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ECONOMíA EN PAGINA/12 WEB
02 JULIO 2000








 EL BAUL DE MANUEL
 por M. Fernandez López


Mirá cómo caen

Así como en medicina se acotan por descarte las posibles causas de un mal, en economía muchos problemas se clarifican eliminando causas espurias. El desempleo, por ejemplo. Si el desempleo dependiera de la voluntad de quien necesita trabajar, el problema sencillamente no existiría. En nuestro sistema económico, quien carece de empleo no puede acceder al mercado, y es un muerto civil, a menos que robe o estafe (un camino que muchos eligen). Los puestos de trabajo son creados por las empresas. Y con ello hacen un gran bien a toda la sociedad. Pero las empresas mismas no tienen por razón de ser hacer el bien a los demás, sino ganar dinero, del color que sea, es decir, vendiendo dentro del país o fuera de él. Pero, de igual modo que no se puede obligar a una empresa a tomar un empleado más, en una economía de mercado no se puede obligar a los eventuales compradores a adquirir los productos que produce dicha empresa. En una economía cerrada, quienes compran a las empresas son las familias, que adquieren bienes de consumo, las empresas mismas, que adquieren equipos y materiales a otras empresas, y el gobierno, que adquiere productos y servicios. ¿De qué dependen sus compras? Las de las familias, de los salarios que perciben. Las de las empresas, de sus expectativas de ventas futuras. Las del gobierno, de su modelo de política económica. En una economía abierta, entre el gasto extranjero y el ingreso nacional se interpone el tipo de cambio: un dólar, al tipo de cambio un-peso-un-dólar, compra una unidad de un bien que vale un peso; al tipo de cambio dos-pesos-un-dólar el mismo dólar compraría dos unidades de un bien que vale un peso; e inversamente a un tipo de cambio, por ejemplo, unpeso-dos-dólares. Y la pregunta del millón de empleos: ¿qué pasa con el gasto de las familias después de un impuestazo, o un recorte salarial?, ¿qué pasa con el gasto de las empresas si las perspectivas a futuro son pesimistas?, ¿qué pasa con el gasto del gobierno si persigue a todo trance el equilibrio fiscal?, ¿qué pasa con el gasto extranjero si el poder de compra del dólar es bajo en términos de productos nacionales? Si contestó “cae” a cada pregunta está en camino de entender por qué el desempleo es inevitable. Ni Mandrake impediría que las empresas ajusten su nivel de producción a un menor gasto global. Y lo que primero bajan son aquellos insumos adquiridos en el mercado: materiales y mano de obra.

La Generación del 18

Cuánto dura una generación? Petty hablaba de 21 años; los fisiócratas, de 30, igual que Ortega y Gasset, quien construyó una dinámica de la historia a partir de la superposición de generaciones. ¿Acaso la verdad está en el punto medio, esto es, veinticinco? La cifra se aplica al lapso comprendido entre 1918 y 1943 en el cual, y en diversas disciplinas, la Argentina creó ciencia original a partir de investigación propia. El período se acota entre hechos destacables: en 1918 Gondra publica su traducción del libro de Pantaleoni, dicta con Hugo Broggi el primer curso de economía matemática, ingresa Prebisch a la Facultad de Ciencias Económicas, Alejandro E. Bunge obtiene un índice de precios minoristas y Teodoro Sánchez de Bustamante escribe sus Investigaciones de economía matemática. Veinticinco años después, en 1943, muere Bunge, declina la salud de Gondra y Prebisch es destituido en el Banco Central. Merecen recordarse algunos logros relevantes: de 1918 a 1943 no dejaron de aparecer la Revista de Economía Argentina y la Revista de Ciencias Económicas; en 1919 Bunge crea su coeficiente de corrección monetaria, publicado en Washington a instancia de Irving Fisher. En 1923 Broggi expone su crítica al método de Walras de demostrar la existencia de equilibrio general, publicado en junio de 1924 en Giornale degli Economisti, que siembra una semilla que fructificará en 1932-34 en los estudios de Neisser, Zeuthen, Stackelberg y Wald. En 1926 aparece la traducción de Barone por Nirenstein y Prebisch. En 1926-27 Ludovico Cavandoli, de Paraná, escribe un tratado de economía matemática y publica investigaciones sobre la curva de Pareto de distribución del ingreso. Desde 1930 Carlos E. Dieulefait, el “Pearson argentino” despliega en Rosario una amplia labor de docencia e investigación en estadística. En 1932 se crea el impuesto al ingreso personal. En 1933 se diseña el Plan de Acción Económica Nacional, un plan keynesiano para enfrentar el desempleo. En 1938 Raúl Prebisch encara una recesión con técnicas anticíclicas. En 1940 se encara por iniciativa de Prebisch y de Manuel Balboa la medición permanente del ingreso nacional y Alejandro Bunge publica Una nueva Argentina. En el mismo año se arma el llamado “Plan Pinedo”, con participación de Prebisch y sus equipos. Y en 1941, la gran hazaña de Barral Souto, su estudio pionero de la programación lineal.