Lolita Chávez, en primera persona
"Desde los territorios, entretejemos la red de la vida"
Lolita Chávez es autoridad del CPK -Consejo del Pueblo K´Iche’- de Guatemala. Como integrante de Feministas de Abya Yala, participó el año pasado en el Encuentro en el territorio mapuche de Trelew, y este año en el territorio querandí de La Plata. Su voz se escuchó fuerte entre miles de voces que proclamaron que el Encuentro ya es Plurinacional, de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries. El que sigue es su relato de lo que vivió.
Imagen: Jose Nico

Cuando llegué a Trelew, yo venía en un proceso de trabajo desde los territorios, desde las comunidades que estamos luchando por la defensa de los ríos, las montañas. Ha sido muy difícil. Han asesinado, han torturado, han encarcelado a compañeras. Eso nos ha dolido muchísimo. Desde Feministas de Abya Yala, al igual que hermanas de muchas otras comunidades y agrupaciones, nos posicionamos por un Encuentro Plurinacional. Yo no entendía por qué tanta negación de un camino “plurinacional”. Ahí no mencionábamos “Plurinacional, y con las disidencias sexuales”. Sí mencionábamos la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. En este Encuentro en territorio querandí, yo he visto un trabajo profundamente grande de los movimientos, de las asambleas, de posicionamiento no sólo político sino de autoidentidad. Eso se da sólo con procesos de formación, de generación de autoconciencia, de educación popular, con una crítica hacia las expresiones racistas, patriarcales, neoliberales en Abya Yala.

La Asamblea de Feministas de Abya Yala que hicimos el domingo, bajo un gigantesco arco iris, fue resultado de un tejido de pactos territoriales realizados desde abajo. Fue un proceso que ya se viene generando hace años, muy colectivo y participativo. Me impactó enormemente cómo la plaza se llenó. Exigimos dese ahí, con nuestro fueguito encendido, justicia por Berta Cáceres, Macarena Valdés, Marielle Franco, Diana Sacayan, por todas nuestras ancestras, y compartimos también las demandas que están en nuestras agendas de los feminismos plurales y diversos, desde las expresiones más excluidas. Me dio mucho gusto llegar antes a los territorios, para vincularme ahí con las expresiones feministas populares y volver ahora a territorio mapuche, donde hay comunidades y mujeres fuertemente criminalizadas.

Estamos viviendo una coyuntura muy violenta de los Estados Nación, implementando guerras, y atacando en los territorios, no sólo al territorio tierra, sino también al territorio cuerpo. Escuchar a las compañeras del Movimiento de Mujeres de Kurdistán sobre los crímenes del gobierno de Erdogan, a las mujeres indígenas, andinas y amazónicas de Perú sobre sus luchas, las denuncias de las mujeres mapuche sobre el asesinato de Macarena Valdés en Chile, escuchar el despojo que viven las comunidades mapuche, qom, diaguitas, y otras, así como las mujeres negras criminalizadas en Argentina. Sentí lo más perverso del estado nación Argentina, excluyente y patriarcal, con el odio a las hermanas migrantes. Escuchar a las compañeras de Brasil denunciando las violencias contra las mujeres negras, sentir el dolor de las compañeras travestis y las disidencias sexuales, escuchar a las Madres de Soacha, Colombia, a las feministas villeras, piqueteras, a las maestras de Chubut, escuchar con dolor la denuncia de las compañeras del Ecuador sobre los crímenes del gobierno de Lenin Moreno y del FMI, fue para mí impactante. Era vivir lo que estamos pasando en Guatemala, con 22 municipios en Estado de Sitio, donde se está sufriendo represión, desalojos, re militarización, encarcelamiento de defensoras, y el intervencionismo de Estados Unidos.

Yo en mi país he sido criminalizada, judicializada, agredida a mano armada, y no he podido regresar a mi territorio. Por eso me fortaleció mucho la Asamblea de Feministas de Abya Yala. Dimos un salto emancipatorio, y seguimos entretejiendo una agenda de resistencias que necesitamos resguardar y sostener. Estas agendas no se tejen solas. Hay mucho esfuerzo realizado antes, y hay que seguir tejiéndolas en asambleas territoriales.

Cuando me dieron la misión de expresar en el escenario lo que acordamos en la Asamblea, yo la llevé con dignidad, porque soy feminista con conciencia. Nosotras tejemos con la visión de nuestras sabidurías ancestrales. A nosotras nadie nos ningunea, nadie nos maneja. Que nadie nos crea indias tontas, ignorantes, porque no lo somos. Rechazamos los malos tratos que desde posiciones académicas buscan desconocernos. Les podemos enseñar cómo se teje territorialidad, cómo se teje comunidad, “cosmocimientos”, cómo se rompen fronteras, cómo llevamos nuestras agendas feministas como agendas de los pueblos, como parte de la red de la vida donde está la humanidad, la tierra, y el “cosmoser”.

Yo agradezco todo lo que se hizo desde la Campaña Somos Plurinacional. Sé que vivieron situaciones difíciles, con violencias, exclusión, desde sectores de la Comisión Organizadora. Jamás me imaginé que en el acto de cierre yo misma iba a recibir expresiones de odio. Sus grupos de “seguridad” nos golpearon, escupieron, insultaron, rasguñaron, junto a otras compañeras como Alma Fernández, Claudia Vázquez Haro, hermanas mapuche, aymaras, quechuas, migrantes, que venían con nosotras. También a compañeras de la Campaña Somos Plurinacional y a periodistas que nos acompañan en las luchas territoriales, y querían informar lo que estaba sucediendo. Hubo ataques de odio racista, odio a las travestis, desprecio por nuestra espiritualidad. Nos querían ningunear desde los grandes medios de comunicación, deslegitimarnos, sembrar dudas sobre nuestro tejido colectivo, lo que continúa ahora como ataque mediático. Nuestra sola presencia incomoda sus privilegios. Ahora que sí nos ven, buscan que nos callemos, que volvamos al silencio histórico.

Hasta ahí podíamos decir que el carácter plurinacional, de mujeres y de las disidencias, desde abajo ya se había logrado. Eso les dolió mucho a estas expresiones patriarcales y racistas, y respondieron del mismo modo que lo hacen los estados con nosotras. Su último acto fue la violencia, para pretender disciplinarnos.

 

Pero me quedo con lo que construimos. Hubo un pacto muy profundo desde abajo. Recibí una expresión de solidaridad muy grande de las compañeras travestis, de les trans. Lo viví como un compromiso que necesitamos entretejer más. Las revoluciones feministas son una escuela popular, una pedagogía del amor profundo, del buen vivir. Yo me quedo sobre todo con esa fuerza esperanzadora que me dieron las “pibas”, y seguiremos los caminos de los pueblos, juntas, juntes, y con el tzk’at de la reciprocidad sanaremos, y afirmaremos nuestro camino por la libertad, la justicia, el utz k’aslemal , el buen vivir, desde Abya Yala hasta Kurdistán."

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