La emisión global de dióxido de carbono, principal gas que contribuye al calentamiento del planeta, cayó un 7 por ciento este año en relación a 2019 como consecuencia de la paralización de la economía mundial que supuso la irrupción de la pandemia, informó Naciones Unidas. Sin embargo, la concentración de gases de efecto invernadero continuó en aumento y el impacto de esa reducción en la emisión será insignificante a largo plazo sin medidas adicionales. “El mundo todavía se dirige a un aumento de temperatura superior a 3 grados este siglo”, advierte el Informe sobre brecha de emisiones 2020, estudio sobre el cambio climático elaborado por el panel de especialistas de la ONU.

Se calcula que un aumento de la temperatura por encima de los 2 grados en relación al período pre-industrial implicaría la consolidación de fuertes desequilibrios ambientales, con afectación directa sobre las zonas más cálidas e inundables, en la actividad agrícola y ganadera, sobre el equilibrio de vastos ecosistemas junto a la profundización de fenómenos climáticos extremos como inundaciones, sequías e incendios forestales. Por eso, el objetivo mundial traducido en el acuerdo de París puso al aumento de 1,5 grados como el escenario deseable para finales de este siglo. 

El año 2100 parece el larguísimo plazo. Sin embargo, no lo es. La ONU advierte que si para 2030, en apenas nueve años, los países no profundizan su compromiso en reducir sus emisiones, “será imposible mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 grados. De hecho, las políticas actuales hasta la irrupción de la pandemia resultarían en un aumento de 3,5 grados para 2100”, dice el documento.

La emisión de gases efecto invernadero (GEI) en 2019 llegó a un récord histórico de 59,1 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalentes. “Las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero han aumentado en promedio 1,4 por ciento anual desde 2010, pero en 2019 este incremento fue más rápido, de 2,6 por ciento, debido al mayor impacto de los incendios forestales”, dice el reporte.

Los países responsables

En términos absolutos, el primer emisor de GEI es China, muy por encima de Estados Unidos, al que le siguen la UE, India, Rusia y Japón. En los últimos treinta años, la emisión de GEI por parte de los Estados Unidos tuvo un leve crecimiento y en Europa se movió a la baja. Sin embargo, China registra un crecimiento exponencial en sus emisiones, que la colocan actualmente en prácticamente el doble de emisiones que los Estados Unidos en términos absolutos.

Sin embargo, la medición per cápita arroja un resultado muy distinto. Estados Unidos lidera este ranking, seguido de Rusia y Japón. Luego aparecen China y la UE y mucho más abajo que el promedio mundial, la India. En conjunto, China, Estados Unidos, la Unión Europea y la India explican el 55 por ciento de las emisiones, mientras que si a esa lista se suman Rusia y Japón, el número llega al 65 por ciento.

Medidas

“Las emisiones de GEI solo se pueden reducir de manera significativa para 2030 si la recuperación económica de la covid-19 es utilizada como una puerta para una decidida descarbonización”, indica el informe de la ONU. El organismo pide que los Estados lancen medidas de "apoyo directo a las tecnologías e infraestructuras de cero emisiones, la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles, la eliminación de nuevas plantas de carbón y el impulso de las soluciones basadas en la naturaleza, incluyendo la restauración de paisajes a gran escala y la reforestación".

Desigualdad

La desigualdad en las emisiones de GEI en función del segmento de la población es otra forma de ver la disparidad de consumo y acceso a bienes y servicios. El 15 por ciento de las emisiones del mundo se explican por apenas el 1 por ciento de la población más rica, con un grado de emisión per cápita que es unas 35 veces superior al promedio del mundo. El 10 por ciento más rico del mundo explica otro 48 por ciento de las emisiones. En cambio, el 50 por ciento más pobre del mundo explica apenas el 7 por ciento de las emisiones de GEI.

El impacto de la pandemia

El trabajo de la ONU muestra que en abril se verificó el punto de mayor caída de las emisiones. En ese momento, la comparación anual arrojaba una merma de casi el 20 por ciento, a partir del parate en el transporte terrestre, en primer lugar, seguido del consumo eléctrico que bajó por la caída de la actividad económica y el consumo industrial. También el freno en la actividad aerocomercial contribuyó a la baja de las emisiones.

La caída de alrededor del 7 por ciento en las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) como consecuencia de la pandemia está muy por encima de la baja del 1,2 por ciento que se verificó en 2008/2009 con la crisis sub-prime.

Compromisos de cero emisiones netas

La mayoría de las economías grandes y medianas del mundo tienen vigentes compromisos de cero emisiones netas para dentro de unas décadas. Esto implica reducir las actividades más emisoras de CO2, particularmente la quema de combustibles fósiles, de manera que la captación de carbono del reino vegetal equipare la emisión que se desprende de la actividad del ser humano. Por ejemplo, los países de la Unión Europea se comprometieron a tener emisiones cero para 2050, al igual que China anunció su plan para 2060, Japón, Corea del Sur, Canadá, Sudáfrica y México. Argentina también asumió su compromiso, para 2050. Se espera que bajo la administración de Joe Biden, Estados Unidos también se comprometa para 2050.

Según la ONU, si los países cumplieran esas promesas (incluyendo a Estados Unidos), el calentamiento global para 2100 bajaría a 2,5/2,6 grados, lo cual muestra que se van a necesitar objetivos incluso más ambiciosos para la segunda parte del siglo.