Fue destituida por su rol en un escándalo de corrupción que involucra a Samsung

Cayó la presidenta de Corea del Sur

La sentencia estableció que Park vulneró la Carta Magna al permitir a su amiga Choi Soon-sil, conocida como la “Rasputina”, entrometerse en asuntos de Estado y al confabularse con ella para extorsionar a grandes empresas.
Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal.Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal.Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal.Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal.Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal.
Park, aquí durante un discurso en noviembre del año pasado, fue destituìda ayer por un alto tribunal. 
Imagen: AFP

El Tribunal Constitucional ratificó ayer en un dictamen histórico la destitución de la presidenta de Corea del Sur por su conexión con el caso “Rasputina”, veredicto que desató violentas protestas de sus seguidores en Seúl, que han dejado al menos dos muertos. 

La tímida y conservadora Park Geun-hye, única mujer que ha logrado llegar a ser presidenta de Corea del Sur, abandona el poder haciendo de nuevo historia al convertirse en el primer líder democrático del país en ser destituido por un sonado caso de corrupción. 

Los ocho jueces de la corte aprobaron por unanimidad la decisión adoptada por el Parlamento el pasado 9 de diciembre para cesar de su cargo a Park Geun-hye, que llegó al poder en febrero de 2013 y a la que le restaba casi un año de mandato.  La sentencia, televisada en directo por las principales cadenas nacionales, estableció que Park vulneró la Carta Magna al permitir a su amiga Choi Soon-sil, conocida como la “Rasputina”, entrometerse en asuntos de Estado y al confabularse con ella para extorsionar fondos a grandes empresas, entre ellas Samsung, la mayor del país.

La propia Choi, de 60 años, pidió perdón a través de su abogada al pueblo coreano y a Park Geun-hye a raíz de la destitución, aunque volvió a negar los cargos que se le imputan.

Unas 30 personas están siendo ya procesadas a raíz de la investigación abierta desde que el escándalo salió a la luz el pasado otoño, entre ellas  Lee Jae-yong, presidente de facto de Samsung al que se acusa de donar dinero a la “Rasputina” a cambio de recibir favores del gobierno. 

Aunque no consideró que fuera motivo para su destitución, la máxima instancia judicial del país también creyó probado que Park desatendió sus obligaciones como jefa de Estado durante el hundimiento en abril de 2014 del barco de transporte Sewol que causó más de 300 muertos, la mayoría estudiantes de secundaria. 

Con la destitución, Park, a la que la fiscalía considera sospechosa en el caso, queda despojada de su inmunidad y Corea del Sur está obligada a celebrar elecciones presidenciales en un plazo inferior a 60 d?as, lapso durante el cual el exprimer ministro Hwang Kyo-ahn seguirá ejerciendo como presidente en funciones. La mayoría de los expertos apuntan a que los comicios presidenciales, en los que el favorito es el candidato liberal Moon Jae-in, seguramente se celebren el martes 9 de mayo. 

La decisión de ayer implica la primera destitución de un jefe de Estado y el primer adelanto de los comicios presidenciales en Corea del Sur desde que el país volvió a celebrar elecciones democráticas en 1987 tras el mandato de dos juntas militares (una de las cuales lideró el general Park Chung-hee, padre de la ya ex presidenta). 

“Las vulneraciones de la Constitución y la ley por parte de la presidenta implican traicionar la confianza del pueblo y son acciones graves que no pueden ser toleradas”, dijo la presidenta del Constitucional, Lee Jung-mi, al leer el veredicto.

Aunque según las encuestas la mayoría de surcoreanos se mostraban mayoritariamente a favor del cese de Park, sus seguidores han protestado enérgicamente en las calles en el último mes y ayer recibieron entre tristes y enfurecidos la sentencia en Seúl.

Algunos de los miles de congregados ante el Constitucional y la avenida Sejong rompieron a llorar, mientras otros, armados con palos, se enfrentaron a efectivos de seguridad, que ayer más de 21.000 se habían desplegados en el centro de la capital. Los violentos choques entre los simpatizantes de Park –de los que muchos se declaran nostálgicos de los tiempos de la dictadura de su padre– y las fuerzas de seguridad se han saldado al menos con dos muertos y un número aún sin confirmar de heridos, dos de los cuales se encuentran en estado crítico, según la policía. 

Por su parte, un portavoz de la oficina presidencial dijo que la expresidenta no comparecerá en público y que permanecerá por el momento en la Casa Azul (la residencia del jefe de Estado surcoreano). 

A su vez el presidente en funciones Hwang ofreció una rueda de prensa en la que instó al pueblo surcoreano a aceptar el veredicto y a dejar de lado el ambiente de fractura nacional que se ha respirado estos últimos meses. 

Los grupos que desde otoño han tomado la plaza Gwanghwamun y llegaron a congregar a más de dos millones de personas para pedir el cese de Park celebraron aquí la noticia al caer el sol.

Pertrechados con las velas que se han convertido en famoso símbolo de la oposición contra la expresidenta, miles de ciudadanos festejaron emocionadas e incluso corearon consignas pidiendo cárcel para Park.

Park alcanzó en febrero de 2013 la presidencia de un país en el que el 80 por ciento de los diputados son hombres y la inmensa mayoría de instituciones y empresas apenas cuenta con representación femenina en sus órganos directivos. Su vinculación con la política fue desde su infancia intensa y trágica a la vez. 

Tenía 11 años cuando su padre llegó al poder y acabó instaurando un gobierno autoritario durante casi dos décadas, que es recordado tanto por los notables progresos que propiciaron el “milagro económico” del país como por la dura represión de las libertades ciudadanas y graves violaciones de los derechos humanos. 

Su inconcluso mandato de 4 años como presidenta estuvo marcado a nivel internacional por la alta tensión a la que se llegó en las siempre difíciles relaciones con la vecina Corea del Norte producto de la falta de voluntad de diálogo en Seúl y las crecientes pruebas armamentísticas de Pyongyang. 

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