Despedidas> Adiós a Anita Pallenberg, actriz, modelo y la sexta Stone
La maga

Se cuenta que era dueña de una Mano de Gloria y que con este objeto macabro ejercía la magia negra en el seno de los Rolling Stones. La Mano de Gloria es una reliquia humana: la zarpa izquierda de un ahorcado, disecada, que se enciende como una vela. Sólo una bruja mayor sabe cómo usarla. 

Se cuenta que, cuando filmó Perfomance de Nicolas Roeg en 1969 tuvo sexo real con su coprotagonista, Mick Jagger, y que esas escenas, escatimadas del corte final, se montaron para un mediometraje porno que ganó el premio mayor en un festival especializado en Amsterdam. 

Se dice que, cuando los Rolling Stones grabaron Exile on Main St. en el sur de Francia se les cortaba la luz aquel caluroso verano del 71 y fue idea de ella robar la electricidad de la red ferroviaria que pasaba cerca para desviar los cables hasta el sótano-estudio.       

Son muchos los mitos sobre Anita Pallenberg y ninguno va a confirmarse, no sólo porque ella acaba de morir a los 75 años, sino porque fue, durante toda su vida, increíblemente discreta y leal. “Me junté con editores, quise hacer una autobiografía. Pero ellos sólo querían las chanchadas.” Lo que los editores querían eran los detalles sobre su romance con Brian Jones, cómo lo dejó por Keith Richards en 1967 y saber si tuvo esos supuestos encuentros épicos con Mick en el set. Ella los negó siempre: “Yo amaba a Keith y era una chica de un solo hombre. La última persona con la que me hubiese acostado en ese momento era con Mick”. 

No se sabe de qué murió Anita Pallenberg. Había atravesado dos operaciones de cadera y controlaba una hepatitis C. Pero sí se sabe que disfrutaba de estudiar botánica y moda, de veranear en Jamaica –en casa de Keith–, de comprar telas en Jaipur y pintar acuarelas y pasar tiempo con sus amigos jóvenes, desde Rufus Wainright hasta Kate Moss o Stella Schnabel, la hija de Julian, la primera en despedirla en Instagram. Murió como una excéntrica inglesa pero era italiana, estudió pupila en Alemania y fue echada del colegio a los 16 años: adolescente fatal, se fue a la Roma de La dolce vita y después a la Nueva York de Warhol para retozar por la Factory. Venus de las pieles, rubia de piernas largas y ojos endemoniados, era una modelo que no se sentía cómoda en el mundo de la moda y que en 1965 se metió en el backstage de los Stones en Munich, les ofreció hachís, se fue a dormir con Brian Jones y sacudió a la banda para siempre. 

Marianne Faithful, que fue su amiga hasta el final, escribió sobre ella: “Era la mujer más increíble que había conocido en mi vida. Brillante, hermosa, hipnótica e inquietante. Su sonrisa –¡con esos dientes carnívoros!– aniquilaba todo. Las otras mujeres se evaporaban a su lado. Hablaba en un desconcertante dialecto dada y hipster. Un slang ítalo-germano-cockney que mezclaba su sintaxis en fragmentos surreales. Todo era parte de su atracción siniestra”. 

Con Brian Jones estuvo dos años. La relación se terminó camino a Tánger: ella, Brian y Keith viajaron a Marruecos juntos. Keith y Anita se enamoraron en el asiento trasero del Bentley. Brian Jones le pegaba a Anita. Ella se defendía: los dos estaban siempre lastimados. Ella quiso otra vida, loca pero tierna, con Keith. Tuvieron tres hijos: Marlon, Angela y Tara, que murió cuando tenía 10 meses, en su cuna. “Yo le tenía terror”, dijo Keith. “Sabía mucho acerca de todo, ¡y lo sabía en cinco idiomas! Siempre me gustaron las mujeres de carácter y Anita es una valquiria. Es la mujer que decide quién morirá en la batalla.”

