"Palabra mía"
Festival de narración oral
El encuentro, con entrada gratuita, se realiza hasta el domingo en distintas sedes de Lanús, City Bell, San Fernando y bibliotecas de la ciudad. Participan narradores argentinos y extranjeros.  
Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve. Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve. Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve. Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve. Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve. 
Roxana Del Castillo en el espectáculo Evita vuelve.  

La narración oral es un oficio con misterio y emoción. “Las tribus se reunían alrededor del fuego a contar, a que les cuenten. El individualismo no le pudo ganar a esa memoria”, afirma la narradora Roxana del Castillo. “Graciela Montes dice que contar y pedir que a uno le cuenten cuentos es en medio de la industria cultural un acto de rebeldía. Entre tanta tecnología, entre tanta espectacularidad, la narración rompe con lo establecido”, agrega Del Castillo, que presentará Evita vuelve, dirigida por Claudio Ledesma, este sábado a las 20.30 en el Club Larrazábal (Larrazábal 829), con entrada libre y gratuita, en el Festival Internacional de Cuentacuentos Palabra mía, que se realizará hasta el domingo en distintas sedes de Lanús, City Bell, San Fernando y bibliotecas de la ciudad. En esta edición participarán Marcos Córdoba Vega (Venezuela), Maryuris Martínez (Venezuela), Jaime Poblete Suárez (Chile), Yariel Salas (Cuba), Javer Andrés González (Colombia), Sebastián Fernández Vargas (Colombia) y narradores argentinos entre los que se destacan Facundo Vega Ancheta, Mateo Castiello, María Teresa García, Lili Bassi y Verónica Galán.

“La narración oral es una experiencia irrepetible. Ese llanto, esa risa, esa reflexión que te dejó el cuento, va a perdurar por más tiempo que un producto que puedes pausar y reanudar cuando quieras”, advierte el venezolano Marcos Córdoba Vega, que presenta hoy a las 21 un espectáculo de narración que él dirige, Mujeres, basado en textos de Eduardo Galeano, en El Galpón de la Caterva (Calle 471 y 14 bis, City Bell). “He visto cómo el público siempre se va con algún mensaje en su cabeza, una inquietud, algo sobre lo cual quieren hablar después de la función, ya sea porque a ellos les pasó algo similar o porque están o no de acuerdo con lo que el cuento propone. Ir más allá del entretenimiento es grandioso, y además permite que todos en la sala se relacionen, porque no se trata solo del narrador y su cuento: ellos no serían nada sin el feedback del público. Esa dinámica nos recuerda, que si bien la tecnología vino para quedarse, jamás podrá suplantar el calor y la emoción de la experiencia colectiva de contarnos como humanos”, asegura el narrador venezolano. Claudio Ledesma, director general de Palabra mía, plantea que la narración oral es “un modo de resistencia” en los tiempos que corren. “Es mi forma de comunicar y de estar en el mundo, de decir lo que pienso con la excusa del cuento. Al contar, me cuento también. Tomo palabras prestadas porque comparto un goce literario, comparto un criterio estético, pero además quiero decir algo en este momento tan particular de la Argentina y del mundo. Este año el Festival ha costado mucho más que nunca realizarlo y sostenerlo, pero lo creo necesario, con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón”, explica.

¿La capacidad de escucha y el asombro permanecen intactos, como el hombre primitivo que escuchó por primera vez un relato, o el vértigo de la vida cotidiana y el aceleramiento del tiempo a través de las nuevas tecnologías nos han vuelto un poco sordos o menos sensibles? Para Córdoba Vega “somos seres vulnerables a la palabra”. “Las historias no han muerto: ahora se cuentan con luces, sonido y efectos de todo tipo. Algún día podremos estar experimentando estas historias desde un simulador de realidad virtual, pero seguirán siendo las vedettes de nuestros sentidos. Quizás la atención se haya deteriorado por el híper estímulo, pero ninguna pantalla le gana a la energía de una persona humana montada en escena siendo fiel a su historia, eso es algo que mi trabajo me hace constatar a diario”. Del Castillo precisa que la capacidad de asombro y de escucha están, “solo hay personas más o menos flexibles a darse permiso y escuchar”. “No se entiende todavía lo que hacemos. ‘¿Cómo, no leés?’, me preguntan. Pero cuando se entregan a la propuesta es maravilloso: ‘Estuve ahí’; ‘vi todo lo que contaste’… En las funciones tanto de niños como adultos se terminan entregando y se produce la magia”.

 

Poner el cuerpo y la voz en escena “es un acto de fe porque te arriesgás a que el público acepte o rechace tu propuesta”, dice Córdoba Vega. “Ser fiel a la verdad de uno es lo que nos hace trascender la formalidad de la palabra escrita: le pones toda tu emoción, entonces el cuento ya no es cuento, es un acto de comunicación súper potente”. Del Castillo confiesa que para ella implica juego, disfrute, pasión y compromiso y recuerda lo que sucedió desde que presentó Evita vuelve en 2015, después de que asumió el actual gobierno. “Desde entonces fueron cuatro años ininterrumpidos de funciones, fue como un oasis, poder reencontrarnos en cada función con el público y realizar una catarsis colectiva. En la parte final del espectáculo, cuando Evita está muriendo digo: ‘tengo que pedirles que me cuiden a Perón y que estén juntos, que no se separen, porque se avecinan tiempos oscuros’. Y eso fue lo que vivimos estos últimos cuatro años”.

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