Cómo funciona el goce mortífero de la anorexia
Vaciar un cuerpo de la carne
Los rituales obsesivos minan la vida de una anoréxica. Hay rigurosidad en el rostro y labios cerrados a la tentación.

Los casos graves de anorexia nos muestran hasta dónde es capaz un sujeto de llegar con su goce mortífero. Vaciarse de carne, de vísceras, de órganos, de sangre, de oxígeno… Vaciarse de vida para llenarse de muerte. El sujeto se siente vacío de sentidos que lo atan a la vida. Del vacío de las drogas nos encontramos con un tránsito hacia el vacío del deseo, como nos recuerda Luis D. Salamone en su invitación a las Jornadas. Estamos en presencia aquí, de un sujeto vaciado. El objeto perdido está en el cuerpo delgado, como si la presencia del muerto lo acompañara siempre. Lacan nos advierte en el Seminario XI la apoyatura melancólica en la anorexia.

El propio cuerpo se ofrece como ese objeto que se pierde, y en cada suspiro que constituye su vida, es un expirar a la muerte. Los rituales obsesivos minan la vida de una anoréxica, y nos encontramos con esa fenomenología tan consabida de separar alimentos, contar calorías, abdominales, kilómetros, la rigurosidad en el rostro y los labios rígidamente pegados ante cualquier tentación: ¡el chocolate, el hombre!, los programas de ejercicios con los que golpea el cuerpo, lo daña, lo somete hasta el máximo dolor posible.

¿Qué es el objeto comida para ella? ¿Qué es el objeto droga para un adicto? En las neurosis, la anorexia se ofrece a la muerte ante el Otro, se vacía para vaciarlo, coquetea… "¿puede perderme?" Ella se ofrece como un espectro viviente, un muerto, renuncia al deseo. Ella se tienta en muchas ocasiones, pero debe aniquilarse día a día antes que mostrar algún signo de deseo. Está tragada por un goce de muerte. Apetito de muerte, plantea Lacan en Los Complejos Familiares: "ese es el goce de la anoréxica".

La toxicomanía, lo que nos enseña, es que "el objeto es un semblante, no una sustancia, y en el horizonte, lo que es el verdadero objeto de goce sería la muerte". Lo que busca el toxicómano no es "un placer" sino la verificación del vacío que rodea al goce en el ser humano(1).

(1)Laurent, E, "Del hacer al decir". TyA, Inst. Campo Freudiano, p. 71.

*TyA Rosario.

 

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