La justicia postergó la declaración testimonial de los espías y exespías de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) que estaban operativos el fin de semana en el que murió Alberto Nisman. La postergación tendría que ver con el DNU presidencial, o sea como medida preventiva ante la covid, aunque también dicen que hubo problemas en las citaciones. Las declaraciones se producen seis años y tres meses después de la muerte del fiscal, lo que demuestra que no han encontrado una sola prueba del supuesto comando que --según la hipótesis del aparato judicial y del macrismo-- mató a Nisman.

Ante la ausencia de evidencias, quien encabeza la investigación, el fiscal Eduardo Taiano, sale a lo que se conoce en el argot judicial como “una excursión de pesca”, es decir preguntarles a los agentes si saben algo y qué estaban haciendo ese día. Los grandes medios se hicieron eco de la existencia de un agente que el 18 de enero de 2015, el día que apareció el cuerpo del fiscal, estaba en el mismo lugar que el informático Diego Lagomarsino, el que le prestó el arma a Nisman. Ahora se sabe --y se supone que eso declarará-- que el agente vivía desde hacía cinco años en el mismo complejo que Lagomarsino.

Covid

La postergación de las declaraciones es curiosa pero razonable. El aparato judicial, aliado del macrismo, expresa de hecho que los chicos pueden ir al colegio sin problemas violando el DNU presidencial, pero, por el contrario, respetando el DNU, no corresponde que vayan a declarar los espías. Algo parecido, pero aún más grotesco, fue el fallo de la llamada Cámara Amarilla, la Cámara en lo Contencioso Administrativo porteña, cuyos tres jueces le dieron el vía libre a Horacio Rodríguez Larreta para saltearse el decreto con la presencialidad en las escuelas. Claro que lo hicieron por zoom y hasta la firma fue digital. De manera que no tienen problema en mandar los chicos a clases, pero ellos se preservaron, como corresponde.

Agujero

En más de seis años, la justicia no pudo encontrar ni una evidencia de que a Nisman lo hayan matado. No existe siquiera una hipótesis de cómo alguien entró al edificio, se metió en el departamento cerrado por dentro y entró y salió del baño cuya puerta estaba bloqueada por la cabeza del fiscal. Todo, sin dejar una huella, una pisada ni un mínimo rastro. Lo que mantiene con vida artificial al expediente es una pericia trucha realizada por la Gendarmería Nacional, por entonces conducida por Patricia Bullrich, sin el menor fundamento y marginando a todos los peritos de parte. 

Ese estudio concluyó que en el edificio Le Parc hubo un homicidio perpetrado por un comando, con tres sicarios que entraron al baño. El trabajo fue tan grotesco, con conclusiones falsas sobre la muerte, que cualquier revisión seria produciría un naufragio de toda la causa. El aparato de Comodoro Py evita cualquier cuestionamiento, al punto que se le negó a los abogados de Lagomarsino --Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro-- el pedido para que declare que analizó las manos de Nisman. El especialista hubiera sostenido que de ninguna manera se puede descartar que el propio fiscal haya disparado.

Lo cierto es que ante la ausencia de pruebas, el fiscal Taiano “sale de pesca” a ver si alguno de los agentes o exagentes de la AFI sabe algo.

Autorización

Como se sabe, cualquier espía requiere autorización del Poder Ejecutivo para declarar en una causa judicial, bajo juramento de no mentir, y revelando su actividad que, legalmente, es secreta.

En total, la idea del fiscal Taiano es citar a 89 agentes, cifra que proviene de quienes hablaron por sus celulares ese fin de semana. La hipótesis de que hubo más comunicaciones porque estaban en un complot ya parte de dos problemas:

*Como es obvio, los agentes hablaban más los fines de semana, porque no estaban en las oficinas. Esa tendencia era más fuerte aún en enero, mes en que muchos se iban a la costa esos días.

*Menos sostenible aún es que, si estaban en un tremendo complot para matar a alguien, hubieran usado sus celulares oficiales provistos por la AFI. Se supone que eran espías entrenados y hábiles para operaciones clandestinas.

Sea como sea, los agentes convocados inicialmente son 14, cuya citación ahora pasó para mayo y junio. La interventora de la AFI, Cristina Caamaño, ya relevó del secreto a esos agentes y exagentes que pueden declarar lo que saben exclusivamente del caso Nisman, no de otros hechos o investigaciones.

Sospechosos

Los grandes medios, filtrando información de la fiscalía, hicieron públicas algunas de las sospechas. Por ejemplo, que había un agente que habló con sus jefes a través de un celular cuyas comunicaciones se tramitaban en una antena ubicada a 200 metros de donde vivía Lagomarsino. De esa manera concluyeron que el agente y el informático estaban juntos.

Según pudo averiguar este diario -porque se informó en su momento a la jefatura de la AFI- el agente afirma que vivía en el complejo Talar de Martínez desde 2010, o sea cinco años antes de la muerte de Nisman, y por esos sus llamadas se cursaban por esa antena. Sucede que Lagomarsino también vivía allí, en un complejo en el que habitan unas 2.000 personas. No sólo el agente vivía ahí sino también su hermana, desde el año 2001. Parece cantado que si el espía prueba eso, se cae a pedazos la sospecha de ese contubernio espía-Lagomarsino.

Las llamadas de otro agente se habrían cursado a través de una antena de Puerto Madero, la zona en la que vivía y murió Nisman. El espía informó que ese sábado a la noche estuvo cenando en TG Friday de Puerto Madero y que su presencia ahí fue sólo casual.

No es que Taiano tenga alguna prueba o acusación contra alguno de los agentes: sale de pesca para ver si encuentra algo. Sobre todo apuesta a que algún exagente, tal vez enojado con el gobierno de Cristina Kirchner, deje caer alguna sospecha o diga frases del estilo “me parece que sabían que Nisman estaba muerto” o “algo raro había”.

Razones

Las autoridades de la AFI de 2015 ya explicaron qué sucedía aquel fin de semana del 17 y 18 de enero y por qué había tantas comunicaciones.

*El viernes 16 se habían robado un misil del destacamento del Ejército en Arana, cerca de La Plata. Hubo hasta un comunicado de la DAIA alertando sobre el peligro de un atentado. El misil no apareció nunca más.

*El sábado y el domingo jugaban Boca y River en Mar del Plata. La Provincia de Buenos Aires era gobernada por Daniel Scioli, candidato presidencial en año de elecciones, y estaba el rumor de que los barras se iban a enfrentar y tirar un cadáver en la campaña electoral.

*El domingo 18, el diario La Nación publicó que Nisman denunciaba a un agente de la AFI como gran nexo con Irán. El matutino no publicó el nombre, por lo que las autoridades de la central de espías querían saber de quién se trataba, entre otras cosas porque podía ser un caso de infiltración. Al final, el apuntado era Allan Bogado, que no era agente de la AFI y que ni siquiera había salido de la Argentina en toda su vida. Una grosera pifiada de Nisman que evidencia lo improvisada de su denuncia, pero esa información sin nombre movió la estantería aquel domingo.

Habrá que ver qué sale de los testimonios de los espías, citados ahora para mayo y junio. El fiscal Taiano y el juez Julián Ercolini ya saben que las evidencias demuestran de forma contundente que Nisman se disparó a sí mismo. Pero como en la mayoría de las causas armadas al calor del macrismo, cuando no hay pruebas contra Cristina o su gobierno, todo consiste en alargar, adoptar medidas sin sentido, mantener la sospecha y abastecer a los grandes medios para que hagan algún ruido de vez en cuando.