comic
Visibilidad manga
Se reedita completa y sin censura la historieta japonesa Sailor Moon, que hace 25 años mostraba la relación amorosa entre dos guerreras como parte de la realidad galáctica de todos los días.

Se cumplen 25 años de la llegada de las  guerreras mágicas y sensuales de Sailor Moon, que le transmitieron a Occidente la moda de las Sailor Scouts y el subgénero de las Magical Girls, y además presentaron una de las primeras relaciones lésbicas, la aventura amorosa de Michiru y Haruka. El nivel de frescura con el que Naoko Takeuchi despliega la relación de las dos jóvenes se da en un contexto en el que esto no era tan común. El manga de Taheuchi que duró 5 años se convirtió en los 90 en un fenómeno arrasador en Argentina, abriendo la puerta a las futuras series lésbicas para adolescentes: Adventure Time y Steven Universe. Veinticinco años después del primer número de las Sailor Scouts, se edita por primera vez, y sin censuras, en nuestro país.

Oliendo bombachas

Uno de los historietistas pioneros que introdujo variedad en las identidades sexuales y que sin dudas tuvo influencia sobre Taheuchi fue Go Nagai. Con sus guiones subidos de tono comienzan a bocetarse las primeras viñetas lgbt para el público adolescente, con una sexualidad a veces juguetona y otras perversa. Desde chicos que roban bombachas para olfatear qué perfume dejan los fluidos vaginales sobre la tela de algodón, y ya que están en el baile, calzarse la tanga para desfilar, como una drag frente al espejo. No por nada se convertiría en uno de los historietistas que más polémicas generó. El mismo Nagai a su vez recibió influencia de Osamu Tezuka, el padre del manga y creador de la primera heroína travesti de la historieta: la Princesa Caballero, aunque en este caso el travestismo es fruto de la necesidad y no del gusto. Los antecedentes se suceden: Lady El, una chica criada como varón; Yellow Dancer, heroína travesti vista acá en el ochentoso Robotech; las (súper) heroínas tortas de Project Ako, y la lista sigue. Sailor Moon tomó los moños y los cuellos marinero de aquellas adolescentes pero les triplicó la carga homoerótica que corre por sus cuerpos en desarrollo. 

Quién es esa chica

Al principio de la historia, las Sailor Scouts piensan que Haruka es un hombre, ya que en vez de usar remeras ajustadas viste un traje holgado que disimula su cuerpo voluptuoso. Haruka, una estudiante que practica atletismo y judo, ha irrumpido en el manga causando un remolino de lujuria entre las guerreras que luchan en nombre del amor y la justicia. El look tomboy de la Scout de pelo corto y corbata a cuadros desorienta a Usagi (Serena), quien mientras la mira perdida en la curiosidad ardiente, y le pregunta si es chico o chica. “¿Realmente importa?”, le contesta Haruka y, fiel a sus impulsos, le encaja un chupón. La Sailor Senshi del Sistema Solar Externo coquetea con varias de las chicas vestidas de marineritas, pero ninguna guerrera de piernas infinitas puede convertirse en una competencia para Michiru, la fuente más grande de su deseo. Con su larga y elegante cabellera verde hipnotiza a su compañera de batallas cada vez que hace sonar el violín. Si bien la misión de Haruka y Michiru es proteger al Reino de la Luna, ambas se desviven por cuidarse la una a la otra. La relación entre ellas no solo estuvo acompañada de mimos, declaraciones de amor y tensiones, también crían a un bebé, Hotaru, convirtiéndose así en una de las primeras parejas de lesbianas de la animación en adoptar.

