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La mesa está servida
Miss Bolivia se sentó a la mesa de Mirtha Legrand y pateó el tablero de la heteronorma al punto de que la conductora tuvo que hacer mea culpa de su postura pública sobre la diversidad sexual. Además mostró otra forma de vestirse, económica e informal. El feminismo popular en el prime time puede ser una forma de llegar a más mesas.

Miss Bolivia puede hacer cumbia de despecho, arengar a la platea femenina con el hit “tomate el palo” como grito de guerra frente al desplante amoroso; decirle cagón a un varón que histeriquea por whatsapp pero que esquiva la relación carnal; bardear a la policía en un video en una fábrica; hacer lazos con otras cantantes latinoamericanas contra el machismo; convocar a niñas y adolescentes en recitales apto para todo público; ser la cortina de una novela como “La Leona” que reivindicó la lucha de una mujer como líder de una fábrica recuperada; gritar Ni Una Menos junto al movimiento de mujeres, mover el cuerpo y con el cuerpo el culo, el ombligo, las rodillas en cuerpos libres y no estáticos, sino propios y potentes. Miss Bolivia puede hacer del amor una canción y de la furia una rabia coreada. Y, también, puede sentarse en la mesa de Mirtha Legrand y romper la simbiosis de la televisión sin un solo tono desencajado. 

No solo sentarse, también pararse y mostrar su look -como es habitual- sin la jaula de la moda (que pasan en el programa ídem que solo habla de marcas, publicidad encubierta, precios imposibles) y un manto inaccesible de ropa, calzado y maquillaje. “Estos zapatos me los compré en Once, este chupín es de una amiga mía, esta remera es de una feria americana, esta campera la compré también en un negocio de Once, estos anillos son del Barrio Chino que salen 50 pesos y me peinó y me pintó mi amiga personal MechiMoretó y a la gilada ni cabida”, describió la psicóloga y cantante Paz Ferreyra (Miss Bolivia) en un momento televisivo que se convirtió en viral. Después, se puso más candente. La vueltita le llegó a Mirtha.

–¿Tenés chicos, estás en pareja? - le preguntó Mirtha Legrand.

 –Me casé hace tres meses exactamente. Durante muchos años tuve novias, parejas, convivientes, concubinas y hace un par de años me enamoré de un hombre. Se llama Emmanuel Taub, es doctor en Ciencias Sociales e investigador en el Conicet. 

–¡No me digas! ¿Qué se produjo en tu vida? - inquirió Mirtha. 

–Nunca fui prejuiciosa ni tuve un totalitarismo. Siempre fui abierta al amor cuando era el momento. Nunca pensé en casarme hasta que el señor Taub me lo propuso. Fue durante unas vacaciones y con un anillo de papel higiénico que había armado en el baño. Entonces yo le dije que no, me tomó por sorpresa y yo me había vuelto muy reticente a lo institucional pero le di cabida al romanticismo y me aventuré.

El tono calmo de Paz dejó a Mirtha más sorprendida que interpelada. Si en la televisión los discursos son homogéneos la ruptura solo se da cuando se lleva a alguna leona a pelear entre una jauría de dinosaurios o en programas sin sobrevuelos. El lugar de bicha rara, gritona y desencajada a veces, pocas veces, se acepta como el de una feminazi únicamente liberada para ladrar y confirmar los estigmas. O en muy pocos espacios se invita a mujeres, varones y trans que se salgan de la norma. La televisión deja afuera la revolución de las mujeres, las trans, las tortas, los putos y la diversidad sexual. Y a la vez el mundo feminista y LGTTB lima sus pezuñas cuando los discursos no son impolutos o aceptan canales masivos, conservadores o criticables para difundir letra o música. 

La Argentina tiene uno de los movimientos feministas más populares y organizados del mundo. Y su llegada -aun con redes y nuevas tecnologías- no puede despreciar la masividad que necesita de espaldas y que ya tiene ganada la calle ni quedarse en un limbo de elite. La historia de la pulseada del matrimonio igualitario y de la ley de identidad de género -con protagonistas como Cris Miró, Mariela Muñoz, Fernando Peña, Pepito Cibrián, Marilina Ross o Florencia Trinidad- también se empujó desde la pantalla. El público aceptaba -en el minuto a minuto del rating- la diversidad sexual en su mesa sin que fuese tan complicado el repulsivo: ¿”Cómo se lo explico a mis hijos”? que intentó retornar esta semana, ante los murales de la estación de subte Carlos Jáuregui, de Santa Fe y Pueyrredón.   

A Mirtha la respuesta de Paz le quedó picando. La única periodista que increpó, por ejemplo, al Presidente de la Nación Mauricio Macri (aún confesándose macrista) con que no escucha a la gente nació hace noventa años y tiene una historia de ocultamiento de la diversidad sexual. Y le retrucó: 

–La felicito a Paz por haber confesado su homosexualidad que después ha cambiado... ¿Cómo se produjo el cambio?- indagó sobre una idea de desorientación redimida. 

- No sé si es homosexualidad, a veces son más etiquetas de una libertad. Prefiero descategorizar porque tampoco sostengo el amor y el deseo como de una vez y para siempre, a mí me parece que el deseo es nómade, es flexible y tenemos que acompañar eso porque si no seguimos muy estructurados. Es momento de dejar ir- esbozó Miss Bolivia, que después confesó que le gustaría haber dicho más, pero que -al menos- no es poco lo que dijo.

Mirtha no resiste archivo. Le preguntó al diseñador Roberto Piazza, ante la pelea para aprobar el matrimonio igualitario, si no había más riesgos de abusos sexuales (cuando él fue abusado por su tío) en parejas de dos padres gay, exacerbando prejuicios y estigmas sobre nuevas familias. Pero también sobre las familias antiguas. La identidad y el vínculo de su hijo (ya fallecido) eran público para los vecinos de Palermo a quienes atendía junto a su pareja en una veterinaria, pero siempre fue enclaustrado como un fantasma que no se hace público. Mirtha, sin embargo, después de la interpelación de Paz, reconoció: “En el pensamiento de la gente ha habido una evolución. Debo confesar: yo misma he cambiado, estoy más abierta, tengo una apertura mental que antes no tenía. Poco a poco se va produciendo y mi marido me ayudó mucho. Cuando me casé me hablaban de una mujer que había quedado embarazada sin casarse y me parecía un horror y Daniel me decía ‘pero Chiquita no hay que ser así, eso no es la vida’ y me fue cambiando de a poco. Con los años se produce una apertura mental, ahora acepto todo, el cambio es mundial”. 

Si se piden cambios, forzar los cambios -y hacerlos masivos- no es poco.