A los 96 años
Murió Franco Zeffirelli, el director de las contradicciones
Era gay pero atacaba a los homosexuales; su obra cosechaba prestigio y burlas a partes iguales. Además del cine y la ópera, llegó a una banca de senador por el partido de Silvio Berlusconi.
Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez.Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez.Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez.Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez.Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez.
Murió Franco Zefirelli. “La palabra ‘gay’ es una manera estúpida de llamar a los homosexuales”, dijo una vez. 

La dolce vita italiana perdió a uno de sus últimos sobrevivientes. Se trata de Franco Zeffirelli, quien falleció este sábado en Roma, a los 96 años, a raíz "de una larga enfermedad que se agravó en los últimos meses", según anunciaron los principales portales del país de la bota. Escenógrafo esteticista, realizador cinematográfico de suerte dispar, reputado regisseur de ópera y fervoroso católico, el oriundo de Florencia será recordado, en términos artísticos, como el director de Romeo y Julieta (1968), la “biopic” de San Francisco de Asís Hermano Sol, Hermana Luna (1972), y la miniserie Jesús de Nazaret (1977). Por fuera de las cámaras y los escenarios, Zeffirelli fue un personaje no exento de polémicas y contradicciones, un hombre que confesó su homosexualidad y su amor por Luchino Visconti pero también renegó abiertamente de la palabra “gay” y las parejas del mismo sexo. Por si fuera poco, apoyó a Silvio Berlusconi cuando, a principios de los 90, saltó de los medios a la arena política. Incluso fue senador por su partido entre 1994 y 2001.

La infancia de Zeffirelli fue tan singular como un apellido que, antes de él, no existía. El florentino nació en 1923, fruto de la relación extramatrimonial de una modista y un comerciante, y lo inscribieron en el registro como bastardo. Cuenta la leyenda que su madre –que moriría seis años después del parto– le quiso poner Zeffiretti en honor al aria “Zeffiretti Iusinghieri” de la ópera de Mozart Idomeneo, de la que ella era fanática, pero por un error de escritura quedó Zeffirelli. Esa filiación signaría a fuego su vida, en tanto luego combatir en la guerra del lado de los partisanos estudió Bellas Artes, hasta que debutó como actor de teatro de la mano de Luchino Visconti, quien no sólo lo convirtió en su discípulo sino también su amante. Con él mantendría una relación sentimental intensa y apasionada que culminaría justo cuando Zeffirelli empezaba a dirigir sus primeras adaptaciones teatrales de Shakespeare, a quien también trasladó en varias ocasiones a la pantalla grande, con La fierecilla domada (1967) y Romeo y Julieta (1968) como exponentes más recordados. Por eso mismo fue reconocido con el título de "Sir" en Inglaterra, en 2004.

Tanto en el ámbito teatral como en la ópera obtuvo un prestigio que lo acompañó hasta sus últimos días. Si hasta había estado trabajando en la dirección de una nueva versión de la Traviata con miras a estrenarla la semana que viene en el marco de la apertura de temporada del Festival Lírico de la Arena de Verona. Pero aquel prestigio no logró trascender a una obra cinematográfica irregular, compuesta por parte iguales de fracasos de público y crítica y trabajos que con el correr del tiempo se convirtieron en clásicos, que arrancó allá por 1958 con Camping, que filmó mientras se afirmaba como director de ópera en la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York. Su mayor éxito llegaría diez años después con Romeo y Julieta, que recibió cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas Mejor Película, Director y, desde ya, Vestuario, uno de los elementos a los que más atención prestaba.

Ya en los ’70, su formación católica se tradujo en Hermano Sol, Hermana Luna (1972) y la faraónica miniserie Jesús de Nazaret (1977), cuyas más de seis horas se convirtieron en un clásico pascual de la televisión durante el último cuarto del siglo pasado. Sin embargo, en su momento fue recibida con partes iguales de fervor y rechazo: mientras la Iglesia Católica italiana la recomendaba a sus fieles, los puritanos norteamericanos la acusaban de mostrar a un Jesús demasiado humano. La izquierda y la crítica, por su parte, se hicieron un festín tildándola de kitsch y almibarada. A fines de esa década partió rumbo a Estados Unidos para dirigir la recordada El campeón (1979), con Jon Voight en la piel de un ex boxeador, y Endless Love (1981), que tuvo como protagonista a Brooke Shields. También dirigió El joven Toscanini (1988); Hamlet (1990), con Mel Gibson y Glenn Close; Jane Eyre (1996) y Té con Mussolini (1999).

En los ’90 incursionó en política de la mano del partido Forza Italia, del por entonces ascendente Silvio Berlusconi, y fue senador entre 1994 y 2001. Sus últimas apariciones mediáticas trascendentes datan de 2003, cuando presentó una autobiografía en la que recorrió los principales hitos de su vida, incluyendo su relación amorosa con Visconti. Entre otras delicias, a lo largo del texto Zeffirelli se despachó contra el término gay (“una manera estúpida de llamar a los homosexuales, como si fuesen payasitos inocuos y divertidos”), el comunismo (“los comunistas, a los que Luchino había entregado el alma y la reputación, quisieron quedárselo para ellos incluso muerto, porque aún les era útil. Qué tristeza”) y los críticos, a quienes tildó de ignorantes, incompetentes y faltos de pasión.

 

 

 

 

 

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