La primera fila de invitados, la etapa que se viene, la ausencia de Cristina Kirchner

La intimidad del Acto de Alberto Fernández en la CGT

Quiénes se sentaron adelante. La reunión posterior en el cuarto piso con sindicalistas y gobernadores. Y el pan dulce que a la mañana compró en la isla Martín García, donde visitó el lugar donde Juan Perón estuvo preso.
"El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro."El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro."El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro."El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro."El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro.
"El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande", dijo el Presidente luego del encuentro. 

Ya había terminado el discurso y Alberto Fernández pasó un buen rato en el cuarto piso de la Confederación General del Trabajo (CGT) reunido con gobernadores y sindicalistas para pensar en lo que cree es la próxima etapa de la Argentina. A la salida, habló unos minutos con los periodistas que cubrieron el acto por dentro. “Hice diez cuadras para llegar acá y la caravana que vi fue muy emotiva. Pero no se trata de ver quién hace el banderazo más grande: el acto de hoy tiene que funcionar como un punto de inflexión porque el odio nos posterga mucho”, dijo el Presidente. Promediaba un día largo que empezó con una visita a la isla Martín García, donde visitó el sitio donde estuvo preso Juan Domingo Perón y no se olvidó de comprar pan dulce; almorzó con parte de su entorno, fue el único ordador en el acto por los 75 años del Día de la Lealtad y se quedó reunido en el cuarto piso con gobernadores y sindicalistas.

A diferencia de la mayoría de los que encabeza el primer mandatario, este encuentro empezó puntualmente y cerró con la entonación de la marcha peronista a las 17. Cuando hubo finalizado el encuentro y le preguntaron por la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente se limitó a responder: “Cristina está”. Y estuvo, pero no presencialmente: se limitó a publicar un tuit con el siguiente texto: “Que la lealtad a las convicciones, al pueblo y a la Patria sigan inalterables en tiempos de pandemia. Con la misma pasión y con la misma esperanza”.

En la sede de la CGT, diez minutos antes de las tres de la tarde, una voz en off en el salón Felipe Vallese preguntaba si los gobernadores que iban a participar de manera remota desde sus provincias iban a aparecer con o sin barbijo. El salón, preparado para recibir a 50 personas en filas con separaciones de dos y tres asientos por el distanciamiento social que impone el coronavirus, ya tenía los nombres asignados para los que iban a a ocupar de manera presencial la primera fila: los elegidos para mostrar el abanico que representa el Frente de Todos fueron el secretario general de la CGT, Héctor Daer, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero (que cambió su habitual barbijo del Conicet por uno que le regaló la intendenta de Quilmes con la leyenda Peronismo-Lealtad y una foto de Perón y Eva); el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof: el mandatario de Tucumán, Juan Manzur; la líder quilmeña Mayra Mendoza, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y la primera dama Fabiola Yáñez.


La segunda fila tenía los carteles con los nombres del presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara baja, Máximo Kirchner; de Andrés Rodríguez, secretario general adjunto de la CGT y titular de UPCN, el gremio de empleados estatales más grande del país; Mariel Fernández, intendenta de Moreno, y del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro.

El Gobierno trabajó un mes para que el acto saliera bien y hacerlo en pandemia no es tarea fácil: la parte remota implica mucho trabajo y, sobre todo, coordinación. En uno de los salones de la sede de Azopardo, un grupo tenía asignado monitorear a cada gobernador que participó desde su provincia con el sistema un mandatario, una máquina. Cuando los periodistas tuvieron acceso a ese salón se vivió un momento gracioso porque un “falso” Alberto Rodríguez Saá (seguramente integrante de su equipo) apareció en la pantalla para probar cómo saldría en cámara el gobernador de la provincia de San Luis. Es que la luz, con el plano y el encuadre de las transmisiones mixtas se hace con un criterio unificado.

En la CGT hubo 50 personas de manera presencial: Antonio Caló, líder de la UOM; Roberto Baradel, titular del gremio docente Suteba; Pablo Biró, presidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas; el presidente del PJ porteño, Víctor Santa María; además de Emilio Pérsico, secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social; la titular de la Anses, Fernanda Raverta, y los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; de Chaco, Jorge Capitanich; de San Juan; Sergio Uñac, y de Entre Ríos, Gustavo Bordet. Desde sus provincias grabaron videos, además de Rodríguez Saá; el mandatario de Córdoba, Juan Schiaretti; Alicia Kirchner de Santa Cruz, Omar Perotti de Santa Fe; Oscar Herrera Ahuad de Misiones y Gildo Insfrán, de Formosa, entre otros dirigentes. A la salida del acto, Fernández dijo que el apoyo de los gobernadores le resultó “tranquilizador”.

Con saco, pero sin corbata, el Presidente empezó a hablar a las 16.35. “Acá no hay odios ni rencores, hay ganas de poner a la Argentina de pie”, dijo y dejó en claro, sin mencionarlo directamente, las diferencias entre las movilizaciones que impulsa un sector de la oposición y lo vivido ayer en las calles del centro porteño. Concepto que reiteró a la salida del encuentro: “El odio nos posterga mucho. No tiene sentido ver quién hace el banderazo más grande. Esta mañana leíamos lo que se decía del peronismo el 18 del octubre del 45. Pasaron 75 años y seguimos con las mismas lógicas. Esto se tiene que terminar”, aseguró.



Martín García y el pan dulce

Al mediodía, el Presidente estuvo en el lugar donde estuvo detenido Juan Domingo Perón en 1945, dentro de la isla Martín García del Río de la Plata, que hoy es una escuela.  “Renovemos una vez más el compromiso de estar siempre representando los intereses de los que más necesitan, de los olvidados, de los que se quedaron sin derechos”, afirmó el mandatario. En medio de su discurso, empezó a llover. “Es bueno recordar aquella frase de Evita, que nos decía que donde hay una necesidad, nace un derecho. Y la Argentina está llena de argentinos que necesitan. A todos esos argentinos vamos a darle los derechos que merecen, es la tarea que nos queda por delante”, siguió a pesar del agua y  celebró que “otra vez la lealtad para con el pueblo argentino es objeto de la dirigencia política, y otra vez, General Perón, estamos siguiendo sus banderas”.

También dijo que en esa isla estuvo detenido “Don Hipólito Yrigoyen, que fue el primer soñador que tuvo el siglo XX, el primero que quiso terminar con los conservadores, el fraude patriótico y dio origen también a un movimiento muy importante como fue el radicalismo. Sus mejores alumnos hoy están al lado de nuestro”. No estuvo solo: Fernández hizo la recorrida junto a la primera dama Fabiola Yañéz. También estuvieron el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; y la titular de AySA, Malena Galmarini. Antes de volver de la isla, el Presidente recordó que también es famosa por su pan dulce y no se privó de comprar uno aunque para la Navidad falten un par de meses. Después, almorzó con algunos funcionarios y partió rumbo a la CGT. Un día largo y si de la presencia del sol de trata, peronista de a ratos.



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