El feminismo de la revuelta en Chile

Los ríos de lucha que desbordan

La Coordinadora Feminista 8 de Marzo de Chile es referente en la lucha que terminó con un contendente Sí a la Convención Constitucional, en un plebiscito histórico. Por una nueva letra plurinacional, feminista y popular que abrace las causas que estallaron en la cara del poder político trasandino con las estudiantes en la calle.  

El plebiscito no fue el triunfo del lápiz y el papel como nos han querido hacer creer. Es la Revuelta que estalla y se inicia hace un año, la que ha terminado por fin con la Constitución del tirano y nosotras como feministas hemos sido parte protagónica de ese proceso. Lo que vivimos el 25 deoctubre de 2020 fue la concreción de lo que ha sido una demanda democratizadora sostenida durante 40 años y que se ha tornado ineludible en este último año a partir de la revuelta social, que es poner fin a la Constitución de Pinochet.

El triunfo popular de ayer impugna un modelo de negocios y especulación que quedó instalado sobre las cenizas lacerantes del Plan Cóndor. Nos rebelamos contra estructuras jerárquicas, patriarcales, fuertemente ligadas y abastecidas por el empresariado extractivista, sostenidas por la red mafiosa que se colude para castigar al pueblo. Lo dicen Las Tesis: es la policía, es el gobierno, son los jueces. Debemos agregar que también son las estructuras verticales partidistas, militares y eclesiásticas. 

La Coordinadora Feminista 8 de Marzo de Chile, lleva años constituyéndose en referente de lucha. Nos sentimos como un cauce donde se recogen los ríos de las luchas, de este pueblo empobrecido, maltratado. Funcionamos de manera horizontal, heterárquica, sin órdenes ni credenciales de partido. Desde las vocaciones de lucha avecindadas en nuestros corazones, somos las vertientes que abastecen los ríos que avanzan para desbordar. Nos conformamos en comités y vamos haciendo camino al andar: hay brigadas de arte y propaganda, comité socio-ambiental, dederechos humanos y memoria feminista; de migrantes y racializades; de trabajadoras y sindicalistas; de educación y de salud. Nos articulamos estratégicamente con otres: agrupaciones autoconvocadas de mujeres y disidencias en zonas de sacrificio, defensoras de los territorios; con redes de agrupaciones indígenas. No hay frontera que valga si las luchas son las mismas. Finalmente nuestros ríos desbordan los cauces del patriarcado y el capital. Pero el horizonte utópico no solo está más allá, también nos involucra en la lucha cotidiana contra las microprácticas de la violencia patriarcal. 

Nuestro trato es solidario, empático, fluimos en respeto, colaboración. Nos echamos al bolsillo la competencia como motor de la evolución. Desde el punto de vista de la representatividad, hacemos parte de movimientos sociales que han podido desplegar a millones de personas en las calles. En el último 8M, en la Huelga general feminista, solo en Santiago fuimos 2 millones de mujeres y disidencias en las calles, sin permiso. La pandemia ha confirmado las razones de la revuelta y eso es cierto en general, en el mundo, por lo menos para las mujeres y disidencias que nos hemos levantado en contra de las violencias machistas y patriarcales. Sabemos que se ha agudizado este tipo de violencia para quienes cuidamos la vida. En los medios de hegemónicos lo único que hemos visto después del 25 de octubre es al 20 por ciento que votó rechazo, el 1 por ciento de los más ricos de Chile en todos los canales de televisión. Esa es una cuestión insostenible. Vivimos en un contexto de grave desinformación y violencia represiva.

Ahora no hay descanso, tendremos que cautelar que se escriba una constitución plurinacional, feminista, popular. Que termine con el dominio e irrespeto de la vida humana, donde a cada decisión de presente o futuro se le impone la marca de valor del capital. Votamos convención constitucional sabiendo que con eso, por primera vez en la historia, la constitución de un país será escrita por un órgano paritario. Pero paridad no es feminismo, este es resultado de luchas feministas de larga historia, de las obreras de principios de siglo, de las sufragistas, de las que lucharon contra la dictadura, de las que hemos levantado huelgas. Hoy decimos al mismo tiempo y en todo el país No+ a la herencia de una constitución pinochetista y decimos SOMOS+ en las calles y en las urnas. 

La constitución debe recoger diversidad de proyectos de vida, también los derechos de la naturaleza, y estos principios deben permear toda la estructura de la constitución, para que sean directrices claras hacia los cuerpos legales e institucionalidad que queda bajo su paraguas valórico. Estamos ad portas de decidir colectivamente nuestra participación en el proceso constitucional que se inicia. Si llevamos candidaturas será por lista independiente de los movimientos sociales, no a través de cupos de partidos, pues se trata de los mismos que han administrado la transición democrática neoliberal y administrado las políticas de precarización de la vida contra las que nos hemos levantado. Somos un país y un planeta plurinacional y ello se ha instalado en las banderas de la Plaza de la Dignidad y sus imágenes épicas. Ha llegado el fin de la colonialidad, hemos desmonumentalizado como forma de protesta en los territorios. 

Ha sido y continúa en marcha un proceso de destitución de un orden antiguo de muerte, y no constituimos día a día en un nuevo orden. Tendremos que saltar muchos torniquetes (“evadir, no pagar, otra forma de luchar” decían los escolares al estallar). A manera de ejemplo, desde la CF8M estamos de acuerdo, en que existan escaños reservados para pueblos originarios, pero además deben ser paritarios. Hoy día este es un proceso con muchas trabas y muchas limitaciones para la participación popular, incluido el hecho de que aún no se aprueben estos escaños, pero junto a eso se ha otorgado la paridad. Ahí hay un contraste fuerte. 

Este es el primer proceso constituyente que está teniendo lugar en el mundo después de la irrupción de esta ola feminista global, que ha tenido mucha fuerza a nivel internacional y por supuesto Chile ha sido parte. Además, es el primer proceso constituyente que  va a tener paridad asegurada en el resultado. Por supuesto que no es coincidencia, la potencia feminista se ha convertido en una fuerza ineludible, sin embargo, se mantiene veto sobre pueblos originarios siendo que hoy día muchas mujeres mapuches son parte de las organizaciones feministas. Se mantiene la imposibilidad de participación para las dirigentes sindicales, que no pueden ser candidatas a constituyentes si no renuncian primero a su cargo. La CF8M tiene muchísimas compañeras que son dirigentas sindicales. Nos preguntamos por qué la paridad tiene cabida en un contexto de exclusión de otros sectores sociales. Nosotras creemos que el feminismo se ha tornado ineludible. La paridad nos parece un mínimo democrático, pero no para participar en igualdad de los hombres en administrar la precariedad de la vida, sino para transformarla radicalmente.

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