ENTREVISTA A MONICA SANTINO 

La vida es villa

Mónica Santino, fundadora de la organización social, feminista y deportiva La Nuestra en la villa 31, analiza la situación real y cotidiana que se vive en cuarentena. ¿Cómo seguir los lazos sin la posibilidad del cara a cara? ¿Cuáles son las principales preocupaciones? ¿Qué se sabe de situaciones de violencia de género? ¿Cómo se sufre el #QuedateEnCasa para la población lgbti cuando eso implica quedarse en el closet?  

 

Llegamos a la semana 11 de aislamiento social preventivo y obligatorio. Lo que más le duele a Mónica Santino es no poder estar en la villa 31 sosteniendo con la mirada en vivo los vínculos que construyó en el equipo que fundó hace 13 años, La Nuestra, organización social, feminista y deportiva villera. Es que la profe Santino entró en grupo de riesgo y tiene que guardarse en su casa de Boedo. Por estos días le cayó la ambulancia de emergencias privadas y el tensiómetro saltó por las nubes, quién no se muerde los codos más que chocarlos con otros, en medio de la pandemia mundial. Pero ella no está quieta. Se las arregla para llegar al barrio en forma virtual y coordinar por zoom la logística de la organización.

Como referente lesbiana del movimiento lgbt, Mónica Santino tiene la experiencia de haber coordinado ayuda durante la larga pandemia del hiv en los 90, cuando ni por asomo se vislumbraba el cóctel de drogas para salvar vidas (que llegó recién en 1996). Le puso el cuerpo en aquellos años junto con la CHA y la jefa de enfermeras Rosa Farías en las salas del hospital Muñiz, algunas de aquéllas, reconvertidas hoy en pabellones para atender pacientes con covid.

En la semana 7 de aislamiento, La Nuestra ya estaba dando respuesta a las necesidades a 70 hogares de la villa 31 de Retiro, hoy oficializada hoy como barrio porteño con el nombre del cura Carlos Mugica.

“Nos preguntamos mucho cuando comenzó la pandemia y tuvimos que entrar en cuarentena, cómo hacer para seguir juntas, cómo sostener el abrazo y mirarnos. Porque eso es lo que hacemos cuando estamos en la cancha, que es nuestra forma de ser juntas en manada. Nosotras no somos un grupo que va a la villa a hacer asistencia y a tirar la pelota sino que construimos un armado colectivo de feminismo villero, un proyecto entre nosotras con horizontalidad y sororidad, pero llevado a lo concreto. Algunas vivimos en el barrio y otras, no, pero somos parte de ese armado y esa forma de ser. El primer shock fue cuando recibimos las noticias de los primeros tests de covid que dieron positivo, saber que a tal y cual vecinx de la villa lxs llevaron a aislarse en un hotel y lxs hijxs quedaron solxs en la casa. Alguien tiene que decir que hay viviendas nuevas en la villa, que hizo el Gobierno de la Ciudad y nadie ocupa. Esas viviendas podrían ser un desahogo inmediato en este momento”.

Mónica busca un espacio donde pueda estar tranquila un rato –porque también hay una familia que atender, hijas que ayudar con tareas de la escuela y trabajo doméstico que compartir-, se ceba un mate con yerba Sara suave (no hay con qué darle a la yerba uruguaya) y a partir de ese momento, a ponerle el pecho a las novedades de la pandemia en la villa 31, vía zoom.

¿Cómo hacés para coordinar a distancia?

Si no te ordenás primero, no podés. Lo primero son las reuniones permanentes con La Nuestra. Eso es a diario y a demanda. Organizamos la recolección de ropa de invierno y la compra de alimento. Sabemos que esto va para largo. Primera necesidad es lo que tiene que ver con comida y con artículos de limpieza. Después viene la reunión ampliada con las organizaciones que nos ayudan con la asistencia. Con el Frente de Género de lxs trabajadorxs del Congreso que consigue los bolsones de verdura del Mercado Central. Los artículos de limpieza los provee la cooperativa Burbuja Latina, algunxs de cuyxs integrantes son lesbianas y trans. También sigo en contacto con la Red Deporte por el Cambio Social y sostenemos las reuniones con los espacios virtuales para pensar género y deporte. Ahí nos planteamos cómo mantener el vínculo deportivo en estas condiciones.

¿Están organizando el después de la pandemia? Porque ahora mucho no pueden hacer.

