¿Dónde me anoto?

El Gobierno porteño le da la espalda a la vacuna

Juntos por el Cambio acusó al gobierno nacional de hacer un uso político de las vacunas, pero todas las denuncias que hizo desde el año pasado, resultaron falsas o incorrectas. Más allá del juego político, las que ganan o pierden son las personas, que en esta pandemia se juegan la vida.
Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse.Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse.Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse.Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse.Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse.
Horacio Rodríguez Larreta se negó hasta ahora a vacunarse. 
Imagen: NA

El gobierno de CABA no dice nada sobre la vacunación, pero anunció que el comienzo de las clases será a mediados de febrero aunque se mantengan los contagios. Horacio Rodríguez Larreta y todos sus colaboradores se negaron a vacunarse, a diferencia de los funcionarios nacionales y bonaerenses que, además, lo hicieron en público. La diputada del PRO, Graciela Ocaña denunció a la Anmat porque aprobó una vacuna con explicaciones escritas en ruso.  Juntos por el Cambio acusó al gobierno de hacer un uso político de las vacunas, pero todas las denuncias que hizo desde el año pasado, resultaron falsas o incorrectas.

Reclamaron información sobre la Sputnik V, cuando, al igual que los demás laboratorios ha publicado sus resultados en la revista científica The Lancet y, con el cargamento envió un dossier de 200 páginas con los resultados de la fase 3, incluidos para los mayores de 60 años. Está escrito en ruso y obviamente fue traducido de la misma forma que cuando las especificaciones vienen en inglés.

Juntos por el Cambio exige información, como si no la hubiera, y se niega a explicar cómo será el operativo de vacunación para los millones de habitantes de CABA.

Rodríguez Larreta dice que no da esa información porque no saben la cantidad de vacunas que recibirán. La pregunta es si recién comenzará a organizar semejante maniobra el día posterior a que reciba la vacuna, con lo que habrá retrasado considerablemente la vacunación en la ciudad. Millones de porteños observan con preocupación cómo millones de bonaerenses se inscriben en las listas que ordenarán la vacunación en la provincia, sin que en CABA digan ni media palabra.

Primero acusaron al gobierno de no acordar con Pfizer y se explayaron sobre las bondades de esa vacuna, pero resulta que ya tuvo efectos adversos en Israel y en Noruega. Después dijeron que los países vecinos habían arreglado la provisión de vacunas, mientras que a la Argentina no iban a llegar antes de fin de año. Pero la Sputnik llegó y se están aplicando 300 mil dosis, mientras que los países vecinos, apenas empezaron a vacunar. La Sputnik V llegó a la Argentina, pero el laboratorio que contraponía Juntos por el Cambio fue denunciado en México y en Italia porque no abasteció las dosis que debía proveer.

Una de los voceros de esta campaña inexplicable desde el punto de vista de la emergencia social ha sido la diputada de Juntos por el Cambio, Graciela Ocaña, que fue removida como ministra de Salud del anterior gobierno peronista por su inoperancia. La otra voz de consulta que muestra Juntos por el Cambio es la del ex secretario de Salud del macrismo, Adolfo Rubinstein, que todavía tiene que responder una denuncia de la Oficina Anticorrupción porque durante su gestión dejaron que vencieran 600 mil dosis de vacunas.

La tercera voz cambiemita sobre salud pública fue la del diputado Mario Negri, que es abogado y habló más de política que de salud, pero acusó al gobierno de hacer política con la vacuna.

En una emergencia como la que produjo la pandemia no importa el origen de los planteos, ya sea si vienen de la oposición o inclusive si son interesados, mientras aporten a la solución de los problemas. Pero en este caso, el origen no tiene buenos antecedentes y cada cuestión que plantearon estaba equivocada. Hicieron pronósticos sobre información falsa y ha sido una decisión acertada no haberlos tenido en cuenta. De lo contrario, el sistema de salud hubiera colapsado sin la cuarentena inicial y el país estaría a la cola esperando una vacuna que ya tuvo graves secuelas negativas en otros países.

