La propuesta dolarizadora reflota un debate siempre latente. Durante la hiper de 1989, con los coletazos previos al "plan de convertibilidad" de 1991 y en la crisis social/económica del 2001, el dólar fue siempre la alquimia salvadora de los autoproclamados "liberales".

Ante un escenario nacional e internacional inflacionario, el "billete verde" sale al ruedo y se enarbola como la solución al desequilibrio de precios que acarrea la Argentina. Aquellos que divulgan esa consigna consideran al peso argentino como una moneda de segundo orden por su constante pérdida de poder adquisitivo. Entienden que la anulación de la moneda nacional y la imposición del dólar sería una medida económica que podría acabar definitivamente con la inflación y que generaría certidumbre financiera. Así desaparecería el riesgo devaluatorio y las fluctuaciones de tasas de interés.

¿Qué es dolarizar?

La dolarización expresa la eliminación del peso argentino y su reemplazo por la moneda norteamericana dentro del territorio nacional. Todos los precios de bienes y servicios, ingresos, depósitos y ahorros estarían expresados en dólares. Es decir, "el verde" pasaría a desempeñar todas las funciones esenciales monetarias: medida de valor (precios), medio de circulación, de pago y atesoramiento.

Los "dolarizadores" entienden que una moneda que incumple con todas las funcionalidades es rechazada. En el caso del peso argentino argumentan que la pérdida de poder adquisitivo provoca una apatía generalizada dado que se incumple uno de los rasgos fundamentales de la moneda, como es el de reserva de valor

Al momento de pensar en ahorrar o adquirir y vender algún bien que represente riqueza futura, por ejemplo un inmueble, siempre se "piensa en dólares". Para ellos, dolarizar solucionaría el problema inflacionario y devaluatorio porque al tratarse de una moneda de mayor jerarquía internacional se eliminaría toda expectativa negativa que pueda generar algún desequilibrio macroeconómico. Se terminaría la "emisión descontrolada", el aumento de precios y la depreciación cambiaria. La Argentina eliminaría de un plumazo inestabilidades históricas a las que infinidad de gobiernos con tintes partidarios/políticos trataron de encontrar soluciones y fracasaron en el intento.

Si bien en una primera instancia la dolarización resulta atractiva en lo discursivo/ideal, la misma acarrearía una serie de incidencias económicas que deberían contemplarse al momento de su puesta en funcionamiento:

*Eliminación de la autoridad monetaria: el Banco Central de la República Argentina (BCRA) desaparecería. El sistema financiero/monetario sería absolutamente libre, cada banco o intermediario financiero podría hacer lo que le plazca, o bien la regulación pasaría a estar en manos de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED). Asimismo, ante situaciones de crisis, el sistema financiero no contaría con un prestamista de última instancia local de rescate, salvo en el caso de los bancos privados internacionales, que podrían ser asistidos por sus casas matrices. Tanto los bancos nacionales como los provinciales padecerían un horizonte desolador dado que nadie los ayudaría.

*Imposibilidad de financiamiento del Estado Nacional: la pérdida de moneda obstruiría una fuente de financiamiento del Estado. En caso que se necesite dinero para la implementación de programas como el REPRO (Recuperación y Sostenimiento Productivo), que asignó un monto a los trabajadores a cuenta del pago de los salarios a cargo de los empresarios durante la crisis pandémica, se hubiese tenido que solicitar fondos a Estados Unidos, o bien emitir deuda en dólares para conseguir el financiamiento.

*Evaporación de un instrumento de política económica: la adopción del dólar representaría la pérdida de unos de los instrumentos fundamentales en materia de política económica como es el monetario. Sin control de la moneda se eliminaría un elemento directo de estímulo al consumo y la inversión. En materia cambiaria, la dolarización implicaría la imposibilidad de equilibrar los precios internacionales con los locales mediante regulaciones del tipo de cambio con objeto de abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones.

