La normalidad del aislamiento obliga a cambiar radicalmente vidas y proyectos, y lo que surge a veces es impensable

Con nuevas vidas durante la pandemia

Luciana-Carlota, de payasa de hospital a payasa de pantalla

“Lo que me queda claro de esta pandemia es la necesidad de la vida con otros” dice Luciana Wiederhold. Es actriz y es clown. Trabaja mucho como payasa de hospital. Dirige obras de mujeres clown, y es profe de teatro en escuelas primarias de CABA. Todo esto cambió con la pandemia. Y aunque valora las herramientas virtuales, mantiene su apuesta por “la grupalidad”.

Su clown se llama Carlota “por una muñeca pepona y regordeta, como yo –explica-, y ahora me ayuda en clase. Los alumnes no conocían a Carlota. Ahora pregunto '¿quieren más a Carlota que a Luciana?'. Y dicen: 'Siii…' Siempre pasa con un alter ego”, se ríe.

-¿Qué estabas haciendo antes de la pandemia?

-Con el grupo Estado Payaso teníamos mucho laburo como payasos de hospital. Nos interesa ese espacio. Hay un cambio en cómo es el lugar cuando llegamos y cómo está cuando nos vamos. Buscamos despertar la imaginación, la creatividad. Entramos a una sala y decimos: "Listo, ya podemos nadar" y cambia la referencia. Unos niñes se meten a nadar con nosotros. Otros miran y después dicen: "¡Me están mojando!". Nuestro objetivo es transformar el espacio hostil en un ámbito ameno, lúdico.

-¿Trabajan siempre con niños?

-En internación y en terapia sí. En salas de espera y en el camino también con adultos. También vamos al Moyano, tenemos buena relación con las internas, son siempre las mismas, como las enfermeras, la gente de limpieza, los terapistas. En el Gutiérrez o en Clínicas las intervenciones son más cortas. En general son muy amorosos y nos reciben bien.

-¿Cómo empezó tu vocación payasa en relación al hospital?

-Fui payasa fundadora de Alegría Intensiva por siete años, después armamos nuestro grupo como manera de crecer y ser "mujeres-mejores", diría Alberto. Me interesó desde el principio porque todo cambia con la nariz. Los niñes son maravillosos, de una generosidad enorme a pesar del dolor. Por eso ver un niño hospitalizado es un bajón, no tendrían que estar ahí.

- ¿Cómo se modificó esto con la pandemia?

-Decidimos hacer videos. Es difícil, pero tratamos de encontrar situaciones transformadoras en espacios como el zoom. Como el payaso resuelve mejor que las personas, nos juntamos en zoom y empiezan a pasar cosas: te quedas congelado, o mudo. De eso se alimenta el payaso, del fracaso de la comunicación, de la torpeza. Y empezamos a hacer cuentos y canciones con eso. Un video sobre el uso de las cejas, surgió así y gusta mucho.

-¿Ustedes hacen sus propios videos?

-Editamos, ponemos música, es una nueva herramienta de trabajo. Una terapista llevó uno de los primeros al Moyano y las internas se pusieron contentas. Eso nos motivó y subimos otros a nuestro canal. Los comparten colegios y jardincitos y nos propusimos compartirlos en hospitales. Es difícil porque ahí no hay redes de wi-fi libres, pero ayudan los médicos, enfermeros y psicólogos. Ojalá se modifique.

-¿Trabajan en forma individual y luego editan?

-Los videos son grupales, vía zoom, porque algo de la grupalidad va contra una tendencia de la pandemia al individualismo. Lo hacemos a conciencia, porque la solución no es aislarse y alienarse, sino aislarse, pero estar atentos a la necesidad de las personas. Reforzamos lo grupal, no hay videos individuales, sino que improvisamos en zoom, es lo que más nos divierte.

-Como profesora en colegios también cambió, supongo…

-El proceso es similar, tenía que hacer actividades por escrito. Pero había necesidad en los niñes por ver al docente. Le fui encontrando la vuelta. Con primer grado uso mi payasa para que intermedie. Y todo fue ajustándose, diría Piaget, primero fue escrito, después mandé un video, después pedí fotos, hoy me mandan videos, hay un ida y vuelta fluido. Pero la grupalidad es necesaria, y la virtualidad no es palpable, muchos niños todavía no encuentran su lugar en la grupalidad virtual.

-¿Y Luciana-Carlota, encontró su lugar en este nuevo mundo?

-Creo que sí, además, me gusta estar sola. Pero es raro, por momentos odio la pandemia y por momentos me encanta. No consigo una monotonía pandémica. Algunos días digo: "Qué bueno no tener nada que hacer". Otros días me angustia no poder salir. ¿Y por qué no puedo salir? ¡Ah… por la pandemia! Eso me orienta. 

