Origen:

La historia universal del libro está hecha de movimientos oscilatorios que tienen el siguiente patrón: "construcción/ destrucción/ construcción..." Transcurre en un paisaje apocalíptico que es preferible ignorar, puesto que de tan absurdo y espantoso, no sirve más que de abono para la negatividad de la condición humana.

Sin embargo, todavía es posible a costa de simulaciones y olvidos hacer como si no supiéramos nada de los agentes del mal: fuego, terremotos, guerras, agua, gusanos, desapariciones y usar la historia del libro para otros fines. Más amables y prometedores, un conjunto de restituciones menos estadísticas que semióticas para volcarlas al plano de los posibles narrativos.

 

Forma:

 

Cansado de vagar con la generación beat, envilecido en las construcciones hollywoodenses y aburrido de fraguar la receta de la novela policial, el escritor David Markson llegó al final de sus días con el firme propósito de escribir una novela "de referencias y alusiones intelectuales, pero con casi nada de novela". De esa intención flaubertiana salieron: La soledad del lector y Esto no es una novela, ambos editados por La Bestia Equilátera.

Quizá debido a una obsesión de coleccionista en la inminencia del final de su vida, a Markson se le dio por consignar notas sueltas que constituyen una suerte de disquisición sobre la enfermedad en la vida el arte. Aunque también hay otros temas: la evidente enumeración de todos los intelectuales antisemitas desde el origen del mundo y la aparición de libros más o menos reales, más o menos imposibles que se perdieron en la bruma de la historia o de la ficción, términos éstos que en su texto, son  perfectamente reversibles.

 

Tácticas ya empleadas:

 

Al deseo de escribir una novela con libros no se le escapan los movimientos que otros escritores han incorporado a su narrativa. Por caso: Elías Canetti, en Auto de Fe, Umberto Eco en El Nombre de la Rosa y Manuel Vázquez Montalbán en las aventuras de su detective Pepe Carvalho.

Carvalho quemó unos cincuenta y cinco libros perfectamente detallados (y otra cantidad al azar sin referencias concretas) a lo largo de sus peripecias de novela. Son pistas de una crítica impiadosa no de este o aquel volumen (El Quijote fue la primera novela quemada por el detective) sino de la condena al gesto mismo de perseguir el conocimiento a través de los libros.

Y ya que de libros hablamos ‑y de metáforas, fantasmas, imposibles‑, porque queremos anotar la novela con libros, vamos a jugar con una restricción: está prohibido mencionar tan siquiera una vez al Escritor que todo lo ha pensado y que mejor dramatizó la forma del universo en una Biblioteca.

 

Lo novelesco:

 

Hundimientos:

 

The Old Dominion, de Mary Johnston editado por Times Library en 1899, rescatado de la biblioteca ubicada en el puente "A" del Titanic, mucho más modesta por cierto que la del Nautilus que contaba, según Julio Verne, con 12 mil volúmenes; 

‑Poema compuesto por Adán sobre la extrañeza de la creación de Eva, salvado del diluvio en la bodega del Arca de Noé.

 

Catálogos:

 

‑El de Arsubanipal hacia el año 700 a.C; que da cuenta de los libros sumerios y acadios reunidos por mandato de su padre, el rey Asarhadon, tal vez analfabeto pero no menos amante de los libros, quien habría dictado la siguiente sentencia: "conserva la memoria de mi nombre".

‑El Index Librorum Prohibitorum, edición de 1966 aún vigente desde la primera versión de 1790 confeccionada por los jesuitas. Para conocer muchos otros textos allí incluidos, aparte de los de Voltaire, Locke, etc., y en tanto programa de lectura obligatoria.

 

Pertrechos de Guerra:

 

Cada uno de los libros usados como cartuchos para balas de arcabuz o despojados de sus sellos de plomo y plata para la fabricación de balas, de manera que el enemigo recibiera en su cuerpo directamente, siglos de filosofía y poemas. También podrían tentarse otras series como las relativas al uso para envoltorios, plantillas, para encender lámparas o limpiar escupideras cada vez que ha triunfado una revolución.

 

Tesoros:

 

‑Los dos libros que los habitantes del nuevo mundo le regalan a Cortés junto con el oro, más tentador para aquellos hombres blancos, poco lectores.

‑Una traducción latina de Marco Polo que Colón anotaba profusamente y usaba en particular como mapa de un tesoro.

‑Cualquier "corvina" (proveniente de la biblioteca del Rey húngaro Matías Corvino, famosa por su fasto) que haya sobrevivido al devastador ataque de Solimán.

‑Un ejemplar de La Ilíada que Alejandro Magno llevaba en un cofre enjoyado a sus campañas y tenía notas y enmiendas de puño y letra de Aristóteles.

 

Manuscritos perdidos, inéditos:

 

‑La novela In ballast of de White Sea, que se le quemó a Malcom Lowry en una cabaña en Canadá;  

‑La novela de Hemingway que estaba en la valija que le robaron a su mujer, en la Gare de Lyon, París 1922;

‑Lo que sea que haya escrito Cristo en la arena, según el evangelio de San Juan (8:8).

 

Epílogo:

 

¿Cómo sería una novela que acumulara citas en la forma de nombres de libros por el mero placer de convocarlos, dejando de lado el recuento de los horrores que la humanidad le ha infringido sin parar mientes en su rostro humano, en su carácter de "doble del hombre"?

En vez de lamentar la falta, proveer una experiencia en tono de juego. Al fin de cuentas, como se ha dicho por ahí, si no se hubieran perdido millones de libros no habría nadie hoy para comentarlos.