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BUENA MONEDA

Mundo garita

Por Alfredo Zaiat

Los requisitos son tener entre 25 y 45 años, buena presencia, secundaria completa, poseer documento de identidad expedido por Policía Federal, estatura mínima de 1,70 metros -algunos son más exigentes al demandar una altura de 1,80- y disponibilidad para poder cumplir turnos de hasta doce horas. En el rubro 12 de clasificados de Clarín, el miércoles pasado, se publicaron varios avisos requiriendo no menos de cien puestos de vigiladores, la mayoría para trabajar en la zona norte. En un par de anuncios se aclara que se privilegiará en la selección a personal retirado de la Policía y de las Fuerzas Armadas. En una economía en crisis, la seguridad privada es un negocio en auge. En el último año y medio ha tenido un crecimiento explosivo la demanda de aparatos de monitoreo y de alarmas y de hombres con uniforme azul oscuro y gorrita al tono, unos pocos con una funda colgando de la cintura, otros con un simple bastón, y muchos con la única arma intimidatoria de un intercomunicador y un escudo sobre el hombro derecho con la inscripción Search, Prosegur, General Security o Vanguardia.

Supermercados, estaciones de trenes y subtes, industrias, comercios y cada vez más edificios buscan vigiladores. En edificios torre, cercados con gruesas barras, un vigilador bien pago tiene su mundo garita cobrando en promedio 4 pesos por hora. Suma así un salario mensual de 640 pesos, dinero que cobra por persuadir a una legión de excluidos, la que él también integraría si no fuera que es uno de los privilegiados de tener trabajo en un sector en expansión.

En todo el país operan unas 600 empresas de seguridad privada que facturan unos 640 millones de dólares por año. En el rubro vigiladores recaudan alrededor de 380 millones, ocupando a unas 100 mil personas. De acuerdo con la propia cámara que las agrupa, la demanda de sus servicios ha aumentado un 30 por ciento en el último año y medio.

Hace diez años ésa era una actividad sin importancia dentro de la economía argentina. Hoy, luego de una violenta transformación de la estructura productiva, con el saldo de una desocupación y subocupación de cerca del 30 por ciento de la población en condiciones de trabajar, ha pasado a tener una participación relevante en la generación de la riqueza del país.

Así lo dice el Ministerio de Economía en la presentación de la nueva estimación del PBI, recalculado tomando como base la participación relativa de cada uno de los sectores en 1993, en lugar de la anterior de 1986. En concreto, los técnicos de Roque Fernández explican que en la nueva cuenta del Producto “se incorporaron estimaciones directas de numerosas actividades de reciente expansión”, incluyendo el servicio de seguridad privada junto a otros rubros de indudable crecimiento como televisión por cable, telefonía celular, jubilación privada (AFJP), seguros por riesgo de trabajo (ART) y servicios de computación.

Con ese privilegio de pertenecer al lote de favorecidos, las perspectivas para que la seguridad privada siga generando riqueza son alentadoras. Dentro de pocas semanas se conocerá que la desocupación describió un nuevo salto, para ubicarse cerca del 15 por ciento. Porcentaje que sería más alto si varias empresas en crisis hubieran despedido en lugar de suspender personal (por ejemplo, las terminales de autos) y otras tantas no se hubieran contenido a mandar telegramas debido a que no tienen margen para seguir ajustando sus reducidos planteles a no ser que su destino sea bajar la persiana. Y, en ese caso, precipitar la construcción de otro mundo garita.