Bolalaika, sub suple mundialista (#9)
Vodka Juniors
A menos de diez meses para el próximo Mundial, repasamos junto a Julián Desbats el anclaje del país organizador en la cultura pop y en el rock argento.
Imagen: Cecilia Salas

Selección: Rusia

Apodo: Los Osos Tricolores (¡posta!)

Cómo llega a Rusia 2018: sin moverse de donde está, como país organizador y sin sufrir en Eliminatorias (los rumores de sobornos para que la FIFA la eligiera sede mundialista ya quedaron olvidados).

Padrinos indie: Los Rusos Hijos de Puta

Se viene el rusismo: el Mundial de fútbol de Rusia 2018 está en el horizonte y será inevitable que, en cualquier momento, pantallas y páginas se llenen de enviados especiales a Moscú, fotos de las remolachiformes cúpulas del Kremlin, informes sobre rusiosidad al palo, ofertas de mamushkas y matrioskas en bazares, fetichismo pos-soviético, sponsors de vodka y acaso todo el color pseudo-saraso-geográfico típico de cada boom mundialista.

Para la cultura rock, que nació con la Guerra Fría y la sobrevivió, Rusia lleva décadas como un mundo misterioso y lejano, desde que los Beatles marcaron la cancha con Back in the USSR, los Ramones contaron los pasos con Rocket to Russia  y Sigue Sigue Sputnik honró el bando loser de la carrera espacial. En el rock argentino, el ascenso de Los Rusos Hijos de Puta supone una reválida del “mito ruso” que ya dio nombre a bandas como Cardo Ruso, La Rusa, Gansos Rusos, los quilmeños RusiA, Cine Ruso, y al hit ricotero Queso ruso.

A propósito de Los Redondos, ¿será Rusia, para Los Rusos Hijos de Puta, una suerte de “Patricio Rey”, alguna clase de meca simbólica, de fábula migrante, de mito orientador? Responde Julián Desbats: “Nuestro nombre no fue inspirado en nada de la cultura rusa, es un juego interno de la banda”, amaga con replegarse el guitarrista mientras habla con el NO, pero sorprende y pica al vacío: “Se viene el Mundial y me gusta muchísimo la historia rusa, la veo tan lejana... Todos los revuelcos-revueltas, esas luchas, esos dirigentes bestiales, la literatura, el invierno crudo, el comunismo escupiendo la cara del zar, la caída de los nazis en la nieve rusa. También me dan miedo por ser tan reaccionarios: me han dicho que hay mucha homofobia y detesto cualquier discriminación”.

Como en una fábula opresiva de Zamiatin, el gurú de la ciencia ficción rusa, en el último bimestre el fútbol ruso se metió en la agenda deportiva argenta de la manera más inequívoca: poniendo guita. El club Zenit, de San Petersburgo, que alguna vez enroló en su plantel a empleados metalúrgicos por orden de Stalin y que vio morir a algunos de sus jugadores durante el sitio de Leningrado en la Segunda Guerra, apareció este año, puso lo que hay que poner (euros) y arrasó con los brotes verdes riverplatenses: se quedó con Mammana, Driussi y Kranevitter, además de tener al exBoca Leandro Paredes y de coquetear –millón va, millón viene– con el xeneize Pavón y el crack cordobés Rigoni.

¿Y del seleccionado ruso? No mucho: todos sus integrantes juegan en clubes rusos (rasgo casi vintage), supo ser un cuco cuando jugaba como URSS pero mancó fuerte desde que quedó como Selección de Rusia. Y tiene por delante un amistoso (9/11) contra Argentina. “Ojo con la leyenda de Lev Yashin, el arquero-araña, supuestamente el mejor de la Historia”, aporta Desbats mientras prepara el disco nuevo de Los Rusos Hijos de Puta y su segundo solista (sucesores de La rabia que sentimos es el amor que nos quitan y de Tarado, respectivamente), y sigue apadrinando el inminente furor por la sede mundialista: “Vi mucho cine ruso, el lento Tarkovski, por citar uno; leí a Dostoyevski, pienso en nieve, en Lenin embalsamado, en chicas altas con rostros-Picasso, peleas callejeras, borracheras siderales, edificios gigantes y bosques donde ronda Chikatilo, el asesino serial más famoso de la Unión Soviética. Ah, y tengo un pin que suelo usar bastante que me trajo un amigo desde Rusia”.