Homo Contenedor

Desde Barcelona

UNO A diferencia de Bob Dylan, yo no contengo multitudes. Dylan contiene todo lo que pasó antes y lo que sucederá después. Yo apenas contengo a Rodríguez. Y a veces ni eso, ni a él. Difícil controlarlo y si bien (como solía indignarse/irritarse Vladimir Nabokov con los escritores que decían perder el control de sus personajes y seguirlos/escribirlos a ciegas) no es que Rodríguez se me declare en rebeldía o me exija independencia. De hecho, Rodríguez no es plenamente consciente del hágase mi voluntad; aunque en las noches oscuras de su alma sospeche de que algo raro está pasando y que ese algo le pasa conmigo. Pero por lo general lo dejo hacer y pensar y entrar y salirse con la suya y, sí, Rodríguez no soy yo. Y, como prueba de ello, evidencia incontestable: Rodríguez no soporta a Bob Dylan, mientras que a mí Bob Dylan me hace todo más soportable sabiéndolo más allá de todo pero, por suerte, todavía por aquí.

Así que --sólo para molestar/inquietar a Rodríguez-- impongo que al fondo de esta entrega del rendido Rodríguez suene "I Contain Multitudes" del contenedor y multitudinario Bob Dylan.

DOS Y si algo tiende a unificar todas las formidables canciones del nuevo álbum de Bob Dylan --Rough and Rowdy Ways-- es una manía referencial y arrebato enciclopédico donde él se lleva todo a su casa. Y allí todos se mezclan y se centrifuga todo con frenesí de perverso polimorfo. Y Dylan (recordar, entre tantas auto-metamorfosis su paso de laprotesta-acústica a la electricidad-visionaria próximo a serbiopic con cara de Timothée Chalamet) siempre fue así. Y ahora lo es más que nunca. El suyo es el placer evangélico de señalar estilos filtrados por su style y sitios y no sites a los que llegar. La noble hiper-multi-contención en tiempos de bastarda hiper-mega-conexión.

Así, Dylan siempre avisa por anticipado pero mirando atrás y abarca y junta y reúne y relaciona y comprende y comprehende. Multitudes, sí. Nombres propios e impropios, hechos históricos y deshechos histéricos cruzando el Rubicón rumbo a la soleada pero crepuscular tierra prometida y cumplida y final en la magnífica "Key West (Philosopher Pirate)". Delicadamente noir y una de las mejores argumentaciones jamás escritas y cantadas sobre el llegar a viejo y sabio y donde --después de las Lowlands y luego de las Highlands-- se alcanzan las Flatlands.Ysuena esa última radio que sólo escuchan los que saben oír y hacerse oír. Allí,entre tantos otros, Shakespeare, Julio César, Kerouac & Co., Anne Frank, Poe, Jimmie Rodgers, Indiana Jones, John Prine, JFK, Jimmy Reed, Patton, Chopin, Offenbach, Brando, Jimmie Rodgers, Marilyn Monroe, Martin Luther King, Pacino, Marx, Frankenstein, Freud, Scarlett O'Hara, Bo Didley, William Blake, Houdini, Warren Zevon, Buster Keaton, Billy "The Kid" Emerson, Fleetwood Mac, William McKinley, The Eagles, The Who, The Rolling Stones y The Beatles y, por supuesto, Bob Dylan y su inspiradora e inspirada Madre de Musas. Pasen y escuchen y hay más lugar al fondo. Y así es que cada vez que escucho allí "Everything's flowing all at the same time / I live on the Boulevard of Crime" yo me sienta también un poco contenido y aporte a alguien más a la multitud y oiga "Everything's flowing all at the same time / I'm locked down now on Slaughterhouse-Five" y perdón, piedad, no soy digno, no volveré a hacerlo.

