Las mujeres de la plaza
No es No
DERECHOS HUMANOS “No lograron entristecernos, nos indignaron”, dice Nora Cortiñas, exultante, después de la marcha que el miércoles puso a ondular pañuelos blancos en todas las plazas del país con la fuerza de una marea. Lo dice cuando la indignación se ha transformado en alegría porque la enorme demostración de poder popular puso un límite muy concreto: a la impunidad, no. Una alegría compartida que emociona porque a la vez demostraba la fuerza de la unidad de las fuerzas políticas; fue un abrazo para esas mujeres que se rebelaron frente al poder en plena dictadura, cuando ese poder se pretendía totalitario. Nora es una figura emblemática de ese movimiento que lleva 40 años de persistencia en la calle, porque siempre fue crítica cuando había que serlo, porque siempre apostó a la unidad de quienes llevan los derechos humanos como bandera. A ella y a todas las Madres y las Abuelas, este suplemento las abraza.




