Anita era una Rolling Stone. Marianne lo resume bien: “La historia de cómo Anita se unió con Brian Jones es realmente la historia de cómo los Stones se convirtieron en los Stones. Ella sola elaboró la ingeniería de una revolución cultural en Londres al reunir a los Stones con la juventud dorada. Les sumó una pátina aristocrática que les servía como contraparte ideal a las raíces bluseras de su música. Esto transformó a los Stones de estrellas pop a íconos culturales”. Basta mirar las fotos. Los Stones empezaron a vestirse como Anita (Keith literalmente usaba su ropa: tenían el mismo talle). Ella les cambió el estilo y el aura. Los introdujo a un mundo de ricos, de artistas, de decadentes; de herederos y mafiosos y nobles. Los convirtió en realeza exiliada. Y además tenía opinión y participación en un momento en que las mujeres ni siquiera olían un estudio de grabación. Es suya la voz de los “hoo-hoo” de “Simpatía por el demonio”, y Mick Jagger decidió remezclar Beggar’s Banquet porque a ella no le gustó cómo sonaban la voz y el bajo en “Stray Cat Blues”. Inspiró canciones extraordinarias. “You Got The Silver” de Let It Bleed, una declaración de amor y de inquietud: “¿Qué es esa carcajada en tu sonrisa? ¿Qué es eso en tus ojos? ¿Son los diamantes de la mina? No me importa. Tenés mi alma, tenés la plata, tenés el oro. Si es este tu amor, me volvió ciego. Y no me importa”. O “Happy”, la canción de dicha conyugal del muy enamorado Keith: “Necesito amor, nena, haceme feliz. Quedate conmigo”. O la demoledora “Beast of Burden” de Some Girls, cuando la relación ya se terminaba, donde reconoce que “mi espalda es ancha pero duele” y se pregunta si es “lo suficientemente duro, lo suficientemente áspero, lo suficientemente rico”. Todos los titulares la llaman musa pero ella fue cómplice y compañera. Una par. Y tenía además una carrera notable como actriz: además de Perfomance, fue la Gran Tirana/Reina Negra de Barbarella de Roger Vadim y recientemente filmó con Abel Ferrara, John Maybury (en la oscura biografía de Francis Bacon Love is the Devil), Stephen Frears y Harmony Korine, que la incluyó en un elenco de grandes nombres como Werner Herzog o Denis Lavant en Mr. Lonely.  

La relación con Richards se terminó en 1980, según Anita por culpa de “los abogados” que la consideraban una mala influencia. Según Keith, el punto final tuvo un disparador más escabroso: mientras él grababa en París, Anita compartía noches en Nueva York con un amante adolescente, Scott Cantrell, que una madrugada se pegó un tiro sobre la cama. El chico tenía 17 años. Todavía no se sabe bien qué le pasó a ese amante adolescente; se cree que jugaba a la ruleta rusa. Anita apenas habló del hecho durante su vida. Ella no pedía disculpas ni daba demasiadas explicaciones. Fue el comienzo de años densos, de dificultades para dejar las adicciones, de enfermedades y varias danzas con la muerte. Pero resurgió: Anita era fuerte. 

A pesar de las turbulencias, Anita y Keith mantuvieron el afecto y la paz durante más de treinta años. El la despidió en público diciéndole que siempre la llevaría en su corazón. Y también la despidieron en Instagram Theodora y Alexandra Richards, las dos hijas de Keith con su actual esposa, Patti Hansen. Alexandra le escribió a la mamá de sus hermanos: “Una madre, una abuela, una amiga, una amante, una artista, un icono, una verdadera mujer del Renacimiento. Qué leyenda”. Las chicas, aunque no lo sepan, todavía quieren ser como ella. Perras y brujas y salvajes y amorosas flores del mal, amadas y respetadas, con el delineador corrido, el saco de leopardo, la boa de plumas, las amigas geniales, el novio que te roba la ropa, la capacidad de hablar cinco idiomas, las manos sucias de cuidar un jardín y las estrategias para poder sobrevivir.