Cuatro años de guerra contra el periodismo

El gobierno de Macri y los medios públicos 

Perdida la batalla de las urnas, algunas de las figuras más salientes del oficialismo continúan dando la batalla por el sentido. Inconmovible ante el balance de una gestión que deja en rojo casi todos los indicadores económicos, puertas afuera el gobierno busca instalar su interpretación de los hechos. "Se pudo gobernar con honestidad y todos nos vamos a casa con la conciencia tranquila y las manos limpias”, dijo Mauricio Macri. Entrevistado en televisión el titular del Sistema Federal de Medios, Hernán Lombardi, aseguró que en estos años los medios estatales fueron “ejemplo de pluralismo”, y advirtió que “no se podrá volver para atrás en los temas de libertad de expresión”, materia que, según se lee considera una conquista del gobierno de la Alianza Cambiemos. Sin embargo, decenas de hechos ocurridos en el sector estatal (y privado) de medios en estos años desmienten estas afirmaciones; en lo que sigue recuperamos algunas situaciones del sector estatal.

Las señales Encuentro y Paka Paka redujeron su planta a menos de la mitad a través de despidos, retiros (in)voluntarios y jubilaciones anticipadas que se hicieron luego de meses de desgaste a los trabajadores por medio del congelamiento de proyectos y ausencia de perspectivas de futuro. Suerte similar corrieron unos 180 trabajadores a cargo de los contenidos de la Televisión Digital Abierta.

En la TV Pública se aplicó una férrea política de paritaria cero desde 2018 sumada a la reducción de horas extras y coberturas, que licuaron el salario. Los espacios informativos se redujeron con la eliminación de noticias los fines de semana. La gestión del Canal solicitó por escrito explicaciones a trabajadores del noticiero que habían utilizado la expresión “autoproclamado presidente de Venezuela” e “intento de Golpe” para referirse a Juan Guaidó y la crisis política en aquel país. Los presentadores habituales de los informativos de la emisora fueron desplazados en su totalidad por nuevos rostros, y la gerencia de Noticias incorporó “asesores externos” que actúan como comisarios políticos sobre el personal y los contenidos.

En Radio Nacional se instruyó no utilizar la expresión Golpe “Cívico-Militar” para referirse al Golpe de 1976. Los cada vez más escasos espacios informativos encuadran la creciente conflictividad social como problemas de tránsito en la ciudad. En 2017, Gerardo Mazzochi, periodista desde hace más de 20 años en la Radio, perdió su acreditación en Casa Rosada y fue retirado de las coberturas de exteriores por hablar de “represión” en lugar de “incidentes” como se le indicaba. Luego de informar que la actividad automotriz había caído, Abel Caminos, entonces jefe de turno del informativo fue desplazado de sus funciones. El Director de Radio Nacional Córdoba increpó al aire a una periodista que acababa de entrevistar a la madre del referente mapuche Facundo Jones Huala.

Por sus dimensiones el desguace de la Agencia Télam parecía destinado a provocar su extinción. La cancelación de múltiples proyectos, el malogrado despido de 354 trabajadores y el actual estado de abandono y desgobierno de la histórica cablera, son también una forma de persecución y censura.

Es claro que los medios estatales no son un “ejemplo de pluralismo” como imagina y (todavía) proclama Lombardi. Los hechos de persecución y censura que listamos parcialmente aquí indican que la defensa de la libertad de expresión tampoco fue un logro que el oficialismo se pueda atribuir.

* Becario Conicet- Magíster en Industrias Culturales (UNQ/UBA)

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