Sin vencimientos urgentes no hay apuro para cerrar el trato

Qué hará el Gobierno mientras negocia con el FMI

Tras el canje, otra pulseada que durará hasta el año que viene. Plazos sin presiones externas. El cronograma inminente. Las sesenta medidas pendientes de la pandemia.
"Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. "Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. "Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. "Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. "Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. 
"Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía.  

"Un arreglo rápido es un mal arreglo" comentan con voz audible en la Quinta de Olivos y en Economía. Para el canje de deuda que hizo Kirchner tardamos más de un año. Ahora menos de nueve meses y con pandemia" cronometra el presidente Alberto Fernández. En criollo, AF y el ministro de Economía Martín Guzmán se disponen para largas tratativas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin apuro, pero sin descanso tras haber metido un golazo con el cierre del canje de deuda privada sujeta a legislación extranjera

Como comentó en el suplemento Cash el economista Nicolás Zeolla, “el mayor logro de negociación es la obtención de un virtual período de gracia para los próximos cuatro años, entre 2020 y 2024”. Dicho a nuestro modo: se consiguió solvencia, oxígeno, gobernabilidad por varios años aliviados del agobio de los pagos faraónicos en divisas.

Sin vencimientos de deuda acuciantes carece de sentido correr hacia un arreglo atolondrado con el FMI. En el reportaje publicado también en este diario, Guzmán insinuó un cronograma sin dar detalles: “Tendría sentido que (la negociación) llegara hasta los primeros meses de 2021”. Aunque nadie lo diga on the record al Gobierno le vendría bien prolongar el plazo hasta bien avanzado el otoño…

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Cronograma urgente: Pensemos en ítems esenciales del cronograma de esos meses.

· Si labura contrarreloj 24x7, el Ejecutivo estará en condiciones de enviar al Congreso el Presupuesto 2021. No será “el plan” que pide el establishment pero sí un programa de acción. “El programa es el nuestro” enfatizó Guzmán un semestre atrás. Frase que le hubiera encantado al maestro Aldo Ferrer y que debe traducirse en la Ley de leyes, claro que acotada por las restricciones de la etapa.

· Fernández resolverá por decreto el aumento de jubilaciones que regirá desde septiembre inclusive. Las versiones que el propio oficialismo hace circular es que fijará un porcentaje único para todos los jubilados. Pero está sujeto a estudio. Puede cambiar, hasta el momento mismo en que el presidente firme la norma. Restan semanas, se paga en el mes que viene.

· Optimistas de Palacio suponen que habrá margen para establecer por ley cuál será la fórmula de actualización de jubilaciones que regirá desde el año próximo. El clima beligerante que impera en el Congreso (agravado por sobredosis de macrismo explícito y de zoom) arroja dudas sobre esa perspectiva. Habrá que ver.

Entre tanto, sin el pressing de acreedores ni “dead line” por delante, nadie imagina “bajar el gasto social” que supo ser el enemigo número uno del FMI, altri tempi.

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La pregunta de los miles de millones verdes: Argentina buscará prorrogar los plazos de pago con el FMI que tiene vedado conceder quitas. Los mecanismos factibles son dos: un acuerdo stand by por cinco años que despeje el panorama de vencimientos. O un plan de Facilidades Extendidas que puede llegar hasta diez años. La longitud del plazo es, claro, directamente proporcional a las exigencias del organismo.

Hasta hora, comentan Guzmán y sus allegados, la relación con el FMI y su nueva titular Kristalina Georgieva es “constructiva”. Desde las primeras conversaciones, desde el remoto pasado en que se reunieron, sin barbijo, en El Vaticano.

“La Unión Europea cambió --compara un alto funcionario del área política-- consensuó un programa de apoyo diametralmente distinto a su política respecto de Grecia y la crisis de 2008-2009”. Colige, entonces, que el FMI puede encaminarse en igual sentido en medio de la peste. El dato sobre Europa es correcto, la comparación peca de entusiasta o por lo menos de prematura.

La UE es una comunidad, Alemania la lidera y forma parte de ella. Los Estados miembros habían levantado sus fronteras, muchos tienen moneda única, todos un destino común. El FMI carece de bandera nacional, de fronteras, de vecinos. Y, hasta nueva orden, de corazón.

La pregunta de los miles de millones de dólares es, entonces, si el Fondo exigirá sus atávicas condicionalidades para cerrar trato. Sus predilectas para Argentina: reforma jubilatoria y cambios de legislación laboral, regresivos desde ya. Otros ajustes de “gasto público” parecen absurdos cuando es tendencia mundial acrecentar los dedicados a Salud. Y necesidad argentina sostener o elevar los de Educación y Seguridad.

En rigor, si de ajustar se trata, el porcentaje más alto del elevado y creciente gasto social se lo llevan las jubilaciones. Los jerarcas y burócratas del Fondo siempre apuntaron sus tijeras ahí. ¿Hay plafón cultural en plena pandemia para desamparar a los adultos mayores, sus principales víctimas? La pregunta flota en el aire: será objeto de la pulseada.

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Imprevisto e irrenunciable: El tándem Fernández- Guzmán amaneció concibiendo presupuesto equilibrado, sensible aunque contenido en materia social. La historia los indujo a implementar un gasto social récord. Imprevisto pero irrenunciable en el corto plazo, el único que existe. Nadie piensa en reducirlo, en suprimir el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) concebido para un solo pago. La necesidad lo metamorfoseó en bimestral. Se archivó velozmente, a pedido de los gobernadores, la hipótesis de achicar el universo de nueve millones de beneficiarios.

Hoy en día, en Trabajo y Economía se preocupan más observando la inflación corrida desde marzo que disminuyó el valor adquisitivo del subsidio. De aumentarlo no se habla, de momento y por fuera del cono del silencio.

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Cuando manda la pandemia: La construcción será base de las medidas reactivadoras oficiales. Se la viene concibiendo como parte de las sesenta medidas en cocción. Semanas ha, se pensaba dinamizarla contra la tendencia histórica: de la periferia al centro. Con base en las 21 provincias que estaban en fase uno, fuera del AMBA. La perspectiva se dificulta a medida que crece la cantidad de territorios con circulación comunitaria y consiguiente suba de contagios y muertes.
De cualquier manera, el gobierno dispone por primera vez de meses para construir política económica.

La terrible incógnita sobre la peste sigue abierta. Hasta que llegue el otoño se despejarán (o reconvertirán) algunas otras, trending topic durante el mandato de Fernández. Por ejemplo, “cómo jugará” el presidente estadounidense Donald Trump, principal accionista del FMI, en la negociación de la que venimos hablando. En marzo Trump podría ser presidente reelecto. O haber entrado en el pasado y suplido por el demócrata Joe Biden. O haber suspendido o desconocido el resultado de las elecciones. ¿America First, país bananero?

Una incertidumbre que demuestra cuán difícil es planificar en un planeta líquido sumido en una catástrofe económica- sanitaria que nadie previó y cuyo final nadie sabe. avizorar.

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