Patricia Bullrich llegó con los tapones de punta, dice uno de los comensales. No era la primera vez. No la pararon ni los saludos primorosos de la madre de Juliana Awada que apareció de pronto en la mesa para saludarlos. “Todo fue un infierno”, dice el mismo invitado. “Una verdadera locura”. La presidenta del Pro no paró de reprochar a Horacio Rodríguez Larreta el retiro de las fuerzas policiales de la esquina de la casa de Cristina Kirchner. Pidió represión, corchazos de bala de goma, y recordó: “Como hice yo durante nuestro gobierno”. El jefe de gobierno porteño le dijo que eso era falso porque ni ella con todo el aparato de las fuerzas de seguridad pudo sacar a la gente de la calle. “No pudimos”, dijo él. Y ella insistió: “Es un contrato moral que tenemos con toda la sociedad”.

Menú liviano de carne con papas que de todas maneras resultó una bomba. Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Bullrich, Diego Santilli, Cristian Ritondo y, entre otros, María Eugenia Vidal se congregaron en el Happening de la Costanera, en una cita que repiten cada dos semanas, pero esta vez con la agenda caliente destinada a cerrar la disputa pública por las diferencias internas disparadas por el operativo frente a la casa de CFK.

Hubo pase de facturas, discusión subida de tono y en el larretismo quedó la sensación de que hay una bomba que nadie puede domar. Terminado el almuerzo decidieron que sólo Vidal debía dar el parte a la prensa que esperaba ansiosa en la vereda. Así lo hizo. Salió y dijo: “Ella dio su opinión y el tema es un tema terminado”, en referencia a las críticas de la Presidenta del Pro. Pero Bullrich decidió otra cosa. Dejó todas las heridas abiertas. En el espacio sugieren que hasta ella misma buscó la luz de las cámaras. Y ahí dio su propia versión: "Mantuvimos nuestra posición".

Escuchame una cosa

El pase de facturas por lo que se hizo y lo que no se pudo hacer durante el gobierno de Cambiemos fue uno de los tópicos de la discusión. Bullrich de un lado. Larreta del otro. “Es mentira”, le reprochó el jefe de gobierno porteño cuando ella volvió a decir aquello que repitió en todo set televisivo que tuvo a mano estos días: que su mano dura frenó la calle. “Nosotros no pudimos parar la movilización”, le dijeron. Y Larreta agregó, palabras más, palabras menos: “Escuchame una cosa, cuando vos hacías lo que hacías mientras estabas en el ministerio de Seguridad, yo no iba a hacerte un piquete a los canales de televisión, salía y te respaldaba”.

– Eso es lo que tenes que hacer ahora vos –le exigió--. No podes andar criticándome en todos lados.

Y ella:

– Es un contrato moral lo que nosotros tenemos con la sociedad, no nos podemos callar.

¿Qué pedía Patricia? ¿Qué es lo que quería que hiciera el gobierno porteño? Desde el espacio lo sintetizan de este modo:

--Tenes que ir y cagarlos a palos –dicen que dijo. "Ponele, balazo de goma, corchazos, represión".

La locura de planteos en esos términos no cesaron. Macri miraba la escena en silencio. Intervino poco. Intentó alguna mediación sin que se le notaran demasiado las ganas. Larreta explicó en esa mesa lo que sostienen varios integrantes del espacio: que una cosa es la gestión y otra es estar en campaña, y le reprochó a Bullrich mezclar permanentemente los espacios. Finalmente llegaron al acuerdo de la comunicación. El mensaje final. Cámaras y periodistas en la puerta. Vía consenso y discusión optaron por Vidal porque era una figura que estaba lejos de los dos puntos en contienda. Debía decir que el tema estaba cerrado. Pero el acuerdo no se cumplió.

“Para nosotros es un tema terminado”, dijo Vidal, como debía decirlo. Y siguió: “Ya discutimos todo lo que tuvimos que discutir en el ámbito de este almuerzo. Las discusiones internas del partido no son de interés público".

En ese momento, Bullrich eligió ser su propia vocera. "Hemos estado deliberando cuáles son las miradas y cómo tratar asuntos como el que se dio el fin de semana –dijo y sentenció--: Mantuvimos esta posición".

Diego Santilli y Ritondo salieron juntos y rápido pero se toparon con las cámaras. Dijeron algo, pero cortito, y con el mismo subrayado del tema cerrado. Hablaron y sólo hablaron, dicen en el espacio, porque las cámaras se los cruzaron. Y dijeron lo justo. Y deslizan que lo de Bullrich fue distinto, salió, buscó y habló, decidida a romperlo todo.

Sobregirada


El giro en el Frente de Todos de las últimas semanas, tiene a JxC fuera de eje, con una tormenta que ellos mismos desataron y que no saben como frenar. Además, están desconcertados. Todavía enfurecido, uno de los integrantes del larretismo anoche miraba con el corazón partido lo que está pasando en el oficialismo. “La interna del Frente de Todos, sin centralidades entre sus referentes, con todo roto y astillado, nos pegó también a nosotros porque rompió los ejes ordenadores y se llenó de candidatos que se creen con credenciales para presidente. Pero ahora, Cristina resolvió esa interna en una semana y puso a todo el peronismo detrás. Se suponía que acá tenía que estar pasando lo mismo, con el oficialismo unificado, también tenían que acabarse estos piquetes internos, pero eso es lo que no estaría pasando”.

Algo de ese giro en el FdT también dejó herida a Bullrich. Hasta la semana pasada, “venía agrandada”, dice ahora un vocero. Con la agenda pública sobregirada hacia la ultraconfrontación contra la Vicepresidenta, Bullrich ventajeaba porque gana endurecida en esa polarización. Juicio de la Obra Púbica. Tapas de domingo. Aliento al alegato de los fiscales. Y con eso, se mantuvo recargada. Pero la defensa pública de CFK, el aliento al canto de la marcha peronista, el mensaje en el que dijo que no iban por ella sino por todo el peronismo y la lluvia de adhesiones, cambiaron el paisaje. Aún así, recién el fin de semana, Bullrich se sintió tocada, dicen en el espacio. Con las vallas y la represión, CFK decidió salir a confrontar con Horacio Rodríguez Larreta, el nombre del contrincante de Bullrich en la interna. Eso, aparentemente la noqueó.

“A Bullrich, CFK ni la nombró”, dicen en el espacio. Eso alarmó a la exministra que sigue decidida a seguir en carrera, pese a que quieren sacarla del juego.

¿Quién para a Patricia?, se preguntó el mismo vocero. Y dijo: “Acá hay que acostumbrarnos a que esto va a ser así: con dos candidatos aspirantes que disputan en el mismo lugar, se van a tensar más, para diferenciarse uno del otro. Ojo, está bien que se diferencien, pero el problema es cuando esas diferencias empiezan a ser destructivas”.

Eso es a lo que temen hoy.