Esa quemazón
La crónica novelada de Cynthia Edul puede leerse como un homenaje a su mamá y, por extensión natural, a otras mujeres de su familia.

“A mi madre, por prestarme su historia y su voz en todo momento”. 

Sucede, de vez en cuando, que en los agradecimientos de un libro una encuentra una hipótesis de lectura que guía todo el recorrido por sus páginas. La tierra empezaba a arder. Último regreso a Siria (Lumen) es uno de esos casos. Y comienza con un viaje a Siria que su autora, la escritora, dramaturga y una de las gestoras culturales más lúcidas de nuestra escena teatral emprendió en 2010, poco antes del estallido de la guerra civil. En un recorrido inverso al de los refugiados sirios, que desde entonces huyen en masa del país para proteger sus vidas, Cynthia Edul y su mamá viajan por deseo a su tierra de origen: buscan reencontrarse con sus seres queridxs, pero sobre todo acompañar a la hermana de la madre, la tía de Edul, envuelta en un problema judicial que lleva décadas sin resolverse y que ha dividido a la familia en dos. Este litigio, que con el correr de los capítulos se irá convirtiendo en uno de los nudos del relato, puede contarse de muchas formas, y todos los comienzos posibles ubican en clara desventaja a las mujeres del clan. Comienzo uno: el abuelo de Edul, un empresario de la construcción que ha viajado a “hacerse la América” y logró amasar fortunas en Argentina, vuelve a Siria con la esperanza de que el regreso a casa contribuya con la salud psíquica de su esposa, que ha caído en una gran depresión. En el centro de Damasco, el abuelo construye un edificio de lujo. Acto seguido, diseña su testamento de acuerdo al código de la sharía, que favorece a los hijos varones en la obtención de la herencia. Comienzo dos: Ibrahim, uno de los hijos de empresario y tío de la autora, busca la forma de declarar insana mental a la abuela para excluirla del juicio de sucesión. Comienzo tres: la tía, una mujer de armas tomar, decide iniciar un juicio para obtener lo que considera propio. El Estado sirio contribuirá a estancar el proceso durante años, hasta el tiempo presente del relato. 

Ese viaje y el posterior impulso de convertir sus experiencias en literatura son para Edul distintos medios para alcanzar un mismo fin: entender cómo es y en qué se ha convertido el lugar de origen de su mamá -por el que circula una historia que en definitiva también le pertenece-, hasta qué punto es posible identificarse con una familia conformada por gente de vidas tan distintas a la suya y qué lugar juega la memoria teniendo en cuenta que, poco tiempo después de su visita, Siria será destruida casi por completo. “La Siria que vos conociste ya no existe más”, escuchará Edul de boca de su tía unos meses más tarde, ya de regreso en Buenos Aires. Guiada por ese afán de entender, la autora echa mano a los procedimientos de la “literatura del yo” (utiliza la primera persona, describe los efectos del narguile en su cuerpo, recuerda el olor del té en el ambiente, busca metáforas para contar el calor constante) pero también acude a algunas herramientas de la crónica periodística y del ensayo para adentrar al lector en las tensiones del mundo árabe pasado y presente que, según sus propias palabras, hoy”considera la emancipación de la mujer el caballo de Troya de la occidentalización”. Mediante esa combinación de géneros y elementos, La tierra… articula la experiencia personal con preguntas colectivas sobre la familia, la identidad y las maneras de recordar. Y pone en circulación desde una perspectiva personal (que es también política), un tema que conmociona al mundo y del que en Argentina, acaso por la lejanía geográfica o por la marcada ausencia de un periodismo de calidad en temas internacionales, se escucha sorprendentemente poco. 

Cynthia Edul 

La tierra empezaba a arder. Último regreso a Siria 

Lumen

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