Emily Dickinson, poeta de lo sutil y de lo oblicuo 
Por los pliegues de su voz
El libro álbum Preferiría ser amada recupera textos encendidos de Emily Dickinson, para descubrir el universo inquietante de su escritura.
Emily Dickinson escribía pequeños poemas –algunos de apenas dos versos, otros de ocho o diez– en los sobres de cartas que enviaba. Muchos de esos textos pasaron a ser considerados parte de su obra canónica y otros quedaron en una zona imprecisa. Es que a veces, la poeta escribía siguiendo los pliegues del papel, sus líneas de corte, y así los versos admiten diversas lecturas. De hecho, tienen algo de ready made, de escritura que se pretende más grafía que significado. Este juego es un dolor de cabeza para quienes desean conservar su obra dentro de jaulitas que la exhiban como presa de museo. Pero es una delicia para quienes saben que la poesía siempre logra escapar de cualquier compartimento que la pretenda quieta, sentada al costado de un camino de sentido único. El libro álbum Preferiría ser amada recupera varios de estos envelope poems (como son llamados) junto a otros poemas y cartas con varixs destinatarios. Entre ellxs, Susan Gilbert, la escritora que Emily amó aunque estuviera casada con su hermano; su primo John Graves y Thomas Higginson, con quien Dickinson mantenía conversaciones encendidas sobre la escritura y el universo, quien se encargó de publicar su obra poética cuando ella falleció. De este modo, el volumen editado por Impedimenta, con ilustraciones preciosas de Elia Mervi, se transforma en una manera de acceder al universo de una mujer convertida en enigma más por la mirada ajena que por decisión propia. Claro que ella se encargaba de alimentar su propio mito al escribir líneas como: “Una carta se me antoja siempre parecida a la inmortalidad, porque la mente está sola, sin compañero corpóreo”. Emily Dickinson fue una de las primeras mujeres a quien se le reconoció su trabajo como poeta. Nació el 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts, treinta años antes de que comenzara la Guerra de Secesión. La enseñanza puritana, la lucha entre posturas políticas y la influencia social que tenía su familia burguesa en el noreste de Estados Unidos fueron aspectos que dejaron huella en su obra, tanto como su pasión por la botánica y la creación de un mundo interior que no desea ser compartido de manera abierta sino más bien, de modo sutil y oblicuo. De hecho, sus poemas solo comenzaron a ser publicados tras su fallecimiento, en 1886. “En esta breve Vida/ no más larga que una hora/ cuánto –cuán poco–/ nuestro poder atesora”, escribe en la pestaña de un sobre. También es capaz de utilizar imágenes deliciosas, oscuras e inquietantes, como en una carta donde le dice a Susan: “Esta clase de asuntos me apenaban cuando no era más que una niña, y quizás habría llorado al sentir piecitos ya rígidos yaciendo inmóviles junto a los míos en el ataúd, pero a veces los ojos se secan y los corazones se achicharran, se convierten en cenizas, aunque hayan ardido gustosamente”. La traducción al español de su obra es difícil ya que la palabra de Dickinson va al hueso de la lengua, despojándose de cualquier accesorio: es meticulosa y elegante como el corte que hace un cuchillo con mango de nácar. En este libro, el trabajo estuvo a cargo de Abraham Gragera. Sin embargo, es posible continuar las derivas que propone su escritura a través de traducciones maravillosas como las que hicieron en nuestro país Silvina Ocampo, Mirta Rosenberg y más recientemente, María Negroni. Si bien es cierto que la figura de esta poeta está rodeada de un aura enigmática, ya sería hora de sustraerla de una suerte de limbo que la confina a una zona de pureza virginal. Preferiría ser amada es una muestra de la fuerza que dimana de sus palabras, de la pasión amorosa que sentía por varones y mujeres. El dato de que nunca salió de Amherst podría servir para potenciar su escritura en vez de reducirla a una zona monacal. Y es que la poesía de Dickinson tiene la intensidad de quien se plegó sobre sí misma para averiguar de qué materia estaban hechos sus fantasmas. Lejos de ser un signo de debilidad, se trata de un gesto explosivo, vital, contemporáneo. Preferiría ser amada Emily Dickinson Impedimenta 120 páginas

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