Juntos por el Cambio acusó al gobierno de hacer política con la vacuna. En realidad, la política es así. Las decisiones acertadas se capitalizan y las equivocaciones tienen un alto costo. Si la Sputnik V protege de la covid-19, la decisión correcta fue traerla y la incorrecta fue obstaculizar esa decisión. Más allá del juego político, las que ganan o pierden son las personas, que en esta pandemia se juegan la vida. Llegaron a decir que el gobierno había contratado la peor vacuna “por una cuestión ideológica” o “por negocios de Cristina Kirchner” o del ministro Ginés González. Hablaron de la “vacuna rusa” o de la “vacuna soviética”.

El gobierno de la ciudad no quiere informar sobre el operativo de vacunación. Estima que lo que se hable de la vacuna lo capitaliza el gobierno nacional. Por esa razón, ninguna de las autoridades de la ciudad quiso vacunarse en forma pública como lo han hecho funcionarios nacionales y bonaerenses, incluidos muchos intendentes de Cambiemos interesados en eliminar la epidemia en sus distritos.

El gobierno porteño pidió información sobre la Sputnik como si no la hubiera, cuando sí la hay y está disponible, pero no dieron información sobre la vacunación en CABA. En CABA se habla de la vacuna solamente para criticarla, y al mismo tiempo Horacio Rodríguez Larreta y su polémica ministra de Educación, Soledad Acuña se plantaron en la apertura de clases para el 17 de febrero.

En este momento, la CABA mantiene un alto nivel de contagio con más de 1200 casos diarios. Los países que iniciaron clases en un contexto de incremento de la epidemia, debieron dar marcha atrás porque las escuelas se convierten en un poderoso foco de infección. Los docentes se resisten a iniciar las clases porque, además, los protocolos sanitarios son inconsistentes. Pero las escuelas privadas están apuradas por iniciar los cursos.

Como la vacunación es voluntaria, el gobierno nacional junto con gobiernos provinciales se esfuerzan por promoverla en actos públicos. El contraste con CABA es significativo. Las opciones a veces son extremas y a veces no. En este caso aparece el gobierno nacional que promueve la erradicación de la epidemia con la vacuna y por el otro lado el gobierno de CABA en una actitud resignada ante la enfermedad. “Tenemos que acostumbrarnos a convivir con las epidemias” es una frase que circula. Claro que es más fácil convivir con las epidemias si la gente se vacuna. De lo contrario se trata de naturalizar la muerte.

Empezar las clases cuando los contagios se multiplican puede ocasionar un salto en la epidemia similar al que se produjo durante las fiestas de fin de año. Y en este caso, la problemática es más compleja porque se suma el movimiento de salida y regreso de las vacaciones.

El gobierno nacional y el bonaerense también insisten con el comienzo de las clases presenciales. Pero no lo plantean como una confrontación con el gremio docente ni ignorando las limitaciones que impone la epidemia. La clave estará en el operativo de vacunación, del que Larreta no quiere hablar.

La sociedad está cansada, la pandemia se prolonga, el aislamiento es desequilibrante y se leen entrevistas a gente de la farándula donde afirman que prefieren “arriesgarse” antes que volverse “psicóticos”. Si se quieren arriesgar, cada quien decide sobre su vida, pero arriesgan la vida de los que van a contagiar, no solamente la de ellos. Los argumentos hippies son simpáticos --aunque anticientíficos--, y revelan un fondo de individualismo egoísta que sale a la superficie con el estrés y el agotamiento que se acumuló a lo largo del año.

La solución es la vacuna, pero es cierto que no hay soluciones extremas por blanco o por negro. Y en este caso se suman las dos argumentaciones, porque a pesar de la vacuna, habrá que normalizar lo cotidiano incorporando las rutinas de precaución sanitaria. En parte, porque no se sabe cuánto tiempo protegerán las vacunas a las personas. Y también porque la epidemia demostró lo vulnerable que es la humanidad frente a este tipo de enfermedades.

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