INFORME  

Las universidades contra el cambio climático 

El aumento acelerado de la temperatura media de la Tierra produce graves consecuencias ambientales y sociales. Por eso, son cada vez más las universidades del país que se suman a aportar información y estudiar la temática.
Imagen: Ilustración: Reinaldo Cortés

El cambio climático se convirtió en una de las mayores preocupaciones de las organizaciones ambientales internacionales. Si bien a lo largo de la historia de la Tierra hubo diversos procesos de cambio climático, el calentamiento global actual está fuertemente relacionado con la acción humana y la emisión de gases de efecto invernadero, según explicó el Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

El aumento acelerado de la temperatura media de la Tierra produce graves consecuencias, como la suba del nivel del mar, el cambio en las precipitaciones, la expansión de los desiertos subtropicales, las olas de calor, las fuertes nevadas y la extinción de especies. Todo esto tendría también una repercusión social: se estima que para 2050 habrá 500 mil migrantes ambientales, es decir, personas que deberán desplazarse de sus territorios por las condiciones climáticas. En este escenario mundial complejo, las universidades nacionales argentinas cumplen un rol importante en investigar el cambio climático y plantear posibles soluciones.

Plantarse frente al cambio

La Universidad Nacional de Villa María (UNVM) creó en 2019 el Observatorio Regional de Cambio Climático (ORCC), con el objetivo de “analizar eventos meteorológicos de carácter extremo, generar estudios locales sobre posibles fluctuaciones del clima y publicar informes de interés para la región”.

Según señaló uno de sus fundadores, el licenciado en Educación Ambiental y docente de la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables, Luis Enrique Tuninetti, el ORCC tiene dos ejes de trabajo: “Por un lado, tenemos a un grupo de profesores y alumnos que van a las escuelas primarias y secundarias a ejercer educación ambiental para dar a conocer este fenómeno mundial. Por el otro, queremos investigar la zona de Villa María para verificar si hay o no algún registro de cambio climático”.

El paso siguiente de la investigación será pensar estrategias de adaptación y mitigación para la región. Es decir, pensar de qué manera la zona podría adecuarse a los efectos nocivos del cambio climático y, a su vez, cómo podría contribuir en bajar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Tuninetti resaltó que desde el ORCC buscan “aportar algo para la zona” de Villa María, que sirva también como “información de base” para los estudios de organismos nacionales e internacionales.

En ese sentido, el ingeniero agrónomo, docente de la UNVM y fundador del ORCC, Fernando Primo Forgioni, destacó la importancia de abordar la problemática del cambio climático desde una mirada local. “Si bien están muy buenos los pronósticos que se hacen a nivel mundial o latinoamericano, el clima tiene la particularidad de que no se comporta en todos lados igual. Además, al haber muy pocos estudios de pequeña escala, se dificulta mucho hacer una mejor adaptación”, explicó.

La trayectoria en el tema les permitió a Tuninetti y Primo Forgioni ser convocados por el IPCC, el máximo organismo internacional que estudia el cambio climático, para colaborar en la elaboración del Sexto Informe de Evaluación. El IPCC es un órgano de científicos creado por la ONU, que periódicamente emite documentos para informar la situación climática del planeta, indicar cuáles son los potenciales impactos y sugerir medidas al respecto.

“Nuestra función es rever el informe que ya está previamente redactado. Lo leemos y podemos hacer una crítica al respecto o aportar alguna bibliografía anexa que nos parezca interesante para que los científicos que están trabajando en la realización lo puedan ver”, detalló el licenciado en Educación Ambiental. El ingeniero agrónomo, en tanto, resaltó que la convocatoria les permitió “dar a conocer aspectos del cambio climático desde una mirada local y lo regional, que de otros modos no se evaluarían”.

Primo Forgioni consideró la convocatoria como “un sueño hecho realidad”, mientras que Tuninetti destacó que la participación como revisores les sirvió para “aprender a trabajar en otros ámbitos” en los cuales no estaban acostumbrados. “Creo que lo principal, más que el aporte que pudimos a hacer nosotros al IPCC, fue el aporte que nos hicieron ellos a nosotros, porque trabajamos con investigadores de primer nivel. Hemos hecho relaciones interinstitucionales con gente de mucho peso, por lo que en realidad, los que salimos ganando en este proceso fuimos nosotros”, resaltó Tuninetti.

El ingeniero agrónomo destacó que en este proceso pudieron ponerse en contacto con investigadores del CONICET y del Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera (CIMA) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que desde hace años estudian el cambio climático. El objetivo que tienen es comenzar a trabajar en red.

