“No aceptamos la mirada despectiva de la ministra. ¿Cuál es el problema de que los profesorados se llenen de pueblo y de sectores populares? ¿Cómo no vamos a querer ser docentes quienes venimos de la clase trabajadora? Nosotros miramos con otros ojos la realidad que vivimos, decidimos ser docentes para transformar el mundo y estamos muy orgullosos de eso”, dice Nadia Candi, estudiante del profesorado de Educación Primaria Normal 7. Al igual que ella, los estudiantes para docentes porteños consultados por Página/12 repudian las declaraciones de la ministra de Educación, Soledad Acuña, quien los trató de fracasados, viejos y pobres. Además piden su renuncia. También cuentan que durante la pandemia, personal de la cartera porteña ingresó a las clases virtuales sin avisar ni pedir permiso y, cuando se les preguntaba cuál era el objetivo de la presencia, no respondían y se iban.

Acuña había dicho que quienes estudian para ser docentes son "cada vez más grandes de edad" y que "eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras". También apuntó al nivel socioeconómico de los estudiantes para docentes al decir que "si uno mira por nivel socioeconómico, o en términos de capital cultural, la verdad es que son de sectores cada vez más bajos los que eligen la carrera docente" y por eso tienen "menos para ofrecer en el aula". Además indicó que las clases remotas les permitió "ver qué pasaba en las aulas", e incitó a los padres a denunciar a los docentes en caso de que detectaran "bajadas de línea".

“La concepción de formación docente que plantea Acuña es muy vieja. Hoy se nos educa de una forma muy vinculada con escuchar a los pibes y con tener en cuenta al otro para la construcción de aprendizaje”, asegura Naara Maddonni, estudiante del profesorado de Educación Primaria en el Normal 1. En su caso, explica que eligió la carrera porque “pensamos que la comunidad puede ser mejor y sabemos que una de las formas fundamentales para que eso suceda es a través de la educación”. Naara terminó la escuela secundaria sabiendo que quería ser docente y hoy está cursando dos profesorados, uno de danza contemporánea y otro de primaria. “Siempre están las excepciones y es muy lindo ver gente grande estudiando, pero la mayoría somos jóvenes de entre 18 a 35 años”, agrega para desmentir los dichos de la ministra.

Las desafortunadas declaraciones de Acuña se dieron en el marco de una entrevista con el diputado de Juntos por el Cambio, Fernando Iglesias, y no solo fueron repudiadas por los sindicatos docentes y la comunidad educativa en su conjunto, sino también por funcionarios del gobierno nacional, los organismos de derechos humanos, y los legisladores porteños del Frente de Todos, que hicieron un pedido de interpelación para que Acuña fuera al recinto a dar explicaciones. 

La interpelación no prosperó porque JxC cuenta con mayoría automática en la legislatura. El espacio político respaldó a la ministra con un silencio que se mantuvo durante varios días, hasta que este sábado Acuña publicó una carta en la que reconoció que sus dichos habían causado "dolor e incomodidad", pero insistió en que "algunos dirigentes abusan de su rol docente y eligen adoctrinar antes que enseñar a pensar". Para finalizar agregó que iba a mantenerse firme en su postura.

Maddoni opina que la ministra desmerece al nivel terciario, porque “en nuestras carreras tenemos más de 40 materias para cursar, sin contar lo que implican las prácticas a contraturno. Muchos tienen que renunciar a sus trabajos para poder finalizar la carrera y no es sencillo”. Por otra parte, destaca que “es tal el desconocimiento que tiene de lo que sucede en las aulas que habla como si los alumnos fuesen sujetos pasivos a los que sencillamente se les 'baja línea'. Cualquier docente sabe que eso es inviable, porque los estudiantes tienen voz y dicen lo que piensan”.

Invitar a pensar

Sol Godoy tiene 23 años, estudia el profesorado de Ciencia Política en el Joaquín V. González y es presidenta del centro de estudiantes. “Gracias a muchos docentes excelentes que tuve dije: ‘me quiero dedicar a esto’ --cuenta--. Al principio quería ser escritora, pero me di cuenta de que me gustaba la docencia, entenderse con un estudiante y poder acompañarlo. Por eso terminé la escuela y me anoté en el Joaquín”. Con respecto a la tarea docente, dice que siente "una responsabilidad histórica y un gran orgullo de estudiar esto”. “Defendemos una educación como la que aprendemos de Paulo Freire: que nos invite a pensar y no a obedecer, todo lo contrario a lo que plantea Acuña. Es nefasto que nos culpe a los estudiantes de nuestra situación socio-económica y de las problemáticas de las que el Estado debería hacerse cargo”, puntualiza.

