Si hay algo que le han retaceado al peronismo es su posibilidad de pensarse desde un orden filosófico, intelectual. Se lo ha quitado cierta lectura de la historia, claro está, en un ejercicio de presentar un movimiento que parece, ante todo, un movimiento esencialmente pragmático que actúa según sus ocasionales conveniencias. La oposición “alpargatas vs. libros” parece haberse comido la genealogía de una enorme cantidad de plumas que se dedicaron a ver las implicancias y contradicciones del movimiento para entender no sólo su surgimiento, sino, sobre todo, su futuro. De Arturo Jauretche hasta Horacio González y José Pablo Feinmann, de Carlos Astrada y Leopoldo Marechal a Osvaldo y Leónidas Lamborghini, la cuña literaria y filosófica siempre ha estado en el corazón del movimiento en la medida en que tiene sus basamentos y posicionamientos en disciplinas que incumben a la sociología, a la crítica literaria y a la teoría política. Claro, desde una filosofía de la praxis que, siguiendo la lectura de Marx, está más preocupada por cambiar el mundo que por interpretarlo. Esa es una de las muchas razones por las cuales es necesario recuperar la enorme producción escrita de Alicia Eguren (1925-1977), poeta, filósofa, socióloga, crítica literaria y militante, compañera de John William Cooke y también responsable del conocimiento de la obra del líder de la Resistencia Peronista, que pensó la escritura como una herramienta de intervención, una que funcionaba como camino de la acción política concreta. De ahí la enorme cantidad de material que constituye el fondo de archivo Cooke-Eguren, radicado en la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”, de acceso abierto a investigadores interesados en repasar una gran cantidad de papeles que contienen artículos, cartas, documentos de la más diversa índole, los cuales permiten reconstruir una época fundamental de nuestra historia reciente: la que va del golpe del 55 al golpe del 76, la que llamamos con ese elusivo significante de “los setenta”, pero cuya realización efectiva ya se podía ver en los 60 y cuyo germen estaba sin duda en el último lustro de los 50. A partir de un minucioso trabajo con ese archivo, tres jóvenes investigadores vinculados a la Biblioteca, Nicolás Del Zotto (sociólogo), Santiago Allende (historiador) y Emiliano Ruiz Díaz (licenciado en Letras) han armado la antología Escritos, un trabajo de enorme peso para “leer” el peronismo del período citado que, en los últimos años, parece haberse convertido, igual que a comienzos de la década del 2010, en materia de análisis y cuestionamiento. Y escándalo, y oposición, claro, porque la reflexión política es la arena en donde, más literal que metafóricamente, se enfrentan ideas.

Alicia Eguren nació en el marco de una familia de clase media. El surgimiento del peronismo histórico transformó su temprana relación con el nacionalismo de la década del 30 (y su impronta católica) en una lectura de época cargada de las posibilidades de emancipación de las clases bajas a partir de una fuerte identificación con lo latinoamericano y en oposición a un poder reconocido bajo la lógica del imperialismo. Egresada de la Facultad de Filosofía en 1946, en poco tiempo pasó a dar clases en materias como Sociología en diversos espacios universitarios hasta convertirse en parte del cuerpo diplomático argentino en Londres, Inglaterra, en 1947. El 9 de febrero de 1948, se casaría en ese país con su primer esposo, Pedro Catella, cónsul en la embajada argentina. Con él tendría su único hijo, el cual nacería en noviembre de ese mismo año, ya de vuelta en el país. Eguren volvió sola y embarazada, separada de Catella y ya encarando un perfil dedicado a la escritura de poemas y a la promulgación del pensamiento nacionalista con proyección latinoamericana. De ahí que, al año siguiente, en 1949, fundara y co-dirigiera la revista Sexto Continente (publicada hasta diciembre de 1950), la cual sería el espacio de expresión de las ideas nacionalistas de la época, repartidas en tendencias que podríamos reconocer tanto en la izquierda como en la derecha del espectro político. Coincide esta revista con la publicación de sus poemas: en un período de cuatro años aparecen los libros El canto de la tierra inicial (1949), Dios y el mundo (1950), El talud descuajado (1951) y Aquí, entre magras espigas (1952), además de una obra de teatro cuyos originales no se han encontrado hasta la fecha, La pregunta (1949).

La llegada de la Revolución Libertadora, en 1955, marca el nacimiento de la Resistencia Peronista, la cual tuvo como líder a John W. Cooke, alguien ya conocido por Eguren, quien lo había encontrado como un deslumbrante expositor en 1946, en un encuentro realizado en el Centro Universitario Argentino. Ese mutuo conocimiento la llevaría a ponerse a disposición de Cooke frente a “la Fusiladora”: Alicia lo consideraba articulador natural entre el presidente depuesto y la masa popular, ponerse en contacto con él implicó aceptar una nueva condición, la de clandestina. Y luego presa, una vez capturada y llevada primero al Correccional de Mujeres (la “Cárcel del Buen Pastor”, en San Telmo) y más tarde al Penal de Olmos. Es en la cárcel, y a través de una vasta correspondencia, que se cimentaría el amor entre Cooke y Eguren, ambos privados de la libertad entre 1955 y 1957.