*Agravamiento de la dependencia monetaria y financiera: la ausencia de moneda nacional supondría una absoluta sumisión a la voluntad de los no residentes o de residentes tenedores de dólares en el exterior formales e informales. El balance de pagos debería tener un saldo superavitario para poder incrementar la cantidad de dinero (dólares) y así lograr crecimiento vía inyección monetaria. En consecuencia, los designios del ciclo económico local estarían condicionados por exportaciones, ingresos de capitales o endeudamiento, es decir, por decisiones económicas de no residentes y por tenedores de dólares que estén dispuestos a repatriarlos y/o "blanquearlos".

*Supresión de las reservas internacionales: las actuales reservas del BCRA deberían ser utilizadas para intercambiarse por los pesos argentinos en circulación, depósitos y amortizaciones de activos financieros expresados en pesos que tendrían que ser pagados en dólares. Un reporte del Centro R.A. de la Facultad de Ciencias Económicas de UBA estableció un "tipo de cambio dolarizador" de 4315 pesos por dólar. Otro boletín que surge del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano determinó que para dolarizar la relación sería 620 pesos por dólar. Dicho nivel de depreciación generaría, sin duda alguna, un trastorno de precios relativos internos.

*Imposibilidad de una integración monetaria: la "receta dolarizadora" sepultaría cualquier posibilidad de consolidar el Mercosur mediante la utilización de una misma moneda entre países miembros. El proyecto de la moneda denominada "Sur" y la creación de un Banco Central Sudamericano no serían factibles salvo que la región se dolarice. En este caso, no solamente la Argentina sino Latinoamérica estarían sometidas a las decisiones de política monetaria impartidas desde Estados Unidos.

Peor el remedio

La dolarización no necesariamente solucionaría el problema inflacionario. Hoy en día, los precios en dólares de bienes y servicios están aumentando a escala mundial. En Estados Unidos, la tasa interanual de inflación se disparó a 8,5 por ciento. La adopción del dólar no evitaría que la economía argentina absorba dicho shock externo inflacionario.

Desde lo histórico, las experiencias locales no fueron alentadoras. El "Plan de Convertibilidad", que si bien no eliminó la moneda nacional encarnó una "dolarización a medias", finalizó con una de las peores crisis sociales/económicas argentinas.

El cambio de orden monetario no representa la panacea en términos distributivos. Los "tipos de cambio dolarizadores" implicarían un gran perjuicio para el salario. De acuerdo al boletín del CENE, un ingreso de 100 mil pesos equivaldría a 160 dólares. Si bien todos los bienes y servicios pasarían a tener precios dólares, ¿cuál sería el poder adquisitivo real del salario? Si esos 160 dólares fueran utilizados para comprar alimentos en Estados Unidos equivaldría a un cuarto de la canasta alimentaria. Se estima que una familia con cuatro integrantes gasta entre 500 y 700 dólares al mes en comida.

Detrás del "velo dolarizador" se encuentra la puja distributiva. En caso de dolarizar, los sectores beneficiados serán los vinculados al sector externo. Sus ganancias se incrementarían al compás del deterioro del costo salarial dolarizado.

La pérdida de soberanía monetaria implicaría la eliminación de unas de las instituciones sociales más importantes como es la moneda. Significaría no contar con un instrumento de política económica fundamental de crecimiento, distribución y desarrollo. Asimismo, agravaría los lazos de subordinación respecto al país emisor de la moneda que se adopta. A los niveles de dependencia financiera por endeudamiento y comercial ya existentes habría que sumarle la monetaria.

En resumidas cuentas, aquellos que promocionan la dolarización niegan las causas de la inflación y la devaluación del peso y ocultan los perjuicios futuros. Entienden que el desequilibrio de precios es pura y exclusivamente monetario. El dólar sería una especie de solución mágica. Ojalá así lo fuera, pero en el caso argentino existen causas primarias de fondo como las estructurales (bimonetarismo, concentraciones de mercados y comercio exterior), socioculturales, institucionales, políticas, comportamientos históricos sociales, que juegan un rol relevante. Pensar que causales de este tipo pueden ser modificadas con la receta alquimista dolarizadora sería subestimar la contrariedad macroeconómica.

*Miembro del Observatorio de Comercio Internacional (OCI). Departamento de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Luján.