Se cuelga la foto del rabino Bergman disfrazado de vegetal para sobredocumentar, apenas, una percepción muy previa: es un personaje más de una posible colección de muñequitos Jack junto al perro Balcarce, la ministra Bullrich camuflada, el Hada buena Mariú, La Naranja Mesiánica, el Mago sin Dientes, Leuco & Leuquito. Hacé algo, a ver cómo contribuís a esta comedia, le habrán dicho, y ahí se calzó el traje, agarró una bolsa y posó para la cámara y la causa. Talló algún guionista, seguro. No se descarta que el hombre arbusto abra otras reflexiones sobre las sofisticadas tácticas y estrategias de la “nueva derecha”. Mientras escribo esto, en este punto exacto, Carlos Ríos comenta, ante la foto: “Un distractor eficaz”. ¿A quiénes distrae, para qué, de qué quiere distraernos? Uno podría agarrar para el lado de la infantilización del macrismo, los globos y esa milonga, citar La era de la boludez de Divididos, hacer una digresión sobre el derecho y lo saludable de boludear y entretenerse, comprender, criticar, hacer chistes, recordar las andanzas de Menem, tan admirado en los ‘90 por Macri. Durán Barba dixit, niño, le hemos sacado el envoltorio al Jack y mira, ¡El Ministro Ligustrina! Cómete el chocolatito: es que está muy preocupado por el medio ambiente. Ya vendrán otras sorpresas, verás las tribunas mientras festejan los goles, tendrás dificultades para comprar leche y remedios, aprenderás de los ciclos que con alguna variante se repiten, promesas nuevas, deudas y saqueos legales nuevos, persecuciones ideológicas y represiones nuevas, nuevas maniobras en los medios, en la Justicia y en el Estado Nacional para disimular un nuevo desaparecido, la nueva gendarmería pertrechada y la mano dura, el retorno del por algo habrá sido y la ausencia del compañero, el hermano, el hijo, la ausencia que se llama Santiago Maldonado.