Martín Druetta, de modelo publicitario a repartidor en bici

Martín estaba en Europa cuando se empezó a hablar de pandemia. Se iniciaba como modelo después de una campaña que lo tuvo en las gigantografías más vistas de Latinoamérica durante el verano. “¡Despierto!”, era el slogan de la bebida cola. Estaba en Milán y acababa de firmar con una mega agencia, cuando Italia comenzó a contabilizar de a cien por día, los casos de contagios. “La gente había empezado a exaltarse, pero funcionaba todo” recuerda. El joven de 19 años había llegado en enero a París, para la Semana de la Moda. Ya en Italia y en casa de su tía, comenzó a sospechar que era grave. El gobierno publicitaba “Milano no se cierra”. Pero a los pocos días se anunció lo contrario. Entonces, Martin Druetta, que había pasado fin de año a bordo de un avión “por los vuelos baratos” -sonríe-, decidió volver a Buenos Aires.

Tuvo complicaciones propias del cierre de fronteras. Pasó por Turín para llegar a París y tomar un vuelo que consiguió a último momento. “Terminó funcionando todo bien, pero yo tenía pensado quedarme seis o siete meses, fui sin pasaje de vuelta, proyectaba mi trabajo y esperaba la siguiente Semana de la Moda” explica, mientras toma un mate, “solo”, en la casa donde vive con sus padres, su hermana Ana y su hermano Tobías.

Martin mide un metro noventa y “ser modelo apareció de pronto, me llamó un agente al que yo no conocía, me insistió para hacer castings. En septiembre salió una campaña de jeans. No lo planifiqué, pero cuando pegué el estirón, a los 17, todos me empezaron a decir que tenía que ser modelo”, reconoce.

Ahora toma clases de fotografía, hace yoga y gimnasia .“Nunca había hecho ejercicio ni había tenido un período de tanta introspección”, dice. También a veces con su hermano, entregan alimentos en bici, para un comercio del barrio. “Ayudamos a gente que no puede que ir a buscar sus compras, nos turnamos -explica-. Está bueno la bici en la ciudad sin tránsito. Todo se percibe distinto, ves más de tres personas juntas y decís: ¿qué están haciendo? O cómo reaccionan, hay personas que, para recibir las compras, sacan solo la mano, una mano. Es raro”.

-¿Cómo tomaban en tu entorno en Italia, las primeras noticias?

-Al principio lo tomaban como algo liviano. Había un virus en China … era lejano. Y cuando llegó a Italia lo menospreciaban. Ya estando acá, cuando veíamos el sistema de salud saturado y que moría la gente, sentí alivio. Estaba en familia. Volví el mismo día que mi hermana, que estaba en España con amigas. Iban un mes y a los 4 días, se tuvieron que volver.

-¿Cómo ves hoy el tratamiento de la pandemia?

-Acá se trató bien. En Europa se lo trató mal. Yo sigo estando de acuerdo con la cuarentena, pero angustia el encierro. Aunque me gusta estar solo y en casa. Veo tele, o juego algún juego y se pasa. Pero me cuesta concentrarme. No puedo me puedo enfocar, me distraigo, pasan los días y me pierdo. Con mis amigos lo sufrí bastante, por más que hacíamos video-llamadas la distancia no se achicaba. Igual al principio todo era video-llamadas, para olvidar que estábamos lejos. Abrimos un drive y cada uno escribía algo. Eran maneras de juntarnos. Ahora aflojamos con las video-llamadas, estamos tratando de asumir que esto va a seguir un tiempo y cada uno tendrá que bancársela. No fuimos adaptando a la soledad, antes nos juntábamos, después vino un montón de video-llamadas, después casi nada, ahora solo mensaje.

-¿El encierro deprime o no poder planificar a futuro, qué angustia más?

-Es angustiante que esté tan impuesto lo productivo. Mucho se puede hacer desde casa, pero otras cosas no. Los que estudian o tienen trabajo o un proyecto, siguen, a su manera. Pero para mí, se congeló todo por un año y siento que a esta edad un año es un montón y lo podría estar aprovechando, si no fuera por esto. Estaba seguro que 2020 iba a ser un gran año… terminó siendo especial, pero no ¡un gran año!... –risas.

-¿Qué enseñanzas te deja esta situación?

-Me hizo pensar muchas cosas, como no tener ataques de ansiedad, entender que esto va a terminar en algún momento. Ser reflexivo y tratar hacia adentro de ser mejor persona, poder rescatar eso, es un aprendizaje. También trabajar mi paciencia, creo que estoy mejorando.