La etapa de revisión del Quinto Informe ya comenzó, pero los villamarienses no están autorizados para adelantar el contenido. De todas maneras, Tuninetti afirmó que “el escenario es muy complejo a nivel internacional y latinoamericano”, por lo que “los sectores políticos y económicos deberán tomar acciones contundentes” para frenar el cambio climático.

“Desde mi punto de vista, estamos lejos de poder decir que vamos a solucionar este problema a mediano plazo. De seguir así, el escenario sería mucho más pesimista que el que estamos trabajando”, lamentó.

Un inventario de emisiones

Otra de las casas de estudio que realiza su aporte para la investigación del cambio climático es la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Regional Mendoza. El Grupo de Estudios Atmosféricos y Ambientales (GEAA) creó un inventario de las emisiones atmosféricas que hay en la Argentina, que tiene en cuenta la generación de gases de efecto invernadero.

La investigación fue dividida en tres etapas: primero se concentró en las emisiones vehiculares, luego en las emisiones provenientes de todo el consumo energético, y por último, en las emisiones propias de la actividad agrícola-ganadera. Las tres fases fueron plasmadas en un atlas georreferenciado.

El estudio reveló que las actividades que más gases de efecto invernadero generan en el país son la producción de energía, con el 53 por ciento, y la agricultura, con el 39.

Analizado geográficamente, el mayor grado de emisiones se genera en las zonas rurales o periféricas del país, aunque las zonas urbanas también tienen un amplio grado de responsabilidad: son las principales consumidoras, y a su vez, emiten estos gases a través de actividades como el transporte o el consumo de energía en las viviendas.

Según explicó el docente de la UTN y director de GEAA, Enrique Puliafito, la Argentina se encuentra “en la media mundial” de emisiones de gases de efecto invernadero, como son el metano, el dióxido de carbono y el óxido nitroso.

El investigador consideró que para reducir estas emisiones, es necesario que las personas “se replanteen el consumo” y eviten la compra de productos innecesarios. “Por ejemplo, Estados Unidos tiene un consumo de diez a doce veces mayor que un argentino medio. Yo no me imagino consumiendo diez veces más de lo que ya consumo. Creo que es una cuestión de conducta”, advirtió.

El grupo de investigación espera que el inventario de emisiones sea utilizado en la elaboración de modelos globales de cambio climático. En ese sentido, Puliafito resaltó que su objetivo es que “la base de datos quede a disposición de cualquier usuario internacional” que lo necesite, como puede ser el IPCC.

La Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) también realiza su aporte para mejorar el estudio del cambio climático. El docente del Departamento de Física e investigador del CONICET Manuel Pulido desarrolla desde 2004 técnicas de asimilación de datos, que permiten combinar y relacionar la abundante cantidad de información disponible acerca de mediciones atmosféricas.

“Existen muy diversos instrumentos que están midiendo el estado de la atmósfera y mil millones de variables que se están estimando permanentemente. Esto es un problema enorme desde el punto de vista computacional. Es necesario combinar muy rápido todas esas mediciones que se están realizando, procesarlas y dar la mejor estimación del estado de la atmósfera. Esto permite mejorar el estudio del cambio climático y también realizar mejores pronósticos”, explicó Pulido al Suplemento Universidad.

El docente de la UNNE señaló que las técnicas de asimilación trabajan “en la generación de un dato lo más preciso posible” acerca del estado de la atmósfera, y esta información es utilizada luego para el estudio de diversas áreas, como puede ser el cambio climático.

Las técnicas de asimilación de datos utilizan la inteligencia artificial y “usan las incertezas de cada fuente de información para tratar de mejorar la estimación” del estado de la atmósfera. Es decir, “tratan de predecir el estado de la manera más precisa posible a través del conocimiento de los errores de cada una de las observaciones”.

El rol de las universidades

Pulido advirtió que Argentina “necesita mucho el desarrollo de la investigación sobre cambio climático”. “Lo que sucede es que tenemos muy concentrado el estudio sobre la temática en muy pocos lugares, principalmente en Buenos Aires. Es muy importante que empiece a haber investigaciones sobre esta área en distintos centros, para poder colaborar en el desarrollo de cuestiones regionales”, destacó.

Tuninetti, el docente de la UNVM, coincidió en la importancia de que las universidades estudien el cambio climático, que es “el gran problema a resolver a nivel internacional”. “El sistema universitario debe tenerlo como línea prioritaria de investigación y trabajo para ayudar a los políticos a que toman las decisiones acordes a datos certeros”, señaló.

Primo Forgioni, por su parte, consideró que el estudio sobre el tema “se tiene que repetir en todas las universidades del país, sean grandes como la UBA, o pequeñas como la de Villa María”.

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