ABORTO
La gran deuda de la democracia
En 1998, cuando nació Las12, la tasa de mortalidad materna era de 3,8 fallecimientos cada 10 mil nacidos vivos y la principal causa de muerte por embarazo, parto o puerperio era el aborto clandestino. La Argentina se comprometió a reducir un tercio de la mortalidad materna, pero eso no ocurrió: el Estado es responsable. Aunque el movimiento de mujeres, el fallo F.A.L, el Protocolo de Interrupción Voluntaria del Embarazo (ILE) y las líneas telefónicas y de socorristas hicieron descender la cantidad de mujeres muertas por aborto de 100 a 55 por año. Falta el aborto legal y, mientras tanto, las redes y la información son vitales.

La legalización del aborto es la gran deuda de la democracia con las mujeres. En Argentina se aprobó el matrimonio igualitario; con la iglesia católica y la evangélica unidas en una plaza naranja y rancia y con Jorge Bergoglio, como Obispo de Buenos Aires a la cabeza, antes que en Francia, Alemania, Estados Unidos y Uruguay, entre otros países. No se aprobó fácil, sino con la decisión política que se gobernara con votos y no con lobbys y frenar a los curas que manipulaban entre pasillos lo que no lograban en las urnas. Se logró también aprobar la identidad de género, la fertilidad asistida diversa, la anticoncepción gratuita, la ligadura de trompas y vasectomía, la educación sexual integral. Pero no se consiguió aprobar el aborto seguro, legal y gratuito, un derecho que existe, por ejemplo, en España, Francia, Alemania, gran parte de Estados Unidos, Cuba, México DF y Uruguay. La deuda se cobra vidas. En Argentina murieron 55 mujeres por el gatillo imperdonable de la clandestinidad del aborto. En Uruguay la mortalidad es cero y no muere ninguna de las mujeres que pueden abortar monitoreada por el sistema público de salud. El camino de los últimos veinte años del movimiento de mujeres está contado en Las12 y el espejo textual del reclamo muestra, también, que lo que falta no puede tapar los logros de la voluntad colectiva. En el 2001, en lo peor de la crisis del estado de sitio político y económico de la Argentina, murieron 100 mujeres por la clandestinidad del aborto, según datos del Ministerio de Salud de la Nación y, en el 2015, la cifra se redujo a 55 muertes. La disminución no es un punto final, pero no es menor y tiene muchas causas: la batalla judicial, los protocolos de acceso a interrupciones voluntarias del embarazo establecidos por el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud de la Nación, las líneas telefónicas para asesorar a mujeres sobre el aborto legal, las redes de socorristas que ayudan a mujeres a abortar, el uso de misoprostol, los servicios de salud accesibles y amigables, las medicas/os que se animan a decir y hacer abortos y las profesoras/es que incluyen en la educación sexual integral la información sobre aborto seguro. No es todo lo que falta, pero no es poco. 

Las tapas y notas de Las12 no solo recorrieron la demanda, la bandera, los pañuelos verdes, las historias desangradas y las estrategias políticas y judiciales. En cada caso (y en conjunto con la cobertura de Mariana Carbajal desde la sección sociedad de Página12) se acompañó los reclamos judiciales de mujeres, adolescentes y niñas. Así se impuso una disputa judicial que terminó, en el 2012, con el fallo F.A.L que respaldó los abortos no punibles para todos los casos en que corra riesgo la vida o la salud de las mujeres -en un sentido amplio que considera su salud física o emocional- y que permite la interrupción legal del embarazo (ILE) en todos los casos de violencia sexual y cuando el embarazo es inviable. 

A partir de la jurisprudencia del Tribunal Supremo (que no podría darse con una actual conformación mucha más reaccionaria frente a los derechos sexuales y reproductivos) el aborto en la Argentina no es legal… pero es virtualmente legal. Y cuánto más se sepa, más mujeres se van a salvar (de pasarla mal, de un destino que no quieren o de la muerte) por eso escribir información precisa y pasarla es -más que nunca- vital. 

La mayoría de las mujeres no saben que tienen derecho a interrumpir un embarazo solo con aludir a una depresión (que afecte su salud emocional) de una gestación que rechazan. Por eso, cualquier mujer que pida acceder a una interrupción de un embarazo puede hacerlo. ¿Y por qué no se dice, no se sabe? Porque todavía no es legal y gran parte del acceso al aborto prefiere la voz baja para que el embate conservador no corte lo que se hace en voz baja. Por eso, la legalidad no solo generaría mejores servicios de salud, sino poder decirlo en voz alta. La información, ahora, se cuenta sotto voce y pierden las más pobres y las más desamparadas o que se topan con médicos cruentos sin saber sus derechos. La falta de una ley de aborto legal, seguro y gratuito es una cuestión de vida o muerte. Poder escribir desde y para el cuerpo de las mujeres, en Las12, es también es una forma de periodismo vital que hace de la urgencia una letra que saca del ahogo individual y rescata el grito colectivo. No nos callamos nunca y no nos callamos más. 