Y un poco así (pero en versión desordenada e ignorante) está por aquí lo de la supuesta realidad que --Nabokovredux-- es ese término que debe escribirse siempre entre comillas. Lo mismo que "normalidad" sobre todo si es "nueva". Todo y todos juntos ahora y sin ninguna distancia de seguridad y, sí, con modales bruscos y ruidosos. Así que la idea es la de adiós al Estado de Alarma del país y hola al Estado de Alarmado del individuo. Transferencia de responsabilidades e irresponsabilidades y algo le dice a Rodríguez que el próximo Halloween va a tener mucho más miedo que ahora y que el disfraz de recontagiado de covid-19 va a ser aún más popular --porque es aún más barato-- que el de zombi: basta por andar por ahí, tosiendo, con sonrisa rara y mendigando trucos efectivos para poder pagar treta de deudas impagables. Y Rodríguez --¿cómo? ¿por qué?-- se acuerda de un concierto, en Halloween '64, en el que Dylan le pidió a su público que no se asustase, y anunció que llevaba puesta su máscara de Bob Dylan. Sí: Bob Dylan alias El Hombre de las Mil Caras; de las mil caras de Bob Dylan, se entiende.

TRES Lo de "Contengo multitudes" en la canción que abre Rough and Rowdy Ways es, claro, obvia cita a Walt Whitman cantando a sí mismo. Pero --y aquí el tipo de la más irrompible de las voces rotas se atusa ese bigotito sobre sonrisa torcida-- es también el título de un muy popular manual/ensayo sobre microbios y bacterias. Es decir, es cantar: nada contiene más multitudes por estos días que el covid-19 (o viceversa). Y, días atrás, en una entrevista, Dylan se refirió al asunto como "invasión" e "indicador" de lo que se viene; pero se resistió a diagnosticar a la pandemia en "términos bíblicos" para preguntarse un "¿Te refieres a una especie de señal de advertencia para que la gente se arrepienta de sus errores? Eso implicaría que el mundo se enfrenta a algún tipo de castigo divino" y aventurar un "quizá estemos a las puertas de la destrucción" porque "la arrogancia extrema puede traer castigos desastrosos" concluyendo que "hay muchas formas en las que se puede pensar sobre el virus. Pero creo que, simplemente, hay que dejarlo seguir su curso". O para decirlo como alguna vez se lo dijo "To Ramona" y lo cantó esa Noche de Brujas en el Philarmonic Hall de New York hace más de medio siglo: "Todo pasa. Todo cambia. Tan solo haz lo que piensas que debes hacer".

Bob Dylan lleva décadas haciéndolo.

En cualquier caso, hoy más de uno desobedecerá la prohibición de encender las ahora y por fin apocalípticas hogueras de San Juan en las playas de esta noche y el próximo 27/28 de junio se acaba (de nuevo) el mundo según (una vez más) el --ojalá-- falso profeta Nostradamus. Quién sabe... Pero sí es indudable que todo parece un Paseo de la Desolación. Un sitio sitiado del que zarpa el Titanic y donde pasan muchas cosas y no se entiende demasiado todo eso que pasa mientras todo luce cada vez más luminosamente sombrío.

"No ha oscurecido aún, pero falta menos", cantaba Dylan en otro disco excelente (grabado en 1997, justo antes de que, siempre adelantado, casi muriese luego de respirar accidentalmente mierda de murciélago durante sus paseos junto al río cerca de su casa) pero no tan bueno como Rough and Rowdy Ways, que también podría haberse titulado Mind Out of Time. Y Rodríguez piensa: "¿Por qué pienso tanto en Dylan si a mí nunca me gustó?". Y tiembla un si no será otro de los cada vez más numerosos síntomas de este coronavirus que ha sido lo único capaz de detener al Never Ending Tour de este Judío Errante casi octogenario y completamente Nobel. Y la respuesta, claro, es que el covid-19 está blowin' in the wind, en el viento idiota, en lo que el viento se llevó y se lleva y se llevará; mientras el desde siempre apocalíptico Bob Dylan fue y vio y venció y volvió a volver y permanece bajo la más fuerte de las lluvias.

Sin paraguas pero con pararrayos.

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