Para Godoy, el problema de la “jerarquización docente, como dice Acuña”, es un tema que no depende de los contenidos sino de lo presupuestario: “el Joaquín V. González se cae a pedazos, tiene más de 100 años de historia y un edificio prestado. Los normales están destruidos, se caen los techos y por suerte no ocurren más tragedias”. En esa línea, Maddoni subraya que “hay falta de recursos y son las cooperadoras las que compran tizas y borradores. Además no hay una ampliación de la planta orgánica funcional y las cursadas están colapsadas”.

Para Candi, “la pandemia dejó a la luz un problema que venimos reclamando hace años, que es la falta de presupuesto. Muchos estudiantes no pudieron continuar y el gobierno porteño no entregó ninguna herramienta. Sostener la cursada fue un privilegio cuando tendría que ser un derecho”. Con respecto a los profesorados de formación docente, opinó que “son carreras muy feminizadas y se complicó porque tuvimos que hacer las tareas de cuidado y estudiar. Hay gente que pudo sostener la cursada escribiendo monografías con un celular”.

Godoy aclara que durante la pandemia “las escuelas nunca estuvieron cerradas. Íbamos los estudiantes terciarios con los docentes a repartir bolsones de comida”. En relación con la cursada resalta que “en mi profesorado casi un 20 por ciento desertó este año porque no tenían recursos y el Ministerio brilló por su ausencia, solo aparecía en la televisión diciendo que estaba todo bien”.

Unicaba

Godoy explica que, para ella, el constante ataque de la ministra a la formación docente tiene que ver con poder justificar la UniCABA, “un proyecto de ley que aprobaron en completa soledad, sin sus aliados políticos, ni el apoyo de la comunidad educativa”, destaca. Maddoni expresa que “nadie se opone a la creación de una nueva casa de estudios y a que haya más carreras. El problema es que UniCABA nació para cerrar los 29 institutos existentes. Por nuestra lucha eso dio marcha atrás, pero ahora faltan a su palabra, porque dijeron que no iba a haber carreras que ya existan y apareció un experimento de profesorado en primaria”.

Otra pregunta que se hace la comunidad educativa, según Maddoni, es si la partida presupuestaria para UniCABA saldrá de la misma partida educativa: “en ese caso estarían desfinanciando el resto de los niveles por una universidad que no fue demanda de la sociedad”, explica. “Si el punto es cómo enseñamos a enseñar, el problema está en la jerarquización que le da el Estado a la formación docente. Para tener mejor docencia no se necesita una universidad nueva, hay que fortalecer las 29 instituciones que tienen mas de 120 años de trayectoria”.

Otro de los problemas que marca Candi es que en los 29 profesorados las autoridades son elegidas por la comunidad educativa, mientras que en UniCABA hay un rector asignado por el gobierno porteño, que es Mariano Palaminessi. “Quitarán materias que son fundamentales para la formación docente, como por ejemplo la ESI y formación ética y ciudadana. Eso es una gran falencia y nos aterra pensar que esas personas van a estar a cargo de la construcción de subjetividad de nuestros niñes”, puntualiza. “Seguimos luchando para que no coexistan, porque para formar docentes ya estamos los 29 institutos y si quieren jerarquizar la profesión que la jerarquicen con nosotros”, agrega.

Intrusos en las aulas

“A mitad de año, durante varias cursadas virtuales de mi profesorado había gente del Ministerio que no se presentaba ni avisaba a las instituciones, pero entraba a los los zoom. Veíamos la foto que decía ‘Ministerio de Educación de la Ciudad' y no sabíamos para qué estaban ahí. Cuando pedíamos una explicación, no nos la daban”, cuenta Godoy. 

“Pasó en nuestro profesorado, en el Normal 7 y en algunos más. Las rectoras mandaron pedidos de informes y no respondieron los mails institucionales. Después dijeron que había sido un error, y no volvieron a aparecer. Entraban a ver qué sucedía en nuestras clases y a vigilar”, advierte Candi. 

La estudiante resalta que esta situación “ocurrió en muchos profesorados. Aparecían en las clases virtuales ‘facilitadores’ del Gobierno de la Ciudad que querían ver que trabajos estábamos haciendo. Tal como dijo Acuña, estuvieron vigilando las aulas y eso se trata de una persecución muy grave que nos recuerda a las épocas más oscuras del país, por eso pedimos su renuncia inmediata”.