Platenses en busca del continuo perfecto: shows sin pausas, baile y exploración interna
Peces Raros, la banda del beat blindado
Marco Viera y Lucio Consolo hacen girar la manija y salen a montar su fiesta rockera en continuado, casi como un dj set.
Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche.Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche.Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche.Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche.Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche.
Peces Raros pasó de ser una curiosidad del indie platense a encarnar el reencuentro del rock y el boliche. 
Imagen: Cecilia Salas

Desde el pogo rabioso hasta el trance de un baile que no se detiene, así podría resumirse la intensa parábola que viene trazando Peces Raros . Un viaje desde las voces ásperas y los riffs estridentes hacia los climas más hipnóticos e incandescentes de la música electrónica. En ese camino fueron enhebrando una red de sonidos distantes cuyos límites aún se mantienen difusos: para esta banda platense se trata de traficar versos entre los sintetizadores y de disparar samples para transmutar acordes. “Todavía no está constituido un nuevo circuito, un lenguaje propio para esta mezcla”, dice el cantante, guitarrista y DJ Marco Viera acerca de esa zona fronteriza en la que crecieron. “Lo que hay son bandas atravesadas por la necesidad de que el cuerpo esté en movimiento, de que el recital sea una fiesta. También hay DJs que suenan rockeros. Nosotros somos una banda que suena electrónica.”

La salida de su último disco, Anestesia (2018), puso al descubierto la eficacia del plan que venían tramando: tensar el espíritu de sus canciones hasta transformarlas en elementos propios de un DJ set. La idea comenzó a gestarse con las primeras escuchas de Daft Punk y Justice, hace casi una década, entre los pasillos de la Facultad de Bellas Artes de La Plata, cuando todavía estaban envueltos por melodías spinetteanas. “Venimos de las guitarras, pero apenas arrancamos ya empezamos a jugar con la idea de enganchar las canciones. Y lo hicimos con lo que teníamos a mano, que eran las herramientas del rock”, explica Lucio Consolo, la otra mitad del binomio creativo de Peces Raros. “Ahora invertimos los términos: nos fuimos alejando del modo de pensar que trae la guitarra y nos metimos de lleno en el de las texturas.”

El influjo de Pescado Rabioso y de Charly García que emanaba su disco debut, No gracias (2014), fue dejando paso a un océano onírico y digital. Apenas lo editaron sintieron el llamado: se metieron en fiestas electrónicas y compraron sus propias bandejas para experimentar. Dos años después, con la salida de Parte de un mal sueño (2016), tenían las herramientas para reordenar sus composiciones con un nuevo rumbo . “Ahí ya pinchábamos en fiestas y teníamos el pulso para mantener un show sin pausas”, recuerda Viera. El siguiente paso fue llevar ese conocimiento a la sala de ensayo: “Empezamos a samplear y a preocuparnos por mantener siempre latente el mantra de cada textura. Fuimos armando todo a partir de una idea de continuo. Trabajamos las tonalidades y las rítmicas para hilvanar las canciones. Teníamos un nuevo paradigma”.


Lo que se mantuvo intacto fue el espacio que le dan a sus letras, que van desde la lujuria que puede despertar el cuerpo humano hasta las caleidoscópicas visiones internas, pasando por las vidas que se desmoronan barrio adentro o las búsquedas metafísicas de los poetas beatniks. El bagaje que traían de sus inicios entre los confines del rock, esa preocupación constante por tener algo para decir, no los abandonó nunca. “La música electrónica prescinde de la lírica. Es algo sustancial: cambia todo cuando hay una letra. Es un elemento ordenador del discurso”, asegura Consolo. Y Viera completa: “Nosotros decidimos mantenerlas. Ahora estamos en el medio: para el fundamentalista de la electrónica somos muy profundos o rockeros, y para el rock somos muy fiesteros. Estamos en un momento que buscamos ganar todo lo posible desde la musicalidad y depender cada vez menos del volumen”.

¿Cómo se modificó el proceso de composición con el cambio de rumbo en su música?

Lucio: En la electrónica cada track se trabaja sobre una sola gran idea y se desarrolla. O quizás sobre dos bloques. Es más complejo para hacerla entretenida, atractiva. Es una sola idea y no una canción, donde te podés permitir romper una idea con otra.

Marco: Apareció la idea de los bajos más repetitivos y del ostinato, una célula melódica, un motivo rítmico obstinado que se reitera. Es como un mantra y no tanto como un riff, que aparece y desaparece. También tenés que ser más fino para detectar dónde empieza y dónde termina cada canción y no volarte. El desafío ahora pasa por usar esas herramientas para meter una experiencia en ese formato continuo.

¿Dónde encontraron el mayor punto de contacto entre el rock y la electrónica?

Lucio: La electrónica está pensada para bailar, en ese punto se parece al primer rock and roll, aunque el rock después se volvió más contemplativo. Pero en los dos hay vertientes que buscan un sentido más allá del baile. Los circuitos del progressive, del ambient, por ejemplo, proponen que vayas en un vuelo interno, mental.

Marco: Hay un punto fuerte de contacto en que son experiencias, como también muchas sustancias lo son, que funcionan como medio para acceder a algo que es más real. No se trata de una realidad que se altera sino del intento de acceder a verdades más profundas. La música, sea el rock o la electrónica, en un hermoso caso, se trata de eso.

* Peces Raros toca este viernes a las 20 en Niceto Club, Niceto Vega 5510.

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