El fútbol argentino vuelve a tener una chance para romper con 28 años de sequía, cuando el sábado próximo dispute una nueva final de Copa América. El seleccionado jugará el partido decisivo ante el local Brasil, en el mítico Maracaná, luego de dejar atrás por penales a Colombia, con una actuación grandiosa del arquero Emiliano Martínez.

El técnico Lionel Scaloni decidió que para el duelo ante los colombianos ingresen Tagliafico y Guido Rodríguez, en los lugares que habían ocupado Acuña y Paredes, respectivamente. El mensaje era priorizar aspectos defensivos en lugares determinados de la cancha.

El regreso de Juan Cuadrado al conjunto rival fue una invitación para que Scaloni decida el retorno del ex Independiente, quien posee mayor predisposición para la marca que el hombre del Sevilla.


El inicio de Argentina fue similar al que viene ofreciendo a lo largo de la Copa: comenzar el juego avasallando al adversario en su campo, y buscando desnivelar rápidamente en el resultado. La intención se plasmó, debido a que Argentina marcó el primer gol a los siete minutos. Messi construyó una jugada individual arribando al área por la derecha, y cuando descargó la pelota encontró bien ubicado a Lautaro Martínez, quien definió con un remate cruzado al palo más lejano de Ospina.

El planteo que no estaba previsto fue seguramente lo que sucedió a partir de los 15 minutos: el conjunto nacional se replegó en su terreno y le cedió el dominio de la pelota a Colombia. Lo que ocurría habitualmente en la segunda parte, apareció en este caso mucho más pronto. Los colombianos poseen jugadores con técnica en el medio y en el ataque, y de esa manera estuvieron cerca de llegar al empate. Emiliano Martínez salvó inmediatamente después del gol, y Barrios primero y Mina después estrellaron la pelota en los palos.

Argentina salió de ese asedio en el final de la primera mitad, cuando Nicolás González estuvo cerca de marcar el segundo gol, con un cabezazo, pero Ospina, de rodillas, pudo desviar la pelota por arriba del arco.

La tesitura del segundo tiempo no varió, y la iniciativa del encuentro seguía en poder de Colombia. El entrenador Rueda intentó desequilibrar con los ingresos de Cardona, Chará y Fabra desde el principio, y la apuesta le salió bien: los colombianos desbordaban con frecuencia y se jugaba cerca del área de Argentina. Cardona fue inteligente al jugar rápido la pelota, Díaz recibió sobre la izquierda ante la marca de Pezzella, y convirtió el empate con un toque suave ante la salida del arquero.

El momento para Argentina era complicado, y todo quedaba supeditado a conectar con acierto algún contrataque, para poder contrarrestar el asedio de Colombia. La jugada apareció con una escapada del ingresado Di María, quien luego de eludir a Ospina le cedió la pelota a Lautaro Martínez, éste se apuró al definir y un rival sacó la pelota en la línea. El rebote le quedó a Di María que remató por arriba.

Argentina pareció despertarse con esa acción, y se fue encima de Colombia, aunque con más fuerza que fútbol. Di María volvió a combinar con Messi, lo encontró dentro del área, y el capitán le dio de zurda para que la pelota rebotara en el palo.

El tiempo comenzó a ser un enemigo para Argentina, que aspiraba a evitar la definición por penales, pero su juego no terminaba de ser claro para alcanzar el segundo gol. Los avances se desprendían de acciones individuales y no como consecuencia de jugadas colectivas. Messi, cada vez que aparecía un tiro libre para Argentina, era la única esperanza.

La definición heroica no sucedió, y todo desembocó en los penales. El empate, sobre todo por la actuación de Luis Díaz, no sólo por su definición, se acomodó a lo que terminaron ofreciendo cada uno. El festejo, más tarde, fue todo argentino.