A pesar de que en el animé (1992-1997) el romance entre Haruka y Michiru es bastante notorio, muchas de las escenas que explicitan el lazo íntimo que las une están lavadas. Primero en el traslado del papel a la pantalla de tv, y luego en las constantes censuras que padeció en los distintos países donde se emitió la serie: desde Tailandia hasta Brasil. Lo que en Japón era exhibido con habitualidad en el resto del globo era la semilla del escándalo. Uno de los países donde más se modificaron las referencias homosexuales fue USA, transformando el vínculo de pareja de Haruka y Michiru en el parentesco de primas. Como si el hecho de compartir la mesa del domingo familiar les impidiera encerrarse a hacer una tijereta. Entre otras ideas absurdas, para tratar de tapar lo evidente, estuvo ponerle voz de hombre a una de las chicas; volviendo algo fluido y bello en algo confuso. Pero sin importar lo que la cadena de cable se empeñara en tapar, los millones de fans que cosechó la serie fundaron toda clase de webs donde guionaron capítulos inéditos de la vida amorosa de Haruka y Michiru. La pareja más icónica del mundo yuri generó cientos de viñetas y relatos eróticos que, gracias a internet, viajan por los lugares más represivos del planeta, sin censores que mutilen un desnudo o un gesto picarón. Sin embargo, los fieles seguidores de Sailor Moon no perdieron oportunidad de preguntarle a Takeuchi si Haruka y Michiru eran un pareja, buscando una confirmación oficial. “La relación entre Haruka y Michiru es muy especial. Creo que el sentimiento más importante del mundo es la amistad. La amistad entre ellas es tan fuerte que se convierte en amor”, respondió en una entrevista para la revista italiana Kappa, en 1996. Pero dos años después en la Comic Con de San Diego, un periodista argentino, Andrés Accorsi, le preguntó sin rodeos si los  personajes eran lesbianas. “Exactamente. Son almas gemelas, se complementan a la perfección y se aman mucho”, contestó pateando los muros que construyeron los canales de tv pretendiendo ocultar semejante pasión.

Fusionar los cuerpos

Los adolescentes que crecieron a la par de las Sailor Scouts se han convertido en adultos que quieren romper el conservadurismo en la animación, y construir una galaxia queer sobre los escombros de aquellas estructuras obsoletas. Una de las mayores representantes de ese grupo guerrillero es Rebecca Sugar: animadora e historietista estadounidense de 29 años, primera mujer en producir su show en Cartoon Network. Luego de dibujar un romance lésbico en la serie animada Hora de aventura, programa de estética lisérgica donde chanchos intiman con elefantes, entre una vampira rockera y una princesa de pelo rosa, levantó las columnas de una civilización extraterrestre conformada por chicas que fusionan sus cuerpos para magnificar los poderes que las diferencian de los humanos. Las protagonistas de Steven Universe, las Crystal Gems, traicionaron a las integrantes del planeta Madre para salvar la Tierra, donde ahora crían, entre luchas intergalácticas y picnics sobre la arena, a un niño mestizo (humano-extraterrestre) de 8 años, Steven. Sugar se propuso crear un cosmos de diversidades étnicas donde la pansexualidad es el sol llameante que ilumina los cuerpos juguetones de la población de Ciudad Playa. Desde que lanzó su primera temporada, en 2013, provocó un revuelo titánico, como si sus damas espaciales hubieran traído bajo el brazo un arma nuclear que amenaza a la virilidad heterosexual más reaccionaria. A diferencia de las combatientes niponas, las Crystal Gems no tienen medidas 90-60-90. Garnet es una mole de muslos gruesos, un monumento a las caderas anchas y al culo grande. Perla es raquítica, de pecho plano y apariencia andrógina. Amatista es una gordita ruda que se la pasa asaltando paquetes de papas fritas. Pero Garnet está compuesta por dos cuerpos: una fusión permanente entre Zafiro y Rubí. Como si fueran un coito continuo, sin recreos para tomar agua. Antes de que los contornos de los torsos se fusionen y se vuelvan indivisibles, los personajes ensayan una danza, un ritual de conquista que precede a la anatomía orgásmica. Y es tal la sensualidad explosiva que emanan esos bailes que en Reino Unido y Turquía varios fueron censurados. En España y Suecia alteraron el doblaje para que el amor de pareja se reduzca a un nexo de amistad inofensiva. El paraíso torta que fundó Sugar, quien declaró que la mayor parte del show está basado en sus propias experiencias como mujer bisexual, encendió el odio en el club de los padres homofóbicos cuando descubrieron que la serie favorita de sus hijos flameaba en cada cuadro la bandera lgbt. Tal es así que armaron páginas de Facebook para que den de baja el programa, por temor a que sus descendientes adolescentes se les ocurra salir del armario. Dijo Sugar: “No puedes esperar a que los niños crezcan para que sepan que la gente queer existe. Hay una idea de que es algo que solo se puede discutir con adultos y eso está completamente mal”. Lo queer como núcleo de una serie animada por suerte ya no es exclusivo del país del sol naciente.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