Cálice Biotech es una plataforma tecnológica creada por Esteban Hernando y Ramiro Olivera, dos biotecnólogos egresados de la Universidad de San Martín (UNSAM), a los que se unió Alejandro Germe, economista de la Universidad de Buenos Aires y especialista en estrategia financiera. La empresa combina ciencia de datos, bioinformática y herramientas de edición génica, para generar plantas de cannabis más productivas y resistentes.

En febrero de 2022, dos años después de su fundación, Cálice obtuvo la habilitación del Ministerio de Salud para funcionar en las instalaciones de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la UNSAM. El plan de negocios consiste en ofrecer a otras compañías nuevas variedades de cannabis para el área medicinal, y por otro lado aportar a la mejora genética de la planta con fines industriales y horticultura, en un mercado global que está en pleno crecimiento y tiene un volumen proyectado de 42.700 millones de dólares para 2024.

“Lo que hacemos es una plataforma de lo que se conoce como Nuevas Técnicas de Breeding, el proceso de mejoramiento vegetal”, dice Esteban Hernando, doctor en Biotecnología vegetal y socio fundador de la empresa y expositor en la Cumbre Internacional de Cannabis y Cáñamo de Mar del Plata.

—¿Cómo es ese proceso?

—Es un compendio de técnicas que engloban la selección de genéticas y genes blancos para editar con herramientas informáticas y machine learning. Una vez que definimos, de acuerdo a las características que queremos lograr en una planta, estudiamos la expresión de los genes, cuáles funcionan y también cómo impacta sobre el metabolismo, y ahí decidimos cuál es nuestro gen blanco a editar. Una vez que eso está definido hacemos herramientas de biología molecular. Uno de nuestros fuertes es que tenemos tecnología propia de CRISPR-Cas9, que es la tecnología de edición génica que ganó el Nobel hace poco. Lo usamos para generar estos eventos de edición.

—En el campo de la biotecnología, ¿Qué es editar?

—Editar es hacer modificaciones muy sencillas sin dejar ninguna huella en el ADN. No es un transgénico, las modificaciones son pequeñas. Suele llamársele Evolución Acelerada. Generamos estos eventos y, una vez que los tenemos, los caracterizamos y sumamos más información a nuestra base de datos, para mejorar la selección de blancos.

—¿Cuál es la relación con la UNSAM y que espacios comparten?

—Como exalumnos estamos incubados en la universidad y nos han cedido un espacio de más de 60 m2 de laboratorio, que ahora pudimos equipar. También incorporamos personal con parte de inversión neutra, de la gente que nos financia y gracias a algunos subsidios del Ministerio de Producción, eso nos permitió completar la infraestructura necesaria para nuestra actividad, que es darle valor agregado al cannabis y con proyección a otras especies. Somos una startup que aplica estas nuevas técnicas de mejoramiento vegetal en tiempos más acelerados. Si uno compara el desarrollo convencional, que tarda entre 8 y 12 años, con las Nuevas Técnicas de Breeding, que en cuatro años tenés una variedad lista para campo, hay diferencia.

—¿El mejoramiento aplica tanto en cultivos de interior como en los de exterior?

—Si, no hay distinción en ese aspecto.

—¿Qué riesgos existen de se utilicen agrotóxicos como en otros cultivos?

—Los procesos de mejoramiento que estamos encarando apuntan a tener plantas que rindan más y a la vez sean amigables con el ambiente, cuando una planta tiene mejor fitness (es una medida del bienestar de la planta) resiste mejor las enfermedades. En otras palabras, las plantas más felices son más tolerantes. Esto permite no tener que usar pesticidas, actualmente en Argentina se usa poco o nada de agroquímicos para el cannabis. Dependiendo del volumen de producción esto seguirá o no así. También depende mucho la finalidad, si es para fibra o si es medicinal: desde ya, para cannabis medicinal esta terminantemente prohibido usar agroquímicos, por eso se produce indoor, donde es más fácil evitar enfermedades.