DE LA RESISTENCIA AL ATAQUE

Escritos comienza con la correspondencia entre Cooke y Eguren, una increíble muestra de intimidad y elusivas referencias políticas (las cuales iban lo suficientemente escondidas para que no fueran detectadas por los servicios de inteligencia). Y, sumado a eso, también, un desgarrador testimonio de los duros días de cárcel, en donde estas cartas de los amantes furtivos funcionaban como un bálsamo, un “talismán”, como ellos mismos las llaman, que acompañan entre torturas y encierro. El interés es tan cotidiano que abruma: “Conejo”, tal el sobrenombre de Eguren, le indica a “Oso” (Cooke) qué comer, cómo cuidarse, qué ejercicios hacer para estar un poco más en forma, hasta cuántos cigarrillos fumar, todo en pos de cuidar a su amado y preservar su estado físico. Pero también exhibe un léxico erótico y pasional que certifica un amor que nació clandestino y que marcaría a fuego la vida de ambos más allá de la muerte de Cooke, en 1968.

Apenas fugado Cooke de Río Gallegos y liberada Eguren, vuelven a encontrarse en 1957 en Chile. Ambos viajarían, en 1960, a Cuba, entusiasmados por la experiencia de la Revolución Cubana. Participarían como milicianos en la defensa de Playa Girón y se formarían en las teorías revolucionarias de cuño caribeño: ese nacionalismo de mitad del 40 se convertía ahora en las bases del peronismo revolucionario. Entre 1963 y 1964, regresan al país para comenzar la organización de las primeras experiencias guerrilleras, como la Acción Revolucionaria Peronista, la cual ya tenía como antecedente la experiencia de Uturuncos, primera guerrilla formada a finales de los 50.

Fallecido Cooke, lo que podemos encontrar en la correspondencia es una búsqueda activa de intervención dentro del destino del peronismo por parte de Eguren, sobre todo, desde el Cordobazo y hasta el regreso del General. En las cartas, Alicia busca constantemente la definición de Perón dentro del camino marcado por Cuba y los modelos de insurrección de la clase trabajadora, lo cual la lleva a proponer en una carta del 4 de septiembre de 1972 al líder la fórmula “Perón-Tosco”. Una de las muchas cartas nunca contestadas. Esas tensiones dentro del propio movimiento revelaba fuerzas retardatarias o conservadoras que se oponían a la posibilidad de organizar un peronismo revolucionario que forjara una auténtica unión con el camino que algunos movimientos de izquierda ya encarnaban: de ahí la correspondencia con el propio Agustín Tosco o la idea de que, en el fondo, las bases de la izquierda y el peronismo eran, en acto y en teoría, poderosamente similares. Con la llegada del golpe del 76, Eguren volvió a la clandestinidad bajo el nombre de “Mercedes”, pero en enero de 1977 es secuestrada y llevada a la ESMA, engrosando luego la lista de desaparecidos.

Junto con la salida el año pasado de Alicia en el país, la biografía intelectual que llevó adelante el historiador Miguel Mazzeo, Escritos sigue en camino de poner en evidencia la vida y, sobre todo, la obra de una intelectual que muestra las complejidades y matices del peronismo revolucionario. Además de la correspondencia, la larga recopilación de artículos de Eguren la muestran pensando una veta auténticamente nacional y popular que emerja de los espacios de producción de saber, como las universidades, apuntando a la capacidad transformadora del conocimiento. Por ejemplo, “Materialismo e idealidad en el campo de la sociología” (comunicación llevada adelante en el Primer Congreso Nacional de Filosofía de 1949) o “Filosofía social y sociología” (publicación en la Revista de la Facultad de Ciencia Económicas de la Universidad del Litoral, 1949-1950) son trabajos que apuntan a revelar el verdadero interés de la sociología en pos de lograr un contacto con la realidad que implique la realización del sujeto en su lugar y tiempo, alejándose de los modelos cuantitativos que luego impactarían en la fundación de la carrera de Sociología en la UBA, a finales de los 50. Eguren, sin haber adoptado el camino revolucionario, ya mostraba una reflexión intelectual que trataba de evitar la lógica de fetichización y cuantificación del saber: el conocimiento tenía que tener un horizonte transformador, una línea de reflexión y una epistemología original, diferente tanto a la de las ciencias físicas como de las Humanidades.

 

Estos Escritos de Alicia Eguren terminan por convertirse en una vía para poder repensar el peronismo, sobre todo, en un año de tanto peso como el 2023, año electoral, sí, pero también plagado de aniversarios significativos. La lectura de este libro se convierte menos en un ejercicio de memoria que en un trabajo de proyección sobre el presente: el revisionismo como práctica crítica no es meramente hermenéutico, sino también es una demanda que nace del presente. Ese presente que Alicia Eguren buscó todo el tiempo, en cartas, artículos, propuestas, gestión política, militancia, poemas: un presente luminoso para las clases más necesitadas, libres por fin del yugo opresor, más temprano que tarde.