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ESPECIES EN EXTINCION

Por Roberto Navarro

Por lo menos diez sectores industriales están en vías de extinción o ya desaparecieron. En el país ya no se fabrican motores para heladeras. Tampoco se producen más sistemas de frenos ni llantas para autos. Y se están por dejar de producir motores. Sólo el 12 por ciento de los juguetes son nacionales. Luego de una década de apertura, cientos de industrias sucumbieron ante la competencia de productos importados. Si bien la recesión de los últimos meses frenó el flujo total de importaciones, la devaluación brasileña generó un aumento superior al 200 por ciento de las compras al país vecino en ciertos sectores, como calzado y autopartes. La respuesta de los empresarios será una campaña, organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA), para incentivar a los consumidores a que compren productos nacionales. La fuerte caída del mercado interno obligó a los popes de la industria a tomar una decisión que marca un giro respecto de su política de los últimos años, en los que pregonaron la apertura y desregulación de los mercados.

Cada vez que un consumidor compra un producto extranjero está generando empleo en el país en el que fue fabricado, en detrimento del trabajo nacional. Osvaldo Rial, presidente de la UIA, señaló a Cash que esperan “convencer a los consumidores de que los productos nacionales tienen un excelente nivel de precio y calidad y que, al comprarlos, se genera trabajo argentino. El 9 de julio lanzaremos la campaña izando la bandera argentina en nuestras empresas”, anunció (ver aparte). El empresario negó que la medida sea una estrategia destinada a competir con los productos brasileños en particular, pero reconoció que la idea surgió luego de que Brasil instrumentara una campaña similar a partir de abril pasado.

El reciente cambio en la metodología de cálculo del Producto Bruto Interno (PBI) instrumentado por el Ministerio de Economía, basándose en los precios de 1993 (antes lo hacía sobre la base de 1986), reveló que la industria perdió 6,1 puntos de participación, quedando reducida a un 19,6 por ciento. El dato indica la mayor inserción de los productos importados en la economía nacional. Pero también grafica el menor valor agregado que genera la industria por unidad de producción al utilizar insumos importados. La participación de los productos industriales importados dentro del consumo interno pasó de un 4 por ciento en 1990 a un 18 por ciento en 1998. Pero hay sectores en los que los productos extranjeros, por distintas razones, se quedaron con el ciento por ciento del mercado, condenando a las empresas productoras nacionales al cierre. Las tres fábricas que hasta hace diez años producían todos los motores de heladeras que se vendían en el país cerraron sus puertas por no poder competir con los motores de origen asiático, que se fabrican con subsidios estatales en insumos y energía y con una mano de obra a un costo de 35 dólares mensuales.

También de China y Taiwan ingresaron las bicicletas que reemplazaron a las nacionales. En pocos años cerraron casi 400 pequeñas empresas que fabricaban rodados y piezas. Cuando en 1994 ingresaron 940 mil bicicletas asiáticas, el 96 por ciento de las que se vendieron en ese año, el Gobierno aceptó instrumentar una medida de salvaguarda (subir los aranceles de importación) para ayudar a las pocas fábricas que quedaban. Pero la medida no abarcó a las piezas. Ahora los rodados entran por partes y los fabricantes se resignaron a la tarea de armadores. Felipe Traquia, gerente de la cámara que agrupa al sector, aseguró a Cash que “la avalancha de importaciones destruyó el 60 por ciento de los diez mil empleos que se generaban”.

En 1989 sólo se vendieron 37 mil pares de calzado importados. En 1998 ingresaron más de 22 millones de pares, la mitad de origen brasileño, y a partir de la devaluación del real las importaciones desde el país vecinose triplicaron. Carlos Bueno, titular de la Cámara del Calzado, explicó a este suplemento que “Brasil subvenciona el 20 por ciento del precio del producto y que el calzado asiático sigue entrando a precios bajísimos, como un par de zapatos a 9 centavos”. “Ya cerraron 1849 pymes que daban trabajo a más de 20 mil personas”, agregó.

Todo producto que se venda en una caja, sachet o tetra, o que simplemente tenga una etiqueta, da trabajo a la industria gráfica. Por lo que la importación de cualquiera de ellos se lo quita. Juan Carlos Saco, presidente de la Federación Gráfica, aseguró a Cash que ya llevan invertidos más de 900 millones de dólares en los últimos años para estar en línea con la tecnología de punta. Pero en ese lapso las empresas nacionales, que en 1990 sólo compraban el 5 por ciento de los insumos gráficos en el exterior, pasaron a importar el 30 por ciento. “Entre las importaciones directas y las que vienen con los productos superan el 50 por ciento del consumo. Luego de la devaluación del real, quedamos fuera de precio. Así vamos a desaparecer”, señaló el industrial. Los mismos industriales que solicitan a los consumidores que compren productos nacionales importan buena parte de los insumos que utilizan en la fabricación. El caso de la producción de automóviles es paradigmático. Muchos de los vehículos que se venden en el país como nacionales tienen hasta un 80 por ciento de piezas importadas. El promedio de componentes importados que se utilizan para la producción nacional supera el 60 por ciento; la mayoría brasileños. La batalla entre los autopartistas de los dos socios mayores del Mercosur comenzó desde el mismo momento que se pactó la unión regional y empezó a definirse a favor de Brasil con las minidevaluaciones del real del año pasado. A partir de la debacle de la moneda brasileña de enero se disparó la avalancha de piezas que inundó el mercado nacional. Trece empresas ya levantaron campamento y se fueron a producir a San Pablo. Otras cuarenta están en un proceso similar. Cuando en 1990 Carlos Menem derogó la ley de compre nacional y abrió las puertas de la economía, recibió el apoyo total del empresariado. La importación se potenció con la extranjerización de las empresas nacionales. Economistas especializados en inversión extranjera advierten que las transnacionales prefieren importar sus insumos que generar un encadenamiento productivo en el país. Desde los alfajores Havanna hasta YPF cambiaron de bandera. Con diez meses seguidos de recesión y un mercado interno que no reacciona, los industriales decidieron arriar la bandera de la libertad de mercado e izar la argentina para invitar al pueblo a que compre nacional. Más vale tarde que nunca.


