Sola                      5 puntos

Argentina, 2021.

Dirección: José María Cicala y Ricardo Esteban Diaz Iacoponi.

Guion: Griselda Sánchez, Gustavo Lencina y José María Cicala.

Duración: 94 minutos.

Intérpretes: Araceli González, Miguel Angel Solá, Fabian Mazzei, Griselda Sánchez y Micaela Suárez.

Estreno: en el cine Gaumont y en Cine.ar Play

Película extraña, Sola, que cruza el ideario de los dramas domésticos bélicos –aquellos en los que los protagonistas atraviesan una serie de experiencias hogareñas vinculadas a una guerra de la que solo llegan ecos, heridos y locos– con las coordenadas narrativas del thriller psicológico, no sin antes imprimirle una impronta coyuntural vinculada con la maternidad y la violencia de género. Dos maternidades, en realidad, pues aquí hay dos panzas en pleno crecimiento. Una de ellas es la de Laura Garland (Araceli González, que vuelve al cine 18 años después de Un día en el paraíso, su hasta ahora último trabajo para la pantalla grande), quien vive en un amplio terreno en las afueras de una ciudad innominada. Sus días transcurren sin demasiados sobresaltos, con la salvedad que habla con su marido (Miguel Ángel Solá). ¿Qué tiene de raro que hable con él? Que el hombre fue al campo de batalla para nunca más volver, dejándola sola y con un embarazo de varios meses.

Uno de los militares de la zona (Luis Machín) tomó nota de esa mujer solitaria y la amplitud del terreno, y se da una vuelta por el lugar para avisarle que debe ocuparlo. Caso contrario, le advierte, el gobierno tomará posición del lugar. Es así que termina alquilando una parte de la casa, aquella que fue anexada por su padre antes de morir, a Ricky (Fabián Mazzei), que llega con una mujer embarazada, unos lingotes de oro de dudosa procedencia con los que paga la estadía, y unos cuantos muertos en el placard. Con la acción transcurriendo en una temporalidad difusa, que podría ser entre 1930 y mediados del siglo pasado, Sola posiciona a Laura como una mujer débil, para luego desplegar sobre ella un manto de misterio que pondrá en duda qué de todo lo dice es verdad. Empezando por la paternidad de su hijo, ya que, al menos para el militar que la visita, no dan las cuentas entre la fecha la muerte de su marido y los meses de embarazo.

Con una cuidada puesta en escena y una fotografía de tonalidades sepia cortesía del DF Juan Marcos Francisco, la película codirigida por José María Cicala y Ricardo Díaz Iacoponi pendula entre las historias de las dos mujeres, marcando una contraposición entre la solitaria Laura y la esposa de Ricky, que permanece al cuidado de una enfermera secuestrada por él. Cada intento de escape será cortado de raíz por ese hombre malvado, una maniobra narrativa que tiende a ubicarlo en el rol de villano. Pero las cosas se dan vuelta como una tortilla en la última parte, como si Cicala y Díaz Iacoponi se hubieran guardado unos cuantos ases bajo la manga, que tiran todos juntos sobre la mesa. Es un cambio de tono demasiado abrupto, que hace que lo que hasta entonces era un relato contenido, de intrigas y personajes ominosos, opere como el preludio de varias explosiones de violencia y la irrupción de la locura y lo alucinatorio como elementos clave. Una inevitable vuelta de tuerca final, con una voz resignificando situaciones anteriores, corona un film prolijo pero atolondrado, como si quisiera sacarse de encima la obligación de un desenlace que haga encajar todo en su lugar.