Cuando la dictadura cívico-militar cerró la carrera de Cinematografía de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, comenzó a desarrollarse entre docentes y cinéfilos la idea de generar una nueva movida. Sobre el final de los años de plomo surgió entonces el Taller Experimental Audiovisual. En principio, se reunían fuera de la Facultad. Cuando retornó la democracia, un grupo logró reunirse dos veces por semana en el interior de la casa de estudios. La particularidad es que era un taller de cine en el que nadie filmaba sino que se hablaba mucho de cine. Y de otras cosas. Es que el sentido era instalar la demanda de que se reabriera la carrea de Cinematografía. El tiempo pasaba hasta que en 1988, con la explosión del videoarte, los más jóvenes comenzaron a manifestar que querían filmar. El profesor Carlos Vallina propuso adaptar una versión de Hamlet y filmarla en la obra inconclusa del Teatro Argentino de la Plata, que en 1979 había sido incendiado y demolido por la dictadura. Esta es la historia que cuenta VHS-Volver a Hamlet. Siempre, del documentalista Gustavo Alonso, que participó de aquella experiencia. El film se estrenará el lunes 26 de octubre a las 18 en Cine.ar, con repetición a las 12 del martes 27 (Día Mundial del Patrimonio Audiovisual).

La idea del documental surgió mientras Alonso revisaba viejos VHS. "Yo formé parte del taller y por eso tengo esa información y la fui narrando", cuenta el documentalista. "Siempre quedó trunco eso. Tengo un equipo de trabajo integrado por personas que son más jóvenes que yo y que son egresados de la carrera. Yo no hice la carrera. Finalmente, cuando se reabrió, todos aquellos que reivindicaban la reapertura de la carrera terminaron transformándose en los primeros profesores y ninguno siguió filmando. Yo, al revés, estudié con Pino e hice otro recorrido", agrega. Alonso recuerda que cada vez que contaba aquella experiencia "había generaciones egresadas de la carrera actual con mucho bagaje de cine experimental que cuando veían que habían participado docentes que ellos no habían visto nunca o no sabían que habían filmado algo alguna vez, les llamaba mucho la atención". Cuando fueron a ver el material de archivo "apareció todo un mundo que parece prehistórico: el Teatro Argentino está terminado, por ejemplo, y no se entendía eso porque Hamlet la filmamos en la obra abandonada del Teatro luego del incendio por parte de la dictadura", explica el director.

-¿Es un documental sobre lo prohibido y lo que se abandonó?

-Absolutamente. Y también sobre la reconstrucción. Al Teatro Argentino incendiado -que era como el Colón- eligieron demolerlo. Y para mi generación era mucho más el abandono porque no tengo recuerdos del Teatro Argentino de 1979 en relación a cómo era. Sí de una obra abandonada en el medio de la ciudad cuando quedó trunca la reconstrucción.

-¿Filmar Hamlet en los '90 en esas ruinas del Teatro Argentino fue una manera de presionar contra la desidia oficial de aquel entonces?

-Sí, claramente el taller tenía una parte artística y una parte política. Filmar Hamlet era una síntesis por la gente que habíamos convocado. Había venido José María Gutiérrez, que era un gran actor. Queríamos visibilizar la lucha por la reapertura de la carrera. Y mostrarle a las autoridades que estábamos produciendo cosas.

-¿Y cómo era filmar con una cámara VHS?

-Era un atrevimiento sin sentido porque no era solamente filmar con una cámara VHS sino que era filmar sin electricidad. Estábamos cuatro pisos abajo con un cable, con pocas luces... Era mucho más una épica que una propuesta productiva concreta de un material que finalmente tampoco se editó. Se tardó diez años en montar porque una vez que reabrió la carrera eso quedó inconcluso. Ya no era necesario. Y se tardó tanto que finalmente vino lo digital. El material quedó ahí. Aquellos precoces actores terminaron haciendo una carrera teatral y otros se dedicaron a otras cosas. Eso también pasó en otros rubros del equipo. Entonces, es la evocación de un suceso que la propia dinámica de participar en él estuvo bien, pero cuando la razón política se concretó un año y medio después, ese Hamlet quedó abandonado y sin sentido.

-El título del documental es un juego de letras, ¿verdad?

-Sí, es un juego de letras pero yo quería poner en valor las dos ideas: la idea del Hamlet, pero también la idea del VHS como la degradación de los recuerdos. Y lo dice alguien en el documental: "Mi generación estuvo formada por esa degradación, por la cultura de la fotocopia, por ir a la esquina de Corrientes y Uruguay a buscar fotocopias de los libros, formarnos con películas alquiladas de Liberarte vistas mil veces y completamente degradadas con manchones". Yo quería marcar esto y qué pasa con el tema de la memoria en el VHS, que es algo que desaparece.

-¿Por qué crees que aun en democracia se hizo inteligencia sobre quienes querían reabrir la carrera de cine?

-Evidentemente había una mano de obra desocupada que es lo que decían, pero era orgánico. Hay documentación de que hasta los '90 la Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires siguió activa. La especialista de la Comisión por la Memoria que entrevistamos dice que se hacía inteligencia sobre casi todo. La ciudad de La Plata estaba muy cruzada con la represión y el terrorismo de Estado, con lo cual eso quedó activo bastante más tiempo que en otros lugares.