La milonga del Loco Abreu

Es sábado, apenas abre el chino, ocho y media, Esteban cruza a buscar galletitas de grasa para el mate. Está en jogging, crocs y medias. Ya es invierno, hay pandemia, covid19 y algunos se han relajado tanto que ve muchos vecinos sin tapaboca, o en grupos y sin distanciamiento. Esteban piensa que quizá dejamos de leer demasiado pronto “La peste”, de Camus, y volvimos a la autoayuda, y eso también es un error sanitario. Piensa en una nueva utopía natural y salvaje que consistirá en que cada vez que alguien pronuncie la palabra “asintomático”, nacerán dos runners.

Si tenemos en cuenta cómo va vestido, la pandemia y el frío, todo parece más desangelado porque nada combina: crocs, medias, frío, pantalón de jogging, bizcochitos de grasa. Ni bien entra al local se pone a discutir con el carnicero el aumento del pollo y mientras el hombre le carga una bolsa con alitas, le dice sonriendo: “el precio vuela”. Esteban le acepta la metonimia y también sonríe, justo en el momento en que una clienta lo confunde con Wu, el repositor, su amigo. Esteban le dice que no a la mujer. No, pero ella igual le pregunta dónde están las galletas de arroz. Perdone, dice la clienta, con el barbijo, parecen todos iguales. Esteban le indica la góndola de al lado, de panadería, y se hace el chino, en pequeña venganza, detrás del tapabocas le farfulla: Yōngyī, shonshí… La mujer agradece porque no sabe mandarín.

Cuando él llega a la caja, Xia le dice que quiere que la lleve a conocer la noche rosarina. ¿En pandemia? Abrieron algunos bares hasta las once de la noche, pero… ¿Y a mí? –piensa, pero no lo dice-.¿A mí quién podría hacerme conocer la noche rosarina? ¿Existe eso… la noche rosarina? Quizá ella me la revele, -piensa, pero no lo dice.

La clienta vuelve hacia la caja y otra vez pregunta por las galletas de arroz. Dice que no las encontró. Los interrumpe sin pedir permiso. A Esteban le parece que algo de su familiaridad con Xia le molesta a la mujer. Tanto, que la mujer le vuelve a preguntar si él es oriental. --¿Tiene el tupé de preguntarme si soy oriental? Usted me lo pregunta con el mismo afán sobre el arameo o la fórmula del litio.

--¿Meo litio?

--Sabe qué… sí, soy oriental, uruguayo - y sonríe.

Entonces la deja pasar adelante en la caja con la excusa de que le faltan fósforos. Fósforos y una molotov, piensa, tratando de que la mujer se vaya. De niño, él creía que si pensaba algo malo, sucedía algo feo. ¡Qué niño no tiene algo de Carrie! Pero Esteban nunca pudo gobernar ese deseo o poder, y a menudo, la acción mala o fea, le pasaba a él. Aún le sucede.

La señora sigue hablando, porque da la casualidad que su abuelo era uruguayo, como Gardel, dice. Esteban replica: como el Loco Abreu, para despistarla. Y sin embargo, la mujer no abandona. No sabe quién es Abreu, pero quiere insistir con la tesis del Gardel uruguayo. Esteban vuelve a pensar algo feo y le sale algo horrible, recuerda lo del oncólogo de Lorrie Moore: –Señora, usted, además, es Yōngyī, shonshí…

Xia, en la caja, se sorprende y hasta se ofusca un poco. Sabe que Yōngyī quiere decir charlatana. ¿Charlatana?, le pregunta ella en chino a Esteban y lo escribe en un folleto de Avón que estaba hojeando. Él asiente con la cabeza. Sin embargo Wu también lo escuchó y sonríe. Primero de rabillo y después con una carcajada china, un leve jijí que le airea los dientes. Y Wu repite: Yōngyī…

La mujer está sorprendida porque no entiende el término. Entonces Esteban le dice: charlatana. Que habla mucho. Que los uruguayos son más bien parcos, ensimismados, lacónicos y usted habla hasta por los codos. La mujer le pregunta otra vez si él es chino, o por qué habla en chino. Esteban le dice que es para entenderse mejor con ellos. Sobre todo con Xia, dice, y sin ambages agrega: --Esta noche iremos a bailar con ella, con Xia.

Xia ahora sonríe y la clienta pregunta adónde va a llevarla si está todo cerrado por la pandemia. Esteban dice: –A la milonga del Loco Abreu…

–Ah, claro, los uruguayos son tangueros, como Gardel.

–Es cierto, pero al menos no son shonshí, como otras personas que abren tanto la boca que podrían tragarse una nube de covid19. Pero la mujer ya se ha ido. Desde la carnicería llegan ecos de shonshís y Abreus.

–Basta, basta… dice Xia enérgica. No diga Yōngyí en salón (sin tutearlo, a él se lo dice). ¿Iremos al tango tu casa?

–Sí, vamos a ver bailar tango.

–¿Vos bailas?- el pronombre argentino, el verbo español.

–No, yo miro.

–¿Abreu…?

–No. Gardel.

–¿Por qué decir charlatana a clienta…? Muy mal.

--Ella es asintomática.

--¿Vos enfermo…?

--Con síntomas.

-¿Por qué dice charlatana a mujer…? Vos feo, choulou, mal vestido hoy.

–Porque estoy al lado tuyo, se nota mucho la diferencia.

 

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