Uno, ninguno y cien mil fue publicada en el año 1926. Teatralizando una novela escrita hace casi un siglo, Giampaolo Samá realiza un trabajo de dramaturgia exquisito, la vuelve una obra contemporánea sin necesidad de agregarle diálogos inexistentes. La primordial estrategia de actualización fue cambiarle el género al personaje principal, quien en la novela es un varón, en la obra es una mujer.

Para quienes hayan leído la novela, es un verdadero deleite poder escurrirse en las escenas que Giampaolo seleccionó y como las colmó de teatralidad. Y para quienes no la han leído es una hermosa invitación a acercarse al trabajo de Pirandello.

En la novela el personaje principal, Moscarda, un varón de mediana edad, empieza a realizarse una serie de cuestionamientos sobre su existencia, poniendo en tensión la mirada que los otros tienen sobre él, lo que lo lleva a tomar una serie de decisiones emprendiendo una búsqueda por la singularidad. En la obra, al ser ahora Moscarda una mujer, el texto se reactualiza, volviéndose muy contemporáneo a la luz de las discusiones que se han suscitado en todo el mundo a lo largo de estos años con respecto al lugar de las mujeres en la sociedad. Dejando en evidencia que las palabras no son solo palabras, que hacen significado cuando se anclan en una corporalidad específica, en este caso la de una mujer, delgada, blanca, con una multiplicidad de gestos que hacen a su reservorio actoral.

La puesta en escena se nos presenta despojada de todo artificio teatral, estamos frente a un cuerpo, una silla. Sin embargo, es una obra llena de movimientos, nos traslada de un sitio al otro, en un vaivén de emociones: acompañamos al personaje en sus interpelaciones, dudamos con ella, nos abandonamos en su cuerpo una hora, navegando las aguas profundas de eso que reconocemos o desconocemos como “yo”.

En el cuerpo de Odorico se manifiestan múltiples cuerpos, un contador, un cura, una suegra, un esposo, dos socios; en un momento la sala está llena, es Pirandello con sus 6 personajes en busca de un autor, en este caso personajes en busca de una actriz. Miriam con una gran destreza actoral, le da a cada personaje una voz, una gestualidad, una corporalidad única, es ella y lo que se desprende de su cuerpo quien los trae a la escena. La obra está construida rítmicamente de tal manera, que cada gesto, cada palabra, cada sonido, tiene su lugar en este paisaje sonoro, en un orden aparente, lo que como espectadores nos tranquiliza ante el caos que nos propone el universo Samá/Odorico/Pirandello.

El proceso de obra empezó antes de la pandemia, sin embargo, el texto al abordar problemáticas como la soledad, la locura, y las relaciones con los otros, cobra una dimensión completamente diferente a la luz de lo que vivimos durante estos dos años. Los encierros intermitentes, las soledades que la distancia física propició como también las convivencias obligadas, aparecen como un eco durante toda la obra, evocando una memoria corporal de lo vivido, regalándonos resortes poéticos para descifrar un tiempo que aún hoy resulta muy opaco.

La dramaturgia de la obra funciona como un espejo, vamos haciéndonos una a una las preguntas que los personajes se formulan, ¿quedarme sola que significa? ¿Habrá algo en mi rostro, que nunca vi y que todos veían? nos arrojan a un universo vertiginoso donde somos testigos del proceso de descomposición de un yo, asistimos a la función de las múltiples facetas que habitan a una persona, a una mujer en este caso, en busca de quien es para sí.

La singularidad de Una aparece en el momento de la decisión, de decir hasta acá, así no, aquí estoy, lo que genera una poética feminista. Somos contemporáneos a un tiempo donde las sensibilidades ante la presencia de las mujeres y sus problemáticas no nos son ajenas, circulan, son parte de la atmósfera que respiramos. Una, sin pretender abordar de manera deliberada las discusiones que atraviesan los feminismos, nos acompaña en los recorridos de una mujer que empieza a preguntarse quién es y se enfrenta a los poderes estructurales que hacen a nuestras sociedades modernas, la familia, la iglesia y la justicia, exponiendo sus mecanismos de opresión, lo que la arroja a los bordes de la locura.


Una se presenta los sábados a las 20,30 en Timbre 4.