Los derechos no sirven si no se conocen. Pero en el aborto más porque las letras grandes expulsan a la clandestinidad y la letra chica, en cambio, da derechos y salva. Por eso, hay una diferencia de vida o muerte entre quienes sí conocen sus derechos y a quienes se los tapan. En este panorama, la información no solo es crucial, es una herramienta vital de lazos y de supervivencia, en donde el boca a boca es una respiración que abre los ojos y se convierte en oxígeno de datos amigables. 

Las preguntas también cambian las respuestas. Las12 preguntó cuántas interrupciones legales del embarazo (ILE) se realizaron. Y obtuvo respuestas. En el 2015 se practicaron 500 abortos legales, en todo el país, según cifras oficiales (salvo siete provincias que no quisieron dar información) notificadas al Ministerio de Salud de la Nación y en el 2014 la cantidad de ILE realizadas por los servicio de salud fue de 400, según información consultada por Las12 y que, como no consta en estadísticas oficiales, si no constara en archivo se perdería también la constancia de ese avance. El aborto no es legal en Argentina, pero sí se realizan abortos legales. Y todas pueden hacerlo. 

Hay datos que, sin embargo, en dos décadas en las que cambió todo no cambian. La tasa de mortalidad materna, en el 2015, fue de 3,9 muertes por cada 10.000 nacimientos, según las últimas cifras disponibles del Ministerio de Salud. No va en baja, sino con un leve crecimiento: un año antes la tasa era de 3,7. La clandestinidad (y no el aborto que es una intervención sin riesgos) se lleva el 18 por ciento de las muertes por embarazo, parto o puerperio. En 1998, el año en el que Las12 nació, era de 3,8. Nada sigue igual: las mujeres salimos a la calle con el grito de Ni Una Menos, el Congreso aprobó un paquete de leyes renovadoras (violencia de género, trata, salud sexual, femicidio, etc), el progreso trajo conexión e interactividad y el sexo estalla en las pantallas y en la campaña electoral. Pero las mujeres se mueren en la misma proporción por portación de vientre y querer o no querer seguir un embarazo. Veinte años es mucho y la tasa de mortalidad materna también. Otra cosa que no cambia es que no todas las mujeres somos iguales, ni ante la vida, ni ante la muerte. En 1998 la tasa de mortalidad materna era de 13,6 en Jujuy, 10 puntos por arriba del promedio las posibilidades de morirse en el norte por el sexo deseado o asqueado. Todavía, también, la brújula dispara balas que también constituyen una forma de femicidio contra las mujeres del norte (las diferencias son de género, de clase y de territorio) con una mortalidad materna actual de 8,1 fallecimientos cada 10.000 nacimientos en Salta. Y en Jujuy y en Chaco (donde se va a realizar el próximo Encuentro de Mujeres en octubre) donde la tasa de mortalidad materna es 7,5 y 7,3 y las posibilidades de morir por ser mujer duplican por encima el promedio nacional. Argentina, además, se había comprometido con Naciones Unidas a reducir un tercio de la mortalidad materna para el 2015. Incumplió. No bajo nada. Pero esa deuda la pagan las mujeres y la silencian los grandes medios. 

“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, es un lema del movimiento de mujeres. Pero un lema con letra chica. El periodismo feminista hilvana esa bandera, con datos, propuestas, preguntas, relatos, noticias, activistas, alertas. En ese hilvanado están las notas como puntadas en donde entre el blanco y negro de la clandestinidad y la demanda no hay grises, sino verdes, vidas y cuerpos y deseos enlazadas por quienes ponen el cuerpo y acompañan. “Enrejadas”, fue el título -del 29 de abril del 2016- ante la detención de Belén después de llegar con un aborto espontáneo a un hospital de Tucumán. Y no solo se trata de escribir sino con que letras se escribe. “Cuando Belén se escribió con V”, se trazó como una victoria la liberación de Belén en el suplemento del 19 de agosto del 2016. Mucho antes, el 31 de julio del 2009, en Las12 se contaba la creación de una línea telefónica atendida por Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto (y la fallecida Vero Marzano) que sacaba la cabeza del miedo y asesoraba sobre el uso del misoprostol con el nombre clave de “Una línea para abortos sin riesgos”. El 27 de septiembre del 2013 se recorrió con las socorristas en red los lazos, en todo el país, entre mujeres y con las mujeres que después de hacer pis no saben qué hacer con esas dos líneas que no quieren que les marquen el theend de su historia. “Por nosotras, por las otras”, se llamo la nota con las socorristas. El espíritu es ese. Somos las que ponemos el cuerpo cuando escuchamos, cuando marchamos, cuando pedimos cifras, cuando contamos. 

Falta mucho, pero no fue en vano. Cada mujer vale. Y nunca el aborto tendría que valerles la vida.