Hay al menos un punto en común entre Lula da Silva (foto) y su antecesor, el desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro: la preocupación por el medioambiente y los cambios climáticos.

Son, sin embargo, preocupaciones opuestas. Mientras Bolsonaro trató de destrozar la naturaleza, en especial en la región amazónica, incentivando invasiones, minería ilegal y quemadas devastadoras, Lula tiene la preservación como uno de los ejes centrales de su gobierno.

En los seis primeros meses de su mandato el actual presidente vio cómo se registró una reducción drástica – 33,6% – de la devastación en la región más destrozada bajo Bolsonaro y su pandilla. Y la previsión es que en agosto se reduzca aún más.

Prioridad

En la reciente reunión entre América Latina y la Unión Europea, realizada en Bruselas, el presidente brasileño anunció esos números y dijo que la cuestión climática pasó a ser prioritaria para su gobierno.

Como para confirmar lo anunciado, el viernes 21 de julio se anunció que serán dispuestos alrededor de 400 millones de dólares para dar combate al crimen en la región amazónica, “especialmente crímenes ambientales y conexos”. Los detalles serán conocidos esta semana, según la previsión del ministerio de Justicia.

Lula reitera de manera incesante esa preocupación. Dos de sus principales ministerios, el de Hacienda y el de Industria, comandados respectivamente por Fernando Haddad y el vicepresidente Geraldo Alckmin, elaboran una agenda que será divulgada a corto plazo para establecer el control de las forestas, la protección de los pueblos originarios y la transición ecológica, con esfuerzos en la creación de fuentes de energía “limpias”.

Cumbres

Ahora en agosto se realizará en Belém, capital del amazónico estado de Pará, la reunión de los ocho países que integran la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

Hay un dato curioso y alarmante a la vez: creada hace 45 años, esa Organización jamás se reunió. La propuesta brasileña es que sus integrantes dejen de pensar en la amazonia como una cuestión aislada de cada país, y pasen e pensarla como una región, con medidas más amplias.

Gracias a la Guiana Francesa, el presidente Emmanuel Macron será invitado.

En la misma ciudad se realizará en 2025 la Conferencia Global del Clima. Y la propuesta de Lula es que los extranjeros vengan “a discutir la Amazonia dentro de ella”. Su gobierno dice estar convencido de que cuando los países de la región amazónica utilizaren su potencial aeólico y solar, se transformarán en una potencia mundial “de hidrógeno verde”.

El proyecto de Lula para Brasil está centrado en establecer bases para la retomada de la industria “en nuevas bases, más limpia y con baja emisión de carbono”.

Para la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, que se tornó una figura ícono, lo importante es Brasil crear bases para transformarse en un exportador de sustentabilidad.

El año que viene Brasil presidirá tanto el BRICS, grupo que lo reúne con Rusia, China y África del Sur, como el G-20, compuesto por los países más ricos del mundo.

Juntos, esos veinte son responsables por 86% de todas las emisiones del planeta. Hay tensa expectativa sobre cómo se dará el próximo encuentro de lo socios.

De todas formas, lo que se destaca actualmente es la clara determinación de Lula para que todo lo que se vivió bajo los cuatro años del desequilibrado Bolsonaro quede como memoria y lección, muy dura lección, de algo que jamás podrá repetirse.