Juguetes

Muchos de los chicos que nacieron en los noventa no conocen los juguetes argentinos. Se entretienen con muñecas chinas, pelotas de fútbol de Taiwán y autitos de la India. Los fabricantes nacionales, que abastecían casi el total del mercado hasta 1989, perdieron la batalla con los asiáticos. “A la subvención social que significan los salarios asiáticos hay que sumarle la subfacturación”, señaló a Cash Miguel Faraoni, titular de la cámara juguetera. Los registros de Aduana contienen ingresos de pelotas a 10 centavos y naipes a 1 centavo. En 1998 los productos importados se quedaron con el 88 por ciento del mercado. A pesar de eso, la Secretaría de Industria rechazó un pedido de salvaguarda por considerar que no se había demostrado daño a la industria nacional. En una década cerraron 140 de las 200 fábricas instaladas.

Motocicletas

De cada tres motos que se venden en el país, dos son importadas. Ya no se fabrica la Pumita ni la famosa Gilera. También cerró Garelli Argentina. La industria que hasta la década pasada abastecía más del 70 por ciento del mercado está por desaparecer. De las 17 empresas que había, quedan 4. “A la importación asiática se sumaron las que entran de Manaos”, explicó a este suplemento José Magioni, gerente de la Cámara de la Motocicleta. Manaos es una ciudad situada en el norte de Brasil que, por ser zona libre de impuestos, no fue aceptada como parte del Mercosur por Uruguay y Paraguay. Pero Argentina le dio el mismo tratamiento arancelario que a todo el pacto regional. Así los productos de ese origen, que no pagan impuestos, compiten con ventaja en el mercado nacional.

Motores

El 30 por ciento del precio de un vehículo y del tiempo de trabajo que lleva producirlo corresponde al motor. En el año 1992 el 97 por ciento de los motores que se utilizaban en la producción de autos argentinos era nacional. En la actualidad, sólo el 30 por ciento, y pronto todos los motores serán brasileños. Cuando eso ocurra, caerán decenas de pequeñas empresas que fabrican las partes de los motores. El jueves pasado suspendió sus actividades la compañía de fundición Corni, que le hacía los blocks para motores a Fiat. Una empresa de más de cincuenta años, que llegó a tener 400 empleados. Según Horacio Larré Oroño, titular de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes, “a la industria le quedan tres posibilidades: convertirse en importadores, mudarse a Brasil o cerrar”.


Osvaldo Rial, presidente de la UIA, defiende el “compre argentino”
“No podemos dejar todo al mercado”

Osvaldo Rial tiene 50 años y una pequeña empresa metalúrgica en Tigre. El 29 de abril pasado asumió el cargo de presidente de la Unión Industrial Argentina. Dice que no quiere estar más de dos años en ese puesto. En entrevista con Cash, disparó una frase que muchos de sus antecesores hubieran considerado una herejía: “No podemos dejar todo librado al mercado”. Su nueva propuesta es invitar a los consumidores a comprar productos argentinos.

-¿En qué consiste el proyecto “Compre argentino”?

-Es una idea que se utiliza en Estados Unidos, Canadá, Francia y desde hace poco en Brasil. Esperamos concientizar a la población de que la producción nacional también es de buen precio y calidad. Es una manera de recuperar la identidad nacional. Pensamos embanderar nuestras empresas el 9 de julio y lanzar una campaña publicitaria con un eslogan que invite a comprar productos argentinos. Todos los envases llevarán una etiqueta, seguramente con los colores nacionales, que identifique nuestros productos.

-¿Es un cambio de línea de la Unión Industrial?

-No creo que sea así. Lo que sí hubo es un cambio en la conducción que se refleja en los diferentes estilos. Nosotros seguimos reivindicando el modelo y la apertura de la economía. Pero tenemos que ser inteligentes. No podemos dejar todo librado al devenir del mercado. Es necesario tener políticas activas en el sector industrial y una administración eficiente en el comercio exterior. Además, la situación cambió. Estamos viviendo la peor crisis de las últimas décadas, con una fuerte caída de la producción nacional, que es reemplazada por productos importados.

-Gran parte de las importaciones corresponde a insumos para la producción industrial. ¿Van a comenzar a comprar productos argentinos también los fabricantes?

-No podemos obligar a nadie, pero vamos a sugerirles a los empresarios que prioricen la compra de insumos argentinos, para generar trabajo y fortalecer el mercado interno. También vamos a exigir que se cumpla la ley que obliga a las empresas de servicios públicos a llamar a licitación en cada compra y, en caso de igualdad de condiciones, elegir lo nacional.

-¿Le van a poner la etiqueta de producto nacional a un vehículo con 80 por ciento de componentes importados?

-Si está armado en el país, sí.