Margarette May Macaulay, relatora sobre los Derechos de las Mujeres de la Comisión Interamericana de DD.HH.
“No vamos a entregar los derechos conquistados”
Es católica practicante, feminista y apoya la despenalización del aborto. Propone que en las radios haya mensajes diarios sobre derechos de la mujer. Y que los jueces que deciden fallos discriminatorios sean separados de su cargo. Las responsabilidades del Estado.
Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires.Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires.Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires.Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires.Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires.
Margarette May Macaulay participa de las sesiones de la CIDH que se llevan a cabo en Buenos Aires. 
Imagen: Joaquín Salguero

“No creo que el Papa esté de acuerdo con que muchas mujeres jóvenes, que son madres, estén presas por un aborto. Cuando ellas van a la cárcel, las familias se rompen. El papa Francisco tendría que dar un mensaje contundente a los países para que despenalicen el aborto”, dijo a PáginaI12 la jurista Margarette May Macaulay, integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde es relatora sobre los Derechos de las Mujeres. Quiere que su mensaje llegue al Vaticano. Macaulay es jamaiquina, católica practicante, de misa diaria. Y también feminista. “A las mujeres que enfrentan un aborto deberían asistirlas, aconsejarlas, pero no meterlas en la cárcel”, sostiene. Irradia compromiso y sensibilidad. La problemática de los femicidios y el impacto de las leyes que criminalizan la interrupción voluntaria de embarazo en la región son parte de su agenda prioritaria. Sobre esos temas, habló con este diario durante su paso por Buenos Aires, donde la CIDH lleva adelante su 162º Período Extraordinario de sesiones, que finaliza hoy.

Macaulay fue elegida comisionada el 16 de junio de 2015 por la Asamblea General de la OEA, para un período de cuatro años. Es mediadora en la Suprema Corte de Jamaica, además de desempeñar el cargo de notaria pública. Antes, entre 2007 y 2012, fue jueza de la Corte Interamericana. En la CIDH es relatora para Antigua y Barbuda, Bahamas, El Salvador, Estados Unidos, Guyana, Haití y San Vicente y las Granadinas. También sobre los Derechos de las Personas Afrodescendientes y de las Mujeres. El perfil de Macaulay contrasta con el del candidato del Gobierno de Mauricio Macri para sumarse a la CIDH, Carlos Horacio de Casas, por su falta de antecedentes y sus posiciones abiertamente contrarias a los derechos de las mujeres y del colectivo Lgbti. La postulación de Casas fue impugnada por más de un centenar de organizaciones de derechos humanos, sindicales, campesinas, que trabajan en temas de justicia, ambiente, igualdad de género, derechos Lgbti y libertad de expresión.

–¿Cómo analiza el hecho de que a pesar de que se ha visibilizado más el problema de los femicidios en la región, la violencia machista parece tomar una cariz de mayor crueldad contra los cuerpos de las mujeres? –le preguntó PáginaI12 a la comisionada.

–Hay una reacción violenta de los hombres que consideran que las mujeres hemos avanzado demasiado. Pero no vamos a entregar los derechos que hemos conquistado. La Corte Interamericana, como la Comisión y los tribunales nacionales, deben forzarles a respetar los derechos de las mujeres.

–Cuando ocurren los femicidios, los Estados llegan tarde, aun cuando apliquen condenas severas.

–Hay que educar a los niños. Es fundamental una educación en el respeto mutuo.

–¿Habla de educación sexual integral en las aulas?

–Sí. Si logramos eso va a disminuir la violencia de género.

–¿Podría mencionar cinco medidas que deberían implementar los Estados, además de la educación sexual integral?

–En primer lugar, los Estados deben tener un entrenamiento expansivo y profundo en derechos humanos y respeto a los géneros. Todos los días se deberían difundir mensajes de diez minutos por las radios, de manera que todo el mundo los reciba y entienda. En segundo lugar, antes de seleccionar a integrantes de la policía, al personal médico que trabaje con mujeres, docentes, jueces y juezas, fiscales, se debe estar seguro de que tengan respeto por los derechos de las mujeres, deben tener esa sensibilidad. En tercer lugar, cuando los jueces toman decisiones discriminatorias respecto de las mujeres deben ser cuestionados, investigados y sancionados. No deben seguir con su trabajo. Los tribunales son el último bastión de la protección de los derechos. Cuarto: yo soy católica y voy a la iglesia todas las mañanas, pero considero que el Estado y la Iglesia tienen que estar separados. Ningún tipo de iglesia debe interferir en las decisiones gubernamentales de un país. El quinto punto tiene que ver con las mujeres mismas: deben conocer sus derechos, debemos ayudarlas a tener autoconfianza a que tengan el coraje y la voluntad para defender sus derechos. El Estado debe asegurarles el acceso a Justicia. Las mujeres no deberían vivir con miedo a la violencia ni un solo día.

–¿Qué opina del aborto?

–Debe ser descriminalizado. Un factor que lo demuestra es que las mujeres usan cualquier método cuando sienten que tienen que terminar con un embarazo, se infectan, hasta pueden dar su vida. Se ha visto que países que lo han despenalizado tienen menos muertes de mujeres por aborto y menos casos de daños causados a los órganos reproductivos. La criminalización del aborto también afecta la salud mental de las mujeres. Los miembros de mi iglesia me dicen cómo puedo pensar así. Y yo digo: mi alma está entre yo y mi Dios. Pero el Estado debe aprobar leyes para proteger a las mujeres. Si  una mujer como católica no cree que debería abortar, que no lo haga. Pero la ley es para quienes quieran hacerlo. Hoy vemos que muchos países están retrocediendo, endureciendo sus leyes sobre aborto. No creo que el Papa esté de acuerdo con que muchas mujeres jóvenes, que son madres, estén presas por un aborto. Cuando ellas van a la cárcel, en muchos casos las familias se rompen. El papa Francisco tendría que dar un mensaje contundente a los países para que despenalicen el aborto. A las mujeres que enfrentan un aborto, deberían asistirlas, aconsejarlas, pero no meterlas en la cárcel.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