Frecuentemente, se escucha a alguien decir que quiere separarse, o bien que está separado, pero continúa por ejemplo viviendo en bajo el mismo techo con el, supuestamente malogrado, partenaire. Ese otro del que no es posible distanciarse, y del que se dice estar lejos cuando se está al lado, nos lleva a pensar en la cuestión geométrica de las distancias. Ese otro, al que se dice no amar porque es dañino, tóxico, castrador, invasivo y toda una sumatoria de improperios, que no excluyen su realidad objetiva (si es que eso existe), o del que se dice amar aunque pueda destrozar a quien lo ama, es el que no se puede dejar. Casi como si se tratara de una adicción. Mas que tóxico es narcótico.

Para el psicoanálisis es irrelevante la realidad objetiva, se trata de escuchar como un sujeto ubica de forma cartográfica su realidad singular, que siempre es imaginaria por mas sustento empírico que tenga, y como se ubica en ese valle también. Y lo que se escucha en un análisis es eso, cartografías. La neurosis no son más que puntos en un plano. En pequeños momentos tal vez aparece la tri-dimensión del deseo.

“Yo no quiero contigo ni sin ti” dice Joaquín Sabina, en esa oda al amor de esta era post industrial que termina definiendo un “Contigo” en su titulo. Y el chiste de este tipo de vínculos parece estar ahí. En esa ambigüedad. Tal vez las dos cosas son verdad, se está con el otro y sin el otro al mismo tiempo. Estas posturas donde abunda el sufrimiento psíquico, tal vez sean la explicitación del amor, o ¿acaso en esas parejas que “funcionan bien” no existe esa dimensión de estar y no estar con el otro?

En estos vínculos nadie se separa ni tampoco la pasa bien con la cercanía. Entonces ¿Qué es lo que une tan fuertemente? El psicoanálisis trabaja con el goce. El goce en psicoanálisis no es lo mismo que el placer, es un tipo de satisfacción inconsciente que más bien desagrada a alguien, pero no se puede dejar de repetir. El síntoma neurótico entonces, no tiene otra estructura que la del goce masoquista. Eso no quiere decir que eso a alguien “le gusta”, ya que la satisfacción pulsional es inconsciente. Esto opera por más de-construidos que estemos, Eppur si muove.

La mirada es ceguera, donde se mira no se ve, Lacan en el seminario 11 se dedica un tiempo considerable a observar como el ojo se cierra donde la mirada se satisface, en mirar curiosamente lo mismo y en cegarse respecto de lo que queda por fuera del cuadro. Y eso se escucha en una neurosis. Cuadros donde ingresan determinados elementos y otros no. Quedan fuera del campo escópico. Es como mirar siempre la misma película y hacerse el boludo respecto de como termina. Y a veces una pareja consiste en la cantidad de tiempo en que alguien se hace el boludo respecto de cosas que ya se sabe. Que se invisibilizan en lo que es visible. Toda esa marejada de quejas respecto de la toxicidad del otro, exponen la narcosis de quien las enuncia, de como cuesta dejar de beber el veneno.

Eso no quiere decir que el otro no sea un perverso, un psicópata ¿Por qué prende tanto? Vaya a saber los ideales que se ponen en juego, en estas relaciones en las cuales no se puede perder. El punto está en lo que dijo alguna vez Freud. Si alguien que perdió las piernas se gana la vida pidiendo monedas y le ofrecemos las piernas nuevamente, contrariamente a lo que pensamos, lo pensara varias veces. Porque el psicoanálisis no acredita la fantasía de que se puede ser feliz, como exige la cultura actual, las 24 horas. A lo sumo se puede sufrir mucho menos. Esa es la apuesta psicoanalítica.

 

*Psicoanalista.