Quince años de ladrones, supehéroes y zombies

Cinco veces Oyola

Siete y el tigre harapiento

2005

El debut de Leo OYola fue a la grande. Acreedora de la primera mención al premio Clarín de Novela en 2005, mostró a un autor precozmente hábil en el uso de la jerga de los bajos fondos (aunque fuera de la Buenos Aires de principios del siglo pasado) y ya interesado en la cruza del humor negro, la cita pop y la ética malandra. Con aires de Roberto Arlt y de su maestro Alberto Laiseca, Oyola plasma con ambición propia la disputa a todo o nada entre una orquesta de bandidos y un inspector milonguero y sagaz que hace quedar a Sherlock Holmes casi como un carlito.

Chamamé 

2008

Pocas cosas duelen más que la traición, dicen. Y poco cosas generan más morbo o interés. Con la ruta 14 y el Litoral como escenario de operaciones, Oyola narra el apogeo y caída de una hermandad entre dos piratas del asfalto (Perro y Pastor) que no piensan parar hasta ver cada uno bien vencido al otro. Con frases cortas que pegan como ganchos, capítulos puntuales que se elevan como cuentos (por ejemplo el que tiene a "Brilliant disguise" de Bruce Springsteen de fondo), Chamamé tal vez sea la mejor novela de Oyola. Su statement de las estrañas. Una roadmovie guaraní, tarantinesca, vertiginosa y pasional. Un sapucai que sigue haciendo eco.

Kryptonita

2011

La idea de un Superman nacido y criado en La Matanza es tan certera que cuesta creer que no se le haya ocurrido a otro antes. Oyola hace valer ese ese gol de mitad de cancha corriendo el punto de vista de Nafta Súper (el Superman bonaerense) hacia sus compañeros de la banda (delictiva). Así, hablan por él, cada uno con su modos: El Federico (Batman), Lady Di (La Mujer Maravilla), Faisán (Linterna Verde), Ráfaga (Flash), así como también Corona (El Guasón). Una novela coral y conurbanesca que hace del universo DC un grotesco neo discepoleano y de los superpoderes, una carencia que no se extraña.

Nunca corrí, siempre cobré

2016

Siempre dedicado a la ficción, Oyola fue regando a cuentagotas diversos relatos de raíz biográfica en antologías, revistas, diarios y publicaciones ya extintas. Reunidos en un solo volumen y en orden cronológico (arrancando con un pequeño Leo de nueve años en Isidro Casanova y cerrando con un ya curtido Oyola escritor que despide a su entrañable mentor Laiseca) logran emocionar y entender mejor y de manera tangencial de dónde vienen varias de sus historias y obsesiones. El cuento en el que tres generaciones de Oyola (abuelo, padre y nieto) viven un sábado de aventura, riña y galope a campo cruzado en Tucumán, es casi un Stephen King rural. Una joya titilando en el firmamento de su escritura.

Ultra Tumba

2020

¿Carcel de mujeres y zombies resucitados por evangélicos? Claro que sí. Oyola arma un rompecabezas de mujeres de armas tomar y corazones tironeados por sus desengaños cotidianos. Hay un romance imposible entre una guardiacárcel y una interna que un poco estructura la novela, pero también otras tantas historias secundarias que componen una especie de apocalipsis intra-muros donde lo que más vale no es la vida en sí misma sino el honor, la venganza, los códigos y la amistad. Al no haber armas de fuego, Oyola se luce en el despliegue de enfrentamientos marciales con peleas coreografiadas a lo Kill Bill mientras por los costados una horda de muertas vivas avanza y cierra el círculo. Sentimental y sin cadenas sobre los pies.

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