Etienne Esvant, de experiencia en el campo a una miniserie de agroecología

Etienne Esvant nació en París pero a los dos años su familia se trasladó a Buenos Aires. Casi treinta años después, el 29 de febrero, llegó a una finca agroecológica en Tunuyán, Mendoza, para hacer una serie de videos sobre la vida en el campo y aprender sobre el trabajo agropecuario en condiciones naturales: “Sin agroquímicos, en armonía con la naturaleza”, distingue. Ya había estado allí en octubre, durante el Congreso Nacional de Agroecología y conoció la finca de la familia de lugareños con los que hoy convive. Volvió a Buenos Aires para las fiestas. Y ya estaba de nuevo en la finca agroecológica, “cuando cayó la cuarentena –explica-. Yo tenía pensando quedarme un mes, pero van más de tres meses”. No se lamenta.

En la finca no se siente el encierro. Sin embargo, que hasta le parecía “surrealista escuchar lo que se decía de afuera”, cuando se decretó el aislamiento. Hasta fue al pueblo, y se sintió en cuarentena. “Fue la primera vez que vi a todos con barbijo. Ahí vi que era algo serio”, recuerda.

-¿Qué haces ahora, allí, en este tiempo extendido?

-Grabo videos y edito, y trabajo en la finca. Ahora con los caballos que antes se usaban para arar, como uno quedó libre y se acostumbró yo propuse volver a domesticarlo para usar el sulky y repartir los productos en el pueblo, es pintoresco. El sistema de trabajo es a cambio de techo y comida, voluntariado, se usa en todo el mundo cuando viajás porque en un hostel no intercambiás con gente del lugar. Lo hice muchos años. Y por eso vine, para conocer a la gente y trabajar en el lugar.

-Ahora muchos piensan ir a vivir al campo…

-Si, es la fantasía para cuando termine la pandemia. De hecho, yo dudo si volver a vivir a una ciudad como Buenos Aires. La ciudad tiene sus comodidades, pero depende de una gran red de suministros. Si se corta, queda al horno. Con la pandemia esto se hizo evidente. Por eso me interesa la agroecología, y su enfoque político de la vida. Porque busca la auto-subsistencia de los mercados locales y no depender de grandes empresas, lo contrario a las grandes ciudades.

-¿Pero te ves viviendo en el campo, tiempo completo?

-No me veo en una gran ciudad. Estamos viendo que no funcionan, hay que descomprimir un poco las ciudades. La idea es volver al campo y generar comunidades. Porque solo no podés, no es una transición sencilla y está muy idealizada. Pero tampoco es imposible. Los campesinos gestionan correctamente la vida en la naturaleza, para, nada más y nada menos que darnos de comer. Son la base de toda economía y la pandemia ha demostrado lo importantes que son.

-¿Hay más voluntarios en la finca donde estás?

-Somos seis voluntarios. Cuando llegamos era el tiempo de la cosecha de manzana, pero no podían traer trabajadores por la cuarentena, entonces hicimos la cosecha. Hicimos jugo. Etiquetamos jugos. Cosechamos chauchas, zapallo, plantamos ajo. Acopiamos madera. Ahora me voy a otra finca que conozco. Porque en la zona, una vez por semana se hacen ‘mingas’, se va al establecimiento de otras personas para ayudar. Los que reciben hacen una gran comida y en un día de ‘minga’ se avanza bastante para construir un techo, desmalezar o plantar árboles. Yo también cociné, hice pizzas con masa madre, quedaron buenas.

-¿Por qué te interesa hacer videos de agroecología?

-Porque en el colegio cuando estudiaba hicimos un documental de Chaco, de una actividad solidaria y los chicos se emocionaban. Vi que, por un video, en el pequeño mundo donde yo vivía, hubo un cambio. Decidí estudiar cine, fui investigando en temas como el cambio climático, y empecé a viajar. En Nepal conocí la permacultura, una agricultura que reconstruye los suelos y piensa en el hombre, creada por los australianos. En Francia la agricultura natural, de origen japonés. En España hice videos de agroforestería y viajando por el sudeste asiático pude hacer talleres, incluso uno virtual de agroecología, con el INTA. Ahí pensé en volver y trabajar en estas otras formas de hacer agricultura, mas naturales.

-¿De qué se tratan los videos que estás haciendo?

-Es una miniserie, se llama “Volver a la tierra” y tiene cuatro episodios: Los mercados, las historias de vida de gente que vive en la finca, uno de manzanas agroecológicas, y otro de reflexiones sobre la pandemia que ya tiene 2700 vistas.

