Cuarenteñeros; entusiasmódicos, vacunófiles, esperanzativas; solidarioscos, populosófos, investigratuitos; proletafílicos, sensiblásticos y demás seres, seras y ceros humanos que sin haber comprado entrada se encontraron en medio del escenario: es vobiscum, everybody, tous ensemble, insieme, tsuzamen, aleinu y aleikum.

Hubo entredichos entre bichos en estos últimos días:

La exsubsecretaria de inseguridad racial, Patricia Faizer, se desdijo de lo que dijo pero no dijo lo que dijo, sino que, según colijo, maldijo porque hasta sus empleadores le negaron la placa de “empleada del mes”.

La exministra de asuntos ansiolíticos, Lilitazepam, dijo que nunca dijo lo que dijo, sino que entredijo y la interpretaron mal, o sea, traducido del lilitense al castellano: la interpretaron bien.

El expresidente Maurice Chaiselongue también dijo que cuando dijo lo que dijo, en realidad no dijo lo que dijo, sino lo que no dijo, cuando dijo que se vacunaría después del último de los argentinos. (¿Es posible que en Miami ya estuvieran vacunados todos los argentinos que habitan allí? No lo sé).

El gran jefe autonomásico, Horatium Guasonis, no solo dijo lo que dijo, sino que hizo que la Corte dijera lo que dijese, para luego desdecirse en los hechos y deshacerse en los desdichos cuando los factores biológicos –que suelen ser malos, populistas y algo ambizurdos– contradijeron sus estudios sociológicos, sistemágicos y antroposos, que decían que “la escuela no contagia salvo que justo cuando estés adentro comas sandía con vino, por ahí, obitás sin más”. Tuvo que dar marcha adelante (o sea: lo que para él vendría a ser marcha atrás) cuando le demostraron con varias "filminas" que los docentes, el personal de salud y los trabajadores esenciales son seres humanos y no hechos numéricos que un buen “delete” pueda eliminar del espacio virtual.

Quien no dijo nada fue Maikel Pichet, el exvice mandato incumplido, quien seguramente hubiera utilizado palabras explosivas cual dinamita, pero de cebita, alertando sobre las vacunas de izquierda, que te cambian el ADN o te vuelven una especie de Magneto (el de los X-Men).

El ex subsecretario oculto de chamullos legales discretamente resueltos, Pepín Cascarón (con perdón del querido huevito), sí que habló, pero tampoco dijo lo que dijo pero no dijo, porque cuando lo dijo se estaba autopercibiendo de una manera diferente (quizás más poderoso, más impune), con lo cual sus dichos deberían perderse en la lontananza, o en el Río de la Plata, y pidió ser asilado, pero lo que correspondía era que fuese “aislado”. Notará el lectora que "asilado" y "aislado" tienen las mismas letras: eso lo explica todo.

Un viejo chiste popular de hace más de un siglo cuenta que, en la Rusia zarista, Saúl y Samuel coincidieron en el mismo tren que recorría Bielorrusia (hoy Belarús). Y preguntó Samuel: “¿A dónde vas, Saúl?”, y respondió Saúl: “Voy a Minsk”. Samuel, enojado, espetó: “¡Sos un mentiroso! Vos me decís que vas a Minsk para que yo crea que vas a Pinsk, pero en realidad vas a Minsk, solo que no querés que yo lo sepa, ¿por qué no me decís la verdad directamente?”.

Gran Maestro, el humor popular, o al menos, eso dicen.

Etceterexit.

Sugiero acompañar esta columna con el video “El dedo de Freud. Capítulo 2: Para el dedo lo que es del dedo", de RS Positivo, que usted podrá hallar en el canal de YouTube de los autores, al que podrá, si es su deseo, suscribirse.