El megáfono

Pandemia y padecimiento psíquico

Imagen: Luciano Di Costanzo

Adentro, quedémonos adentro así nos cuidamos. Afuera no sabemos qué puede pasar. Entonces cerramos la puerta… y atrás se cuela el miedo. Porque nada lo atrae más que la incertidumbre, esa que se fogonea desde los medios, las redes y que llega hasta nuestro teléfono, sin respiro y sin pausa. Estamos viviendo una época extraña y sin precedentes que nos encuentra globalizadxs, precarizadxs, nadando en un océano de información. Y muy probablemente genere miedo, que muy rápidamente puede escalar al pánico.

Como psicóloga, como profesional de la salud mental, pienso en cómo esto nos impacta. Particularmente, cómo impacta a quienes no pueden acceder a una consulta psicológica, ya sea por por falta de recursos o como consecuencia de la estigmatización de los trastornos y padecimientos psíquicos. Y cómo impacta a quienes sienten un aumento de sus síntomas. Entonces es necesario hoy colectivizar los recursos para el cuidado de la salud mental. Es necesario romper el binarismo cordura-locura para empezar a pensar en términos de padecimientos y malestares, y comprender que es esperable que aumenten en épocas atípicas como lo es el aislamiento preventivo. Hoy más que nunca debemos prestar atención a nuestros pensamientos, ideas y emociones, y buscar, compartir, poner a disposición recursos.

Ante el aumento o aparición de síntomas, si no ejercemos un autoregistro podemos perdernos en la angustia, el miedo o la ansiedad, y pensar que estamos empeorando, o que nos estamos “volviendo locxs”, ya que comúnmente se asocia la locura con una pérdida de control. Lamentablemente, también hoy seguimos escuchando que hay personas más o menos “fuertes” psíquicamente, y que sólo las que son catalogadas como “débiles” necesitan asistencia terapéutica. Este fuerte estigma asociado a los padecimientos psíquicos puede influir en la decisión de consultar o no a unx profesional de la salud mental. Por lo tanto, creo necesario compartirles algunas recomendaciones generales. Primero: intentá armar una rutina más o menos parecida a la de siempre; tratá de regular el sueño y las comidas. No consumas horas de información; eso te puede generar nervios o ansiedad. Tratá de conectarte con vos, con tus emociones, con tus redes de afecto, con mascotas, creatividad, meditación; escribí, dibujá, pintá y hablá con otrxs por teléfono o videollamada… siempre en la medida de tus posibilidades, porque no debemos olvidar que el aislamiento afecta de modo diferencial a quienes tienen, por ejemplo, una convivencia de dos personas adultas, a quienes viven con hijxs, abuelxs a cargo, puestos laborales precarizados y otros que implican seguir trabajando.

Entonces repartamos las tareas domésticas, busquemos la equidad dentro de casa. Épocas atípicas exigen de nosotrxs más conciencia, más afecto y más redes; usemos los recursos a nuestro alcance para construir, dar una mano, enviar cariño. La salida es colectiva, es con otrxs, aunque sea a distancia, y virtual.

*Psicóloga. Cofundadora y coordinadora del área de prensa y comunicación de la Red de Psicólogxs Feministas. Docente en Introducción a los estudios de género, en la Facultad de Psicología (UBA).

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