Cristrian Inostroza, del colegio y el fútbol a Matrix Inmortal instagramero

Con 15 años, la vida de Cristian Leandro Inostroza transcurría entre dos actividades para él esenciales, el colegio agropecuario donde cursa tercer año, en el Alto Valle de Río Negro, y jugar al fútbol. En el barrio, con sus amigos del colegio o en el equipo Fiske Menuco de su ciudad, General Roca. Hasta que llegó la pandemia y sus hábitos cambiaron. En cuarentena se dedicó a las redes sociales y se convirtió en tendencia en el mundo virtual. “Algo que ¡nunca me hubiera imaginado!”, se asombra. La pandemia le enseñó “algunas cosas, pero lo que más me queda, es que uno solo no cambia el mundo, porque uno no camina solo”, reflexiona.

En YouTube, Cristian es Matrix Inmortal, tiene más de 2000 suscriptores y unas 8000 reproducciones. En Instagram, tiene más de 11.000 seguidores en su cuenta inostrozacristian_oficial. Una rareza entre las redes sociales no comerciales de su provincia. Si bien tenía su canal desde 2019, cuenta, lo masivo comenzó con un rap dedicado a Fernando Báez Sosa “que fue muerto en Gesell, por gente que mata por deporte”, se entristece Cristian.

Ahí cambio todo para él, porque hasta entonces, sus videos tenían visualizaciones, pero no el toque masivo que trajo el rap del santafesino Agustín Santamaría, el que las redes sociales transformaron en homenaje generacional en memoria de Fernando Báez Sosa. “Para que se haga justicia, no hay que olvidar”, advierte Cristian.

Como casi todo hábito adolescente, el mundo virtual de Cristian en pandemia comenzó como un desafío. “Pensaba que era imposible llegar a mil seguidores –cuenta sobre su ingreso a YouTube-, pero vi que algunos podían hacerlo y me creé un canal de mirando tutoriales. Aprendí a hacer los videos. El primero que subí tuvo 5 visualizaciones, era en modo privado. Pero el primero que subí público, ya tiene 2000. Es sobre Fernando Torres, por su último partido en el Atlético Madrid, otros son de Messi, ¡el ídolo!”.

-¿Sobre qué son los videos que subís?

-De fútbol y de rap. De las cosas que me gustan, hago videos de fútbol con música de rap, veo una jugada y ya estoy pensando la música. Me gustan algunos raperos. Me gusta WOS, me gusta Trueno. Trueno tiene un buen flow para rapear, y lo que dicen tiene mucho sentido, no son palabras vacías. La rima es un arte, por eso los sigue tanta gente. Se improvisa, si no, es como ir a la escuela y machetearte. Y dicen la verdad, sin vueltas. Con todo lo que pasa y lo que tengan a la vista, con sus pros y sus contras, te lo van a decir. Además, empezaron a rapear en las plazas y lograron llenar el Luna Park y otros escenarios grandes. Eso vale.

-¿Cómo hiciste para llegar a ser tendencia?

-Tengo amigos youtubers, uno de 600 mil seguidores, es peruano. Otro tiene 50 mil. Otro que tiene 3.000 visitas por hora, en todo el mundo. Algunos me han ayudado a que se conozca mi canal. Mis amigos del colegio también me ayudaron mucho. Les dije que me compartan y ahí me empieza a seguir un montón de gente. No me lo imaginaba. Pero se empezó a ver más cuando puse un rap dedicado a Fernando Báez. Fue un video distinto a los que suelo subir. Ahí la gente empezó a suscribirse. Yo lo compartí porque estuvo mal lo que le pasó a Fernando, mal, no queda otra palabra.

-¿Qué fue lo que te motivó a entrar a las redes?

-El cambio de la vida en esta situación. Pero con las redes, estamos entretenidos. Y hacer videos es divertido. Si lo haces rápido en dos horas tenés uno. Y la gente los mira porque les puede interesar y los entretiene. Por esta situación que estamos pasando, al estar encerrados, se producen ghetos. Esto te saca el aburrimiento y te conecta con los demás.

- ¿Qué te gustaría que pase cuando pase la pandemia?

-Terminar la secundaria, y seguir con YouTube y con Matrix Inmortal. Me gustaría volver a ver a mis amigos de El Bolsón, en especial a Franco, y ver a todos los de Torino, mi ex equipo de fútbol, porque en una época jugué allá. También quiero volver a jugar a la pelota con mis amigos del colegio y con mi equipo, Fiske Menuco, acá. Juego de 10, de enganche. Me gustaría ser futbolista, para ayudar a la gente. Ayudaría en mi barrio. Ayudaría a los comedores, en lo que sea que ellos, en los barrios, necesiten. Eso estaría bien. 

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