Pensamos que es necesario volver con la revalorización del laburo de género que hacemos, pero no tenemos idea de cómo será. En este momento, la situación concreta es que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está sellando las canchas de los barrios para que no puedan abrirse. Porque a pesar de todo lo que estamos viviendo y de que la gente sabe que tiene que cuidarse, lo más difícil es impedir que se junten a jugar. Fijate lo que pasó en Villa Azul, es muy probable que el contagio se haya dado por juntarse a jugar en la canchita. En la villa hay pocas posesiones materiales. Una de las pocas cosas que hay es reunirse para disfrutar un partido de fútbol. Así que por ahora tenemos más preguntas que respuestas. Lo concreto se canaliza por otro lado, por el reclamo ante problemas concretos urgentes. La asamblea feminista cumple un papel importante en activar estos reclamos. Son reuniones virtuales que se amplían a otras villas, como la 21-24 de Barracas. Las urgencias más fuertes son lxs hijxs que quedan solos, la situación de las mujeres a cargo de los comedores y la falta de agua en algunos sectores. Todxs sabemos que la primera víctima fatal en las villas fue una mujer que peleaba para resolver estos problemas, Ramona Medina.

¿Cómo está afectando psicológicamente en la villa el aislamiento? No me refiero a la angustia que puede provocar el encierro sino a la que provoca la falta de recursos económicos.

En la villa es diferente. Acá es cuestión de vida, no de plata. Lo que genera mucha angustia es tener a un ser querido internado. Por ejemplo, una compañera que tuvo al papá internado y se recuperó, pero su mamá sigue gravísima en terapia intensiva. Porque en la villa tu familia, tus seres queridos, son todo lo que tenés. Tus posesiones son lo corporal que podés abrazar.

¿Cómo están viviendo la situación las lesbianas de la 31?

Las lesbianas que viven o que trabajamos en la villa somos parte de una multiplicidad de identidades junto con trans, no binaries y mujeres cis, que sufrimos situaciones particulares durante el aislamiento. Somos un manojo de diversidades y formas de ser en el mundo. Es muy complicado no poder verse cuando no se vive bajo el mismo techo. Pienso especialmente en las jóvenes que no son completamente abiertas dentro del grupo familiar. Se va tejiendo un grado de complejidad enorme. Todo lo que estaba mal se pone peor.

¿Hubo situaciones de violencia?

No sabemos todavía lo que pasa dentro de esas casas. Estamos corriendo con la distribución de lo más elemental para comer, vestirse y limpiar. A una compañera trans con neumonía no la quiso trasladar una ambulancia privada que tiene por su cobertura laboral, porque todavía no hizo el cambio de nombre en el documento. Las chicas de la Casa Trans Villera aún desconocen el paradero de compañeras que fueron internadas con covid. Y aunque digan que ya hay agua en la villa, en algunos sectores sigue habiendo baja presión y en otros sale marrón.

¿Dónde por ejemplo?

Hay poca presión en el bajo autopista (la 31 bis) y siguen estando en la lona en el asentamiento nuevo, que llaman manzana 30. Tenemos la bronca de que la ola de contagio se haya desencadenado por la falta de agua, porque en el plan de construcción del Gobierno de la Ciudad no entraba el diseño de protocolo de Aysa para cumplir con la llegada del agua. En la ciudad más rica de la Argentina es terrible que la gente se muera porque no se puede lavar las manos. Eso es violento. Y podés pensar cosas feas muy maquiavélicas en torno a esto. Y mientras tanto, la gente se organiza y arma escuadrones que salen a limpiar las calles y las rejas de las casas con lavandina. Mientras, te enterás de los traslados de las chicas a los hoteles, donde hay problemas con la comida. Una chica nos mandó una foto de un flan que le dieron, que tenía una cucaracha. Hay comida en mal estado, guisos con mucha grasa. También te enterás de las familias que quedan aisladas con covid dentro de la villa, y hay que organizarse para alcanzarles lo que precisan.

De las chicas de La Nuestra, ¿qué porcentaje cobra AUH, IFE o logró acceder a los créditos con tarjeta?

Nadie sacó el crédito. Las chicas tienen tarjeta de débito, pero no de crédito. AUH cobran las que tienen hijxs. Y poco más de la mitad de las futbolistas accedieron al IFE. Fue un problema la desorganización del comienzo. Hubo muchos contagios entre la gente que fue a cobrar, por la falta de distancia social y de agua.

El 3 de junio hubo toda una movida feminista, pero no pudimos salir a las calles como en los años anteriores. ¿Cuáles son las consignas y reivindicaciones principales del feminismo villero, en esta situación de pandemia?

La consigna principal es “Sin agua ni luz no hay Ni Una Menos”, emergencia sanitaria ya, basta de femicidios y travesticidios – la violencia no está en cuarentena, inclusión de derechos de trabajo para mujeres, trans y travestis, “nosotras estamos en la primera línea – trabajadoras somos todas”. Y esta última, que es muy sentida por las feministas villeras: Que Larreta no nos deje sin Ramonas.

Pronto se viene el documental de La Nuestra TV sobre la pandemia, en su canal de Youtube. Urbana TV le presta al equipo su estudio de grabación. Para donaciones, pueden enviar mensaje en Facebook a la página de La Nuestra Fútbol Femenino.

 

 

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