mucho. Quiero decirles que yo sé que ustedes la ayudan mucho a Sandy. Les quiero agradecer y los quiero invitar a que vengan a la declaración. Alexis bajó del regazo de Sandy, corrió a nosotros y nos dio un abrazo. En el informe el juez escribe que Mauro y Martín, padrinos del niño, hacen de padres. Nunca buscamos la triple filiación, pero podríamos hacerlo. 

¿Piensan hacerlo?

M.C.: Hay que apelar para la triple filiación, porque acá no hay biología. Somos tres padres de hecho.

Mauro saca la pasta frola y les recuerda a su esposo y a su hijo que es día de lavar la pecera. “En esta casa toda pasa en la cocina” dice Martín. “La paternidad me cambió el biorritmo. Una de las cosas más lindas que me pasaron con Alexis es que cuando empezó a lavarse los dientes yo le daba el agua para el buche con la mano y sentía una emoción especial. En esos momentos aparecía la oportunidad de ser papá pájaro. “To feed”, como aprendí en inglés. Eso de dar y de recibir”. l

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