Por Julio Nudler
No todos los juicios sobre el estado de la economía argentina son lóbregos y deprimentes. También suelen hallarse, por suerte, diagnósticos entusiastas, como el que puede leerse en un reciente artículo de IFR Latin America, que firman dos economistas de nota, Roque Fernández y Pablo Guidotti, que además aprovechan la ocasión para fustigar los desmanejos de la era Cavallo. Por su objetividad y realismo merecen destacarse estos párrafos:
Incluso en un contexto más complejo a nivel internacional (se refieren estos analistas a la crisis iniciada en 1997, con origen en Asia), el desempeño de la economía (argentina) no empeoró. En lugar de ello, mejoró, con un mayor crecimiento, mayores inversiones, más empleo, menor riesgo país, aumento de la competitividad y una mejor posición fiscal.
...Cuando se enfrentan a un escenario de creciente riesgo, los inversores internacionales siguen proveyendo recursos financieros a la Argentina a través de los canales normales...
...La Argentina se embarcará en una nueva década con posibilidades de un crecimiento anual de entre 5 y 6%, y la volatilidad financiera decrecerá en un contexto en el que el país califica para lograr un grado de inversión (investment grade).
El período 1996-1998 se caracterizó por la consolidación y el fortalecimiento de las reformas introducidas en el período previo. (Se demuelen así ciertas críticas, según las cuales quedaron paralizadas las reformas estructurales a partir de 1994.)
...El desempeño de la economía argentina mejora de forma constante. Como resultado de ello, si se mantiene una sólida política económica, los futuros gobiernos tendrán la oportunidad de capitalizar una década de cambios, consolidar un proceso de inversiones y crecimiento sostenido que puede conducir a que la Argentina alcance un PBI per cápita equivalente a dos tercios de lo que alcanzan en los países más ricos (OCDE). (Fernández y Guidotti deberían ofrecer un premio a quienes logren resolver